Adrik sonríe maldicioso. Y sí bien Por supuesto había querido intentar hacer las cosas de una manera mucho más pacífica se daba cuenta de que claramente ante la chulería del morocho no iba a poder contener su sarcasmo tan característico y menos que menos las ganas que tenía de volver a romper su quijada. Todo su ego y su hombría, por sobre todas las cosas, le pedían desde lo más profundo de su interior por favor que fuera un completo imbécil y que fuera lo más bestia posible para poder dejarle prácticamente en claro que no iba a permitir de ninguna manera que lo estuviera acosando de aquel modo, y menos que menos que se estuviera entrometiendo en sus asuntos personales, fingiendo que podía hacer lo que quisiera. Cuando estaba más que claro que él estaba de visitante en este lugar y que

