Lucía lo observa y su corazón se comprimía, en algún momento pensó que era el amor de su vida, ahora dudaba de que aquel hombre fuera algo más que su propio mercenario.
—Señor, suélteme —dio un paso atrás—. No importa lo que diga, esta es mi decisión.
Julián sintió la desesperación apoderarse de él, como su cuerpo parecía entrar en pánico mientras observaba a la mujer frente a él.
Necesitaba darle motivos.
—He decidido que usted será la coordinadora logística de la Gala "Blackwood & Santoro" —soltó Julián, sin soltarla.
Sus manos, ahora transmitían un calor posesivo que Lucía no sabía cómo clasificar.
—Es un ascenso, 402. Dejará el uniforme gris. A partir de ahora, responderá directamente ante mí. Es mi asistente personal.
Mientras las palabras salían, Julián aplaudía en su cabeza, era lo mejor que podía hacer. Las personas se manejaban por dinero, ella lo necesitaba.
La tenía. Sabía que no era una simple limpiadora.
Lucía dejó de forcejear, paralizada por la magnitud del error que Julián estaba cometiendo. O del peligro en el que la estaba hundiendo.
—¿Coordinadora? —su voz salió en un hilo—. Señor, yo soy personal de limpieza. No sé nada de eventos, ni de catering, ni de...
—No me mienta más —la interrumpió él, bajando el tono hasta que su aliento rozó su oreja—. Una mujer que detecta un error de diez millones en una cláusula no "limpia" por falta de capacidad. Lo hace por castigo o por escondite. Mañana, frente a los inversores y la prensa, necesito a esa mujer.
—¿Qué?
—El bono son cien mil dólares.
Lucía cerró los ojos. La oferta era un salvoconducto y una horca al mismo tiempo. El bono por coordinar la gala cubriría el tratamiento de Leo por un año entero; la clínica no suspendería la inmunoglobulina.
Pero el precio era exponerse a la luz pública y a que Elena arruinara su vida.
—Su prometida no lo permitirá —susurró Lucía—. Ella es la presidenta del comité de la gala.
—Elena aceptará mis órdenes, es mi empresa —sentenció Julián, soltándola finalmente para regresar a su escritorio—. Usted se encargará de que cada detalle sea perfecto. Supervisará a los proveedores, los tiempos de los discursos y la seguridad. Si la gala es un éxito, el depósito se le entregara antes de que termine la noche a su cuenta.
Lucía tragó saliva. El nudo en su garganta era tan espeso que casi le impedía respirar. Miró la foto de Leo sobre la mesa y luego a Julián.
Él la observaba con una intensidad que daba miedo; parecía tener las respuestas a todo o saber perfectamente que podía comprarla con ello.
—Acepto —dijo ella, irguiendo la espalda—. Pero bajo mis condiciones. No quiero tener contacto con su prometida, hablaré solo con el personal y usted.
—Perfecto, pondré un chofer…
—Nadie me busca ni se acerca a mi casa.
Julián asintió, aunque una chispa de frustración cruzó su rostro.
—Mañana a las ocho de la mañana la quiero aquí. Habrá un equipo de estilistas y un presupuesto abierto para su vestimenta. No quiero que parezca una empleada, Sara. Traerán vestidos.
—Lo devolveré al finalizar la noche.
—No es necesario.
—Tampoco que me compre ropa —simplificó.
Julián sintió el enojo subiendo por su garganta, pero dejo que las cosas fluyeran, había ganado una batalla, el resto del día fue un descenso al centro de la tormenta.
Julián citó a Elena al despacho apenas una hora después. Lucía estaba en un rincón, revisando los planos de la mansión donde se celebraría el evento, cuando la puerta se abrió de golpe.
Elena entró con aire de superioridad, pero se detuvo en seco al ver a Lucía sentada a la mesa de juntas, con una tablet en la mano y una expresión de concentración total.
—¿Qué hace esta rata aquí, Julián? —preguntó Elena, su voz vibrando con una furia contenida.
Julián ni siquiera levantó la vista de su ordenador.
—Sara es la nueva coordinadora logística de la gala, Elena. He decidido que el personal externo no es de confianza después del error con los alemanes. Ella se encargará de todo.
Elena soltó una carcajada estridente, carente de humor. Caminó hacia la mesa y golpeó la superficie con sus palmas, justo frente a Lucía.
—¿Te has vuelto loco? ¿Vas a poner a una limpiadora a organizar el evento del año? ¿Quieres que seamos el hazmerreír de todo Manhattan?
—Sara tiene una capacidad increíble, estoy seguro de que tu misma te asombrarías —respondió con una frialdad—. Y te recuerdo que la gala lleva mi apellido. Es mi evento y mi decisión.
Elena giró la cabeza lentamente hacia Lucía. Sus ojos eran dos pozos de odio puro. Se inclinó hacia ella, lo suficiente para que solo Lucía pudiese escucharla.
—Te di una salida, Lucía —siseó—. Te advertí que te fueras. Ahora te la veras conmigo. Espero que disfrutes de tu "ascenso". Va a ser el más corto de tu vida.
Lucía la observó sin moverse. Si iba a caer, lo haría peleando.
—Solo hago mi trabajo, señora Santoro. Pero le comunicare a los de seguridad estén atentos a cualquier persona problemática.
—¿Pasa algo?
Julián que fingía trabajar estaba atento a toda la interacción de su prometida con Sara. La curiosidad lo golpeo de nuevo ¿Por qué tanto odio? Quizás estaba celosa por verlos cerca o tal vez era algo más.
—Nada.
Elena apretó los dientes de tal forma que Lucía temió que se le rompieran. Sin decir más, salió del despacho, el sonido de sus tacones resonando como disparos en el pasillo.