—Es Daniel.— respondió Eva. Mi corazón se contrajo, esperaba que no fuera él, pero por la cara que él Alacrán hizó al atender el teléfono sabía que lo era. Eva miró su reloj, tomó a Camila en brazos y la llevó a un rincón. Quise acercarme, pero ella negó con su cabeza. Mientras me hacía señas de que me agachara. ¿Qué me agache?. ¿Qué diablos sucedía?. — Daniel, ¿hijo donde estás?.— preguntó desesperado al teléfono. ¿Porqué llamaba? , ¿Que es lo que estaban planeado. — ¿Al otro lado de la puerta?.— preguntó en voz alta confundido. Y todos en la sala volteamos hacia aquella dirección, rogué internamente mientras la idea de que Juliana estuviera a su lado me aterraba. Los hombres del Alacrán apuntaron rápidamente hacia la puerta. — ¿Qué hacen? Bajen sus armas, es mi hijo.— dijo acercán

