Al sentir sus labios chocar contra mi piel repetidas veces, no pude evitar sentir un escalofríos recorriendo mi piel, mariposas en mi estómago y un extraño sentimiento. Él pronto lo notó, deteniéndose inmensamente y observándome en blanco, lo suficientemente cerca como para dejarme sentir su respiración mezclarse con la mía de manera agitada. —Tara... —susurró en un hilo de voz. Lo miré helada, era probablemente una de las primeras veces en la que estaba tan cerca, tanto como habia sido en el ascensor y tan repentino como para tenerme desprevenida. Sin darme cuenta, contenía el aire de en mis pulmones, teniendo mi pecho en alto y mis manos sudando de los nervios. —No. —negué muy rápido. Fuese lo que fuese que estuviese pensando, no lo dejaría, no así. Entonces, sin previo aviso

