DANNA Las reuniones familiares casi siempre eran bulliciosas y alegres, casi todos los años reinaba la alegría y se sentía un ambiente ameno y pacifico. Sin embargo, este año sería diferente. Las miradas de las personas estaban puestas sobre mí. Y no, no era mi imaginación o mi paranoia, es que de verdad hasta habían guardado silencio cuando entré al comedor del brazo de mi hermano, Jonathan. —Si quieres podemos irnos a la azotea y poner una película romántica de antaño como lo hacíamos antes, y burlarnos de los diálogos cursis de los personajes mientras comemos pizza de piña y carne. —sugirió John, tomándome de la mano. Presioné su mano y negué. Debía ser fuerte, debía soportar el veneno esparcido en el aire, por mi familia, por mi bebé y por la poca dignidad que aún defendía. Aunq

