Mantener Apariencias

914 Palabras
Los días posteriores a nuestra conversación fueron tensos pero productivos. Alejandro y yo logramos mantener las apariencias y, poco a poco, nuestra relación se volvió menos incómoda. A pesar de todo, una sombra de desconfianza seguía flotando sobre nosotros. Javier había intentado llamarme varias veces, pero no contesté. Decidí creerle a Alejandro, aunque mi instinto me decía que no debía ignorar completamente las advertencias de Javier. Una mañana, mientras desayunábamos, Alejandro dejó su taza de café y me miró fijamente. -Elena, necesito que me acompañes a una gala benéfica esta noche -dijo, su tono autoritario pero suave. -Claro, estaré lista -respondí, tratando de ocultar mi entusiasmo. La idea de asistir a una gala era emocionante; necesitaba un cambio de ambiente. Después del desayuno, me dirigí a las boutiques más exclusivas de la ciudad. Quería encontrar el vestido perfecto. Después de horas de búsqueda, finalmente lo encontré: un vestido de satén rojo, ajustado en la cintura y con una falda que caía suavemente hasta el suelo. La parte superior estaba adornada con encaje delicado y brillantes incrustaciones que reflejaban la luz de una manera hipnotizante. Me miré en el espejo, admirando cómo el vestido realzaba mis curvas y acentuaba mis ojos. Esa noche, me arreglé con esmero. Mi cabello caía en suaves ondas sobre mis hombros y opté por un maquillaje elegante pero sencillo, con labios rojos a juego con el vestido. Me puse unos tacones altos y recogí un pequeño bolso de mano de terciopelo n***o. Alejandro me esperaba en el vestíbulo, vestido con un esmoquin impecable. Cuando me vio, su mirada de aprobación fue inconfundible. No sabía cómo descifrar lo que estaba sintiendo, pero me devoraba con la mirada, y eso me causó una sensación en el estómago. Mi corazón estaba desbocado. -Estás deslumbrante -dijo, extendiendo su brazo para que lo tomara. -Tú también luces increíble. Vamos, no quiero llegar tarde -respondí, sonriendo y tomando su brazo. En el camino a la gala, Alejandro estaba distante y pensativo. Intenté iniciar una conversación, pero sus respuestas fueron cortas y distraídas. Me pregunté qué estaba pasando por su mente y si tenía algo que ver con lo que había ocurrido en los días anteriores. Llegamos a la gala en una limusina. Las luces, las cámaras y la alfombra roja eran como un mundo sacado de una película. Entramos al gran salón y el ambiente era vibrante. La música, la gente riendo y charlando, y el brillo de los candelabros creaban una atmósfera mágica. Alejandro y yo nos movimos entre los invitados, charlando y sonriendo para las cámaras. Sentía que, por una noche, todo era perfecto. Durante la cena, Alejandro fue llamado a dar un discurso. Me quedé en nuestra mesa, observándolo con orgullo mientras hablaba con elocuencia sobre la causa benéfica de la noche. -Buenas noches a todos, y gracias por estar aquí. Esta gala benéfica es una oportunidad para marcar una diferencia real en la vida de aquellos que más lo necesitan. Nuestro objetivo es recaudar fondos para proporcionar educación y recursos a comunidades desfavorecidas. Juntos, podemos construir un futuro mejor para todos. Agradezco su generosidad y su apoyo continuo a esta causa noble -dijo Alejandro, su voz resonando con sinceridad y convicción. Después del discurso, Alejandro se disculpó y se alejó para hablar con algunos colegas. Yo me quedé conversando con algunos de los invitados, disfrutando de la velada. Todo parecía ir de maravillas. Sin embargo, mientras me dirigía hacia los baños, algo captó mi atención en el jardín exterior. A través de las puertas de cristal, vi a Alejandro, abrazado a una mujer. Su cabello oscuro caía en cascada sobre sus hombros y su vestido n***o se ajustaba perfectamente a su figura. Antes de que pudiera reaccionar, vi cómo la mujer se inclinaba y lo besaba. Sentí una punzada en el pecho, como si el aire hubiera sido expulsado de mis pulmones. Mi mente se nubló y mi visión se volvió borrosa. No podía creer lo que estaba viendo. ¿Cómo podía hacerme esto después de todo lo que habíamos pasado? Me giré y me dirigí hacia la salida. Necesitaba aire. Mi corazón latía con fuerza y mis manos temblaban. Afuera, el aire fresco me golpeó el rostro y respiré profundamente, tratando de calmarme. No sabía qué hacer. Sentía una mezcla de ira, tristeza y confusión. -Elena, ¿estás bien? -La voz de Javier me sacó de mis pensamientos. No lo había visto en toda la noche, y ahora estaba aquí, preocupado por mí. -Javier, sáqueme de aquí, por favor -le dije, tratando de mantener la compostura. -Claro, Elena. ¿Adónde quieres ir? -preguntó, con un tono de voz suave. -Llévame a mi floristería. Es el único lugar donde puedo estar en paz -respondí, con la voz quebrada. Nos dirigimos hacia su coche y, mientras nos alejábamos de la gala, sentí que mi mundo se desmoronaba una vez más. ¿Cómo podía confiar en Alejandro después de esto? ¿Qué significaba todo esto para nuestro acuerdo y para mi vida? Llegamos a la floristería y Javier se despidió, asegurándome que estaría ahí para lo que necesitara. Entré en la tienda, rodeada por el familiar aroma de flores frescas. Era un refugio en medio del caos. Me senté en una silla, abrazando mis rodillas, tratando de encontrar consuelo en el único lugar que siempre me había dado paz. ¿Podría enfrentar a Alejandro después de lo que había visto? ¿Podría seguir con este acuerdo sabiendo que me había traicionado de esa manera?
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