(...) —¡Ah, pero eso no es todo! A los cuatro años tuve mi primer mascota, era un conejo, claro que no se compara a un perro, pero lo llevaba a todos lados… eso sí, Mimo era muy tranquilo, él no mordía a las niñas que me molestaban. Lastimosamente murió hace unos años, estaba muy anciano y ya no soportó el peso de la vida… porque la vida pesa, señor Smith, si bien es hermoso sentirla, es un poco difícil, usted tiene suerte de dormir, a mí su hijo no me deja. — Amor… —Pero no el rubio guapo de ojos grises, sino el castaño de ojos vergrisulados, labios apetitosos, cuerpo de infarto, carácter de toro enfurecido y corazón de pollo… —Cora… ¿Qué? —Se hace el insensible con el mundo entero, quiere mandar a todo el que tenga pies, manos y se haga llamar humano. —casi podía escucharlo dec

