Sofía Sanz. Las manos me tiemblan, el nudo en la garganta lo tengo presente. Esto es un caos, un gran caos. La camioneta está destrozada, el coche de las otras personas está igual. Izan no hace nada, solo se mantiene en la camioneta con las manos alrededor del volante, los ojos puestos en el accidente y con lágrimas. Aun no lo cree y es que yo tampoco. Hay gritos de dolor, que piden ayuda, que los salven, pero ninguna es de Alexander, parece como si él solo hubiera desaparecido. Bajo de la camioneta y corro hacia donde está la camioneta del amor de toda mi vida. — ¡Alexander! — mi voz sale con dolor, con angustia, pues siento que lo voy a perder. Me pongo de cuclillas y después coloco mis manos en el pavimento. Esta de cabeza, la sangre corre por su sien, tiene varios rasguños en la c

