CAPÍTULO 2: “Casa oculta”

2467 Palabras
AGNES Sigo avanzando por el bosque sin idea de a donde voy, envuelta en la oscuridad, hace un rato que el sol se ha ocultado, pasamos toda la tarde “interrogando” al hombre que para cuando yo salí de ahí ya el sol estaba dando sus últimos rayos de luz, ahora el brillo de la luna me permite ver un poco por donde poso mis pies. Los límites entre el territorio de mi comunidad “Guardianes Plateados” y la “propiedad de nadie” o territorio humano, están a cinco kilómetros del centro de la comunidad, llegamos rápido a cerco divisorio gracias a la velocidad constante que llevaba Connor, la cruza rápido para sentirse un poco más seguro y permitiéndole saber qué tan lejos estamos de nuestros rastreadores. Tengo que encontrar un lugar donde pasar la noche, esconderme y pensar en mi siguiente movimiento. ¿Pensarán que hui? (que es lo que pasó) ¿Creerán que estoy involucrada con lo sucedido? ¿Me buscarán para buscar respuestas sobre el incidente? Seguramente sí a lo último. No sé qué siento con respecto a lo que acaba de pasar, pero sé que quiero que sea una pesadilla. Se me pasó por la mente la idea de luchar contra el responsable o cuestionar por qué lo hizo y por qué dejó que me fuera confiando en que no lo atacaría también; tenía un sentimiento dentro de mí que quería acabar con él, pero mi miedo y su actitud cuidadosa junto a su casi orden de que me fuera pensé en mi bien antes que el "vengar sus muertes", siguiendo las enseñanzas de mis fallecidos padres. No tengo recuerdo alguno de unos padres cariñosos, desde pequeña me han dicho que el cariño y el amor hace débiles a las personas, que los sentimientos te hacen dudar en tus decisiones. Era irónico ver como las demás familias de la comunidad mostraban amor a sus hijos, llegando a la conclusión de que mis padres estaban dándome excusas para no darme cariño a mí. Según ellos, todo lo que me enseñaban era para no ser una inútil, sabía que no era solo para saber defenderme, sino para continuar con el linaje de cazadores. A pesar de todo lo que me hicieron pasar, una pequeña parte de mi los quería, por ser mi única familia, y entendía que no querían que sufriera en manos de "las bestias", ni de nadie. Después de un tiempo dejo de correr, recargándome en un árbol recuperando el aliento. Connor tiene mayor resistencia, pero si él sale me hará perder la misma energía que yo corriendo. ―Escucho una corriente de agua ―me avisa el chico. ―Ay, por favor, vamos a limpiarnos toda esta sangre ―se queja Beatriz. La sangre que me ha salpicado ya está seca por mi rostro, parte de mi ropa y en las palmas de mis manos por el intento desesperado de limpiarme. Aún no sé si deba ir hacia la ciudad, a otra comunidad de cazadores o seguir sobreviviendo en el bosque. La ciudad era una buena opción, pero andando llegaría en días; ir a otra comunidad levantaría sospechas y lo comunicarían a la que pertenecí; y el bosque tiene muchos peligros, no solo hablando de los hombres lobo. ―Oh, es un río, quisiera meterme a nadar un poco. ―Beatriz es muy despreocupada, pero sus otros talentos lo compensan. ―Nada de eso, ¿qué si la encuentran y tiene que correr? ―le cuestiona Connor, y tiene razón, sería muy incómodo. ―Sólo me limpiaré y buscaremos un lugar seguro donde descansar. ―Me acerco a la corriente, mirando alrededor para asegurarme que no hay nadie cerca, la orilla del río está algo descubierta, no hay tantos árboles que me confundan en las sombras, y la luna brillante no está a mi favor en ese propósito. El agua fría toca mi piel, froto tratando de quitar la mayoría de manchas. El verano está llegando a su fin, aún sintiéndose el calor sofocante durante el día, durante la noche disminuye. Una ventaja, no soy seguidora del clima cálido. ―Creo que ya sé dónde podemos quedarnos ―habla Connor. ―¿Dónde? ―pregunto frotando fuertemente mis manos. ―Una vez escuché a tus padres hablar sobre una casa oculta en el bosque. ―¿Alguien más sabe sobre ella? ―Dudo si ir, podríamos quedarnos solo unos días. Conozco todos los protocolos ante ataques de licántropo, buscan por todas partes, forman grupos y rondan por toda el áreas posible, evitando el territorio licántropo, son muy exigentes con esa norma, "sus territorios son asunto de ellos, pero si pisan el nuestro nos corresponde actuar", siempre decían. No estoy segura si ahora mismo me están buscando, pero siempre debo tener en cuenta cada posibilidad. ―Según lo que escuché, es solo de ustedes, nadie más lo sabe; seremos cuidadosos, necesitas descansar. ―Connor sabe seleccionar la información que puede usar a nuestro favor. ―Bien, entonces iremos, ¿sabes dónde está? ―Me incorporo esperanzada de que conozca el camino desde aquí. Perderíamos más tiempo dando vueltas buscando la construcción entre el frondoso bosque, y a saber qué tanto nos hemos alejado de la comunidad. ―Decían que les gustaba el río detrás de la casa, supongo que es éste mismo y si seguimos río abajo daremos con la casa. ―Planea mientras me vuelvo a ocultar entre los árboles. ―¿Creen que haya comida? Me muero de hambre, tus padres son crueles al castigarte sin comer sólo por no acertar unos cuantos tiros con arco. ―Beatriz ama la comida, pero se reprime un poco con lo que ingiere cuando tiene el mando, yo nunca la he obligado a no consumir lo que a ella le plazca, pero se empeña en que la apariencia juega un papel importante en su rol, la seducción para conseguir lo que quiere, o simplemente el tener confianza y seguridad. ―No lo creo, o al menos no comida fresca ni carnes. ―Connor es el que sabe sobre qué es bueno para mi salud, proteínas y esas cosas. ―Puede que haya enlatados, quedaría satisfecha con eso. ―Ésta mañana fallé por centímetros unos tiros que debían ser perfectos después de hacer la mayoría bien, lo que hizo que me castigaran practicando más hasta no fallar, perdí la hora del almuerzo, según ellos si no podía tener buena puntería usando un arco no podría con un arma, y con un fallo así “terminaría muerta”; aunque Beatriz se las ingenió para depositar algo de alimento en mi estómago, usando sus encantos para que un chico le diera su manzana, no fue suficiente. Nos adentramos un poco más en el bosque usando el río abajo como referencia. Los ruidos del oscuro bosque mantienen tenso a Connor, y yo estoy alerta por si escuchaba algo inusual que no fuera la corriente, el canto de los grillos o de alguna ave nocturna nos acompaña. Después de obligarme a practicar mi puntería, me hicieron parar con un "tenemos interrogatorio", y como a ellos no les gustaba esperar, decidí ir con mi ropa y zapatos de entrenamiento para no retrasar lo inevitable. ―¿Es esa? ―pregunta Beatriz. ―Espero que lo sea, tampoco es que haya muchas casas tan solitarias y escondidas por aquí. ―Connor tiene un gran instinto de supervivencia, recuerdo que cuando lo conocí me dijo haber sido un enfermero militar con conocimientos médicos sumada a su experiencia en lucha y uso de armas; él ni yo supimos explicar cómo era eso posible si estaba en mi mente. Conforme nos acercamos a la casa, agradecida de que está del mismo lado del río que nosotros, desde lejos pude ver lo descuidada que está, haciendo obvio que hace mucho nadie viene aquí. Tomo el pomo de la puerta principal, pero por supuesto se encuentra cerrada. ―¿Habrá alguien aquí? ―suelto en voz baja, el interior permaneciendo en silencio y una densa oscuridad no dejándome evaluar su estado. ―No parece ―me responde B levantando un poco sus hombros. ―Entonces, ¿cómo entramos? Sin romper nada ―advierto más que nada a Connor porque suele ser brusco. ―¿Qué más da? Se ve que nadie viene aquí en años. ―La chica tiene razón, pero no es mi estilo dañar propiedad ajena. ―Debe haber una forma no violenta de entrar. ―Me asomo por una de las ventanas sucias alcanzando a ver algunos muebles. ―Bueno, busca debajo del tapete ―sugiere Bea como alternativa. Levanto el tapete con mi pie, no hay nada. ―¿Traes la navaja suiza? ―cuestiona el chico esperando una respuesta afirmativa. ―Cierto, siempre la traigo, cada mañana me obligas a llevarla conmigo. ―Y ahora agradezco eso, nos ha sacado de varios problemas, pero es él quien se enfrenta a eso. Saco el instrumento de una bolsa oculta en mi suéter, sugerencia de Bea. ―Usa las ganzúas, ―Busco la herramienta entre todas las demás, separando las que utilizaré del resto de la estructura de la navaja ―mete la recta en la cerradura, después mete la otra, ―Siguiendo las indicaciones, introduzco la ganzúa y comienzo a moverla hacia la derecha― estas temblando mucho, déjame hacerlo a mi ―sugiere después de varios minutos intentando. No puedo controlar mi pulso, sigo algo alterada. ―Está bien, hazlo tú. ―Le autorizo salir, no puedo concentrarme con lo agobiada que estoy. Cierro los ojos cuando comienzo a ver destellos de luz, sucede siempre que hago el cambio. Connor toma el control, mis manos se vuelven firmes y seguras, mientras yo observo los movimientos en "la gran pantalla" como la nombró Bea; ella está sentada a mi lado izquierdo, mientras que Darren está un lugar más a mi derecha, a quienes saludo con una media sonrisa. Aún me siento rara al estar aquí; cuando estuve aquí por primera vez, y por las mismas palabras de ellos, el espacio era oscuro y frío, no sé cómo lo hice pero pude cambiarlo, ahora es parecido a una habitación acogedora, quería tener un lugar donde me sintiera segura, ya que desde que los conozco paso mucho tiempo aquí adentro, cuando ellos salen. ―Listo. ―No pasó ni un minuto cuando abre la puerta. ―Bien hecho, C. ―Felicita la chica. ―¿Está despejado? ―Pido que así sea, mi cuerpo está a nada de colapsar del cansancio. ―Parece que sí, pero dame unos minutos para estar completamente seguros. ―Siempre de protector, y no lo culpo, ese es su rol. Él día que Connor se hizo presente cuando tenía catorce años, estaba practicando mi tiro con navajas, éste me dijo que lo estaba haciendo mal, pensé que era alguien de la comunidad, pero al girarme a enfrentarlo no había nadie. Creí haberlo alucinado por el cansancio, pero apareció de nuevo, ahora tomando el control de mi cuerpo, a donde fui era una habitación oscura, frente a mi "la gran pantalla", miré como lanzaba las navajas, dando en el blanco. «Es bueno ¿verdad?», me asustó Beatriz. «¿Qué es esto? Quiero irme de aquí», le exijo un poco asustada. Semanas después, fui a ver al psicólogo de la comunidad, y ante esa decisión se hizo más presente Beatriz, mostrando su desacuerdo y molestia, ya que no confiaba en nadie, C la convenció con que debía conocerlos; le pedí al especialista que no contara nada de mi situación, a pesar de ser demasiado joven, no quería que mis padres se involucraran, por miedo a que concluyeran que estaba loca o algo así. Él me recomendó visitarlo varias veces, a mis padres sólo les dije que sentía la necesidad de ir para trabajar el aspecto emocional, a ellos les pareció perfecto; me realizó muchas pruebas y preguntó mucho sobre mí durante tres años, tiempo suficiente para conocer a los seres que existen en alguna parte de mi mente, saber todo lo que ellos habían pasado en mi lugar; finalmente me diagnosticó con Trastorno de Identidad Disociativo, un trastorno causado por el ambiente en que crecí. Él me explicó que los alters no siempre tienen un nombre, que a veces el "líder" (es decir yo) elige uno o les propone apodos para identificarlos, en mi caso ellos ya tenían un nombre propio. Yo cree a esos entes para que tomaran mi lugar cuando sintiera que no podría soportar situaciones de demasiado estrés o peligro, por un tiempo fue mi forma de escape de mi realidad llena de emociones negativas, pero ya no quiero ocultarme tras ellos. Connor fue el primero en salir más frecuentemente, cuando toca entrenamientos o cuando me siento amenazada: es fuerte, rápido y astuto, pero aún le incomoda manejar un cuerpo de chica; Darren comenzó a salir cuando cumplí los 18 años, en los "interrogatorios", al ser tranquilo y parecer que nada lo altera ni le sorprende me hace parecer neutral; Bea sale cuando me siento incomoda o vacilante, ella me da seguridad y un carácter decidido, no se deja intimidar por nadie, dice todo lo que piensa, aunque eso a veces puede jugarme en contra. ―Es seguro. ―Escucho a lo lejos, haciéndome salir de mis recuerdos. ―Quiero salir, ¿podrías sentarte? ―aviso a Connor, para evitar caer al suelo. Me levanto del asiento donde estaba, cierro mis ojos concentrándome. La cabeza me da vueltas, es normal, según el psicólogo, pero después de todo el tiempo que llevo haciendo los cambios aún no puedo controlar los mareos. Espero unos segundos para abrir mis ojos, al hacerlo, me encuentro con una habitación cálida, ordenada, e iluminada, supongo que Connor encendió las luces por mi miedo a la oscuridad; la cómoda superficie en la que reposo, junto con la corriente del río que nos guio, me tientan a recostarme; todo se ve limpio a comparación del exterior, seguro mis padres venían aquí seguido, no quiero saber para qué, pero el estado del exterior me extraña un poco. ―Tranquila, ya puedes descansar, yo me quedaré despierto. ―No contradigo a sus palabras, si me ponía a discutir con él sobre que se relajara no descansaría. Me quito mi chamarra deportiva manchada aún de sangre para tumbarme sobre la suave cama y en segundos ya estoy en un sueño casi profundo, Connor me contagia algo de su inquietud, ya que sólo está utilizando mi sentido auditivo para detectar el peligro, a pesar de poder proyectarse y tener una visión de trescientos sesenta grados supuse que no lo hizo para no gastar energía que estaba recuperando. Me permito descansar para continuar mi viaje hacia la ciudad, a la que muy seguramente iremos andando.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR