(...) Nada de comida en el piso, no dejarlos salir a la calle, ponerles música para dormir, limpiar su caja de arena y por nada del mundo, dejarlos comer comida casera. Esas eran algunas de las reglas que la señora Bonelli nos había dejado para que cuidáramos de sus gatos, nos había dejado el control total de la casa y lo único que teníamos que hacer, era cumplir con los cuidados de los michis y todo estaría bien. Al volver, ella invertiría su patrimonio en el Golden Bank y todo el mundo ganaría. Podíamos con eso. Durante la mañana limpiamos la caja de arena, les dimos de comer y los dejamos jugando en su habitación. Para ser solo gatos, eran muy tranquilos. Andrew preparó espaguetis con queso parmesano para nosotros al mediodía, vimos una película romántica o más vale decir qu

