rodearse de las putas que el dinero de sus padres pagaba, por lo tanto pensó que ella tendría que rendirse a sus pies. Ante él, hijo de un rico hacendado, y no ante un humilde chofer de ambulancia. Ella simplemente le dio la espalda. Luego de ello, Paula y Horacito se marcharon sin haberle prestado atención al gatillo alegre aquel. En virtud deloque el tipejo había considerado un desplante, el mismo había pensado desquitarse, aquella apacible noche de luna llena. Se acercó,pero todos ignoraron su presencia, lo que incrementó aún más su despreciable y ridícula iracundia. Sus compañeros de farra lo aupaban desde el vehículo, conminándolo a hacerse respetar. Consideraban un exasperante irrespeto, el hecho de que nadie se asustara con su presencia. Los presentes continuaban en lo suyo.La des

