CAPÍTULO 3: “MAL SUEÑO”

3317 Palabras
AGNES ―Despierta… ―Escucho un susurro familiar. Abro los ojos, alterada me incorporo, en medio de la oscuridad, una tenue luz entra por la ventana permitiendo saber que estoy en la casa que encontramos a la orilla del río; debería darme más miedo encontrarme a alguien, pero no poder ver a alguien es peor. La confusión y el terror me paraliza en mi lugar. ―¿Qui-? ―Comienzo a preguntar pero la voz de mi padre me interrumpe. ―Siempre alerta ―susurra, mis padres siempre me decían eso, "nunca se sabe cuando habrá un ataque, siempre debes estar preparada para pelear, jamás para huir". Irónicamente estoy haciendo lo último. Antes de poder asimilar de donde venían las voces o de dónde vendrá el peligro, pasos firmes sobre la madera vieja me hacen voltear a un rincón de la habitación, logrando ver la silueta de alguien robusto, supongo que se trata de un hombre, aproximándose cada vez más rápido. Grito ante la inesperada amenaza, sintiéndome un poco patética. Cuando estoy por saltar al lado contrario de la cama, siento dolor en mi cuero cabelludo que me despista del esfuerzo que hace Connor por salir, no puedo concentrarme para ayudarlo a hacer el cambio. ―No es- ―Escucho apenas, como una brisa, desvaneciéndose a la distancia― real. ―Se completa la frase, pero la adrenalina hace que lo ignore, y me enfoco en alejar al atacante. El tirón es tan fuerte que impacto de espaldas contra el suelo, sin darme tiempo a incorporarme mi atacante se sienta encima de mí para inmovilizarme, con una de sus mano en mi cuello trato de quitarlo de encima, pataleando y retorciéndome debajo de la persona que, para bien o para mal, la poca iluminación oscurece el lugar donde debería estar su rostro. Mis brazos lo atacan casi inconscientemente, su agarre se aprieta más cortando el paso de aire, con mis manos tratando de aflojar las suyas siento mi corazón dar un salto al ver que alza su mano libre y deslumbro un cuchillo, abro mis ojos sorprendida y, por acto reflejo, los aprieto cuando lo veo acercarse a mi pecho, su mano que sigue en mi garganta ahoga mis desesperados gritos. Despierto con un gran grito, jalando después bocanadas de aire, como si de verdad me faltara en los pulmones. Logro espabilar pronto para apresurarme a tomar una de las armas de mi cintura. A la defensiva me posiciono al lado de la cama, miro a todas partes, la luz del día que entra por la ventana me ayuda a revisar toda la habitación. Observo mis manos temblorosas que sostienen el arma, apuntando a nadie. Fue una pesadilla, la misma de siempre. Lo que me aterra de ese sueño, es que se origina de un recuerdo. Una de las pruebas del entrenamiento era el "ataque sorpresivo", no supe qué hacer, me paralicé, casi sentí como ese cuchillo era clavado en mi pecho, si no fuera por mis otros entrenadores y el hombre que se percataron de mi reacción anormal, pudo haber pasado. ―Agnes, tranquila, respira. ―Escucho a Darren después de solo escuchar el palpitar de mi corazón acelerado y un leve zumbido en mis oídos. ―Fue solo una pesadilla ―agrega Bea. Ahora puedo percibir el canto de algunas aves fuera, todo parece tan tranquilo. Aflojando mi cuerpo, me siento al borde de la cama, dejando a un lado el arma. Oculto mi rostro en mis manos, liberándome de la presión acumulada que he aguantado toda mi vida. Sé que los desagradables sucesos, que puedo recordar gracias al sistema, siempre estarán en mi mente, y consciente o inconscientemente aparecerán atormentándome, y yo no puedo hacer nada para que no sea así. No quiero pertenecer a esa comunidad, no soy ni seré una cazadora sanguinaria, simplemente no quiero convertirme en lo que mis padres estaban forjando, en una persona dispuesta a matar sin remordimientos con la excusa de que son ellos o serán personas inocentes. Ellos me repetían que solo me entrenaban para poder defenderme y no para ir a "misiones", como todo cazador; los "interrogatorios" eran para "hacerme ver el lado salvaje de los licántropos", pero yo no dejaba de pensar que en algún momento me querrían o necesitarían para realizar sus mismas acciones. Nunca entendí por qué estar en constante tensión con los licántropos, por qué no llegar a un trato; "no se puede negociar con esas bestias" repetían todos en la comunidad, "ellos solo hacen daño, es su naturaleza", intentaron hacerme creer, no quería creerlo, será porque veo lo mejor de las personas, "pero ellos no son personas, son alimañas" me refutaban, "es cazar o ser cazado" me advertían. ―¿Ya estás mejor? ―pregunta un preocupado Connor, haciéndome salir de mi agobio. ―Creo que sí ―digo con voz un poco ronca por el nudo en mi garganta, limpio las lágrimas que corrieron por mis mejillas. ―Bien, ¿podemos ir a comer ya? ―Bea cambia de tema, pero al ver algo toma aire sorprendida―. Pero primero ve a ese armario. Busco el armario con la mirada, guardo el arma en el cinturón para después levantarme de la suave cama y acercarme; siento las ansias de Bea, seguro que si la dejo salir se volverá loca probándose todo, eso considerando que haya ropa ahí. ―Mira toda esa ropa ―chilla un poco, hasta yo estoy sorprendida. ―Rápido, chicas, debemos comer algo. ―C sabe que Bea se entretiene mucho arreglándose hasta estar "Per-fec-ta". ―Lo sé, pero no sé si notaste que sigo cubierta de sangre, quisiera darme una ducha rápida y cambiarme antes de continuar. ―Ayer estaba tan cansada que ni le tomé importancia, pero ahora con mi mente despejada tengo que aprovechar la situación. ―Déjame salir, déjame salir, ¿sí? ―Imagino a Bea dando saltitos rogando para que acepte. Tenemos un trato de que ellos no pueden salir cuando les pegue en gana, deben pedir permiso; en realidad es solo regla para Bea, es incontrolable cuando está al frente. ―Está bien, pero sé consciente que con la ropa que elijas nos podremos mover ―le advierto. A Bea le gustan los atuendos demasiado ajustada para mi gusto. "Luce tus curvas", siempre me dice. ―Ash, está bien ―rechista poniendo los ojos en blanco. Cierro mis ojos, esperando a sentir a Bea; cuando la siento delante de mí los abro. Connor a mi derecha me saluda con una sonrisa y un asentimiento de cabeza. ―Hola, Darren. ―Me inclino hacia adelante para saludar al mayor de los cuatro, quien está sentado a la derecha de C. D es como un abuelo para mi, me gusta hablar con él, en cada conversación, que no suelen ser muy largas, termino aprendiendo algo nuevo, sí que es sabio el hombre. ―Aleja tu mano de esa falda, Bea ―le dice Connor viendo sus intenciones, C no le gustan las faldas y vestidos, se le hacen incómodas y poco prácticas a la hora de pelear, y tenemos otro acuerdo con respecto a usar dichas prendas, “sólo en momentos especiales o cuando no deba luchar”, y nuestra situación es precisamente pelear y movernos rápido. ―Quería ver si estaban prestando atención ―se justifica la rubia con su característica voz dulce pero firme. ―Usa un pantalón, por favor. ―Pide C tratando de parecer relajado, ese hombre siempre está tenso. B rechistando busca un aclamado pantalón. Después de elegida la ropa, y haber oído las objeciones de Connor ante las combinaciones propuestas por Bea, termina tomando un pantalón, una playera sencilla y una chamarra; encuentra en un cajón al costado del armario unas botas negras, para completar el atuendo. No sabemos cuánto tardaremos en llegar a la ciudad y C sugirió llevar ropa extra, aunque no fuera adecuada con el clima cálido, “por si acaso”, según él. Bea nos lleva hacia el baño, admirando lo limpio que está; la escucho agradecer que haya agua caliente en la ducha, no entiendo cómo es que hay agua caliente y de donde viene la electricidad en un lugar tan alejado y en medio de la nada, pero lo agradezco igual. B se apresura a retirar el cinturón con las armas y la ropa sucia, aventando las prendas en una esquina y dejando el cinturón en la tapa del inodoro; noto como Connor y Darren desvían la mirada. ―¿Y a dónde iremos? ―pregunta Bea, poniéndose bajo el chorro de agua humeante, frotándose el rostro y las manos que aún tienen rastros del fluido seco y suciedad. ―Tenía pensado ir a la ciudad que está al norte y tratar de hacer una nueva vida ahí ―suelto lo que pude pensar mientras huía de lo sucedido. Con lo conmocionada que estaba ayer, sé que no hubiera sido capaz de contar lo que vi, y tengo miedo de que me culpen por lo sucedido, que se inventen suposiciones para hacerlo. Cada noche, después de un día largo de entrenamiento, y de castigos cuando insistía practicar yo y no Connor, cometiendo muchos errores, me imaginaba una vida sin la existencia de personas que cambiaban su anatomía a la de un animal, y de otras que capturan a las primeras para al final acabar con su vida, hoy por fin tengo la oportunidad de hacerlo realidad, y hacer con mi vida lo que yo quiera. ―¿Iremos andando? ―pregunta Bea disgustada, cortando el paso de agua de la ducha. ―No queda de otra, quizá lleguemos a una carretera y podemos hacer autostop. ―Observo que ha terminado de ducharse y toma una toalla, misma que envuelve en mi cuerpo. ―Pero, ¿hacia el norte no hay una manada? ―cuestiona C, y tiene razón, no se le escapa nada. ―Sí, pero si la atravesamos llegaremos más rápido a la ciudad que si la rodeamos. ―Le cuento mi plan con una mirada cautelosa mientras Bea se viste rápidamente. ―¿Te vas a arriesgar a huir ahora de las bestias? ―pregunta el chico a mi lado, mirándome incrédulo esperando una respuesta. ―Con tus habilidades y conocimientos podríamos atravesar el territorio sin problema ¿no? ―Trato de convencerlo; no miento, él sabe mucho de combate, sobre las debilidades de los licántropos (aunque nunca hemos estado en un combate frente a frente) y tiene mucha habilidad física, no me sorprendería que me llevara por encima de los árboles. Cuando cambiamos, los alters pueden mostrar parte de su propio ser, como el color de ojos, algunas marcas únicas, sean cicatrices, marcas de nacimiento y/o lunares; como dije, algunas habilidades físicas: resistencia, fuerza, velocidad. Nuestro acuerdo es mostrar lo que quieran siempre y cuando no sean muy evidentes. ―No estoy seguro sobre esto, pero si vamos a estar en territorio enemigo yo tendré el mando en todo momento, ¿queda claro? ―Connor serio y mandón ha hablado. ―Está bien, pero vas a escuchar sugerencias ¿verdad? ―Pido al pelinegro. ―Escucharé, pero no prometo hacer caso a todo. ―Me regala una mirada expresando que él decidirá lo mejor para evitar el peligro. ―Ya pueden mirar ―B se burla un poco al estar vestida completamente incorporando el cinturón con armas, imagino que sabe que Connor y Darren lo hacen, "lo hacemos por respeto" le dijo una vez. Observamos la puerta de la habitación ser abierta por Bea; al llegar al pie de la escalera observamos una sala de estar a la izquierda y la cocina a la derecha, nos dirigimos a la segunda. ―Deberíamos llevar comida para el camino ¿verdad? ―pregunta B mientras estira su brazo hacia el refrigerador, no encontrando mucho, y lo que había muy probablemente estaba caducado o podrido. ―Eso está más que claro, mira en la alacena. ―B obedece a su orden, encontrando gran variedad de enlatados―. Busca algo que no necesite cocinarse, debemos irnos lo antes posible. ―Puedo ver lo tenso que está, no quiere que me encuentren, siempre pensando en una sola cosa, protegerme. ―Bien, ¿qué les parece… crema de pollo? o ¿atún? ―Toma las latas con la comida nombrada, giro mi cabeza hacia Connor en busca de una respuesta. ―Nada de aquí se ve apetecible, será mejor que salgas tú, C, o si no no comeremos. ―Con un suspiro derrotado se dirige al pelinegro, quien me pide permiso con una mirada, y yo le respondo con un asentimiento y una sonrisa. ―Ya voy ―le avisa poniéndose de pie, se concentraron un momento para hacer el cambio, pude observar cómo se materializaba la chica en "la habitación" mientras Connor se pone rápidamente a observar, mover y tomar latas. Cuando ellos salen parece no afectarles, no se muestran desorientados o mareados, en cambio yo tardo unos segundos en darme cuenta donde estoy, mi vista se nubla un poco cuando salgo y mi cuerpo se siente cansado; en definitiva, soy la que se lleva la peor parte. ―Hey, Agnes ―saluda Beatriz al llegar a mi lado. ―Hola, B ―le regreso el saludo. ―Te juro que nada se me antojó, y tu sabes como soy con la comida, puedo comer cualquier cosa, pero eso… ―se justifica haciendo una pequeña cara de asco, yo solo le doy una sonrisa tranquilizadora. No la culpo, pero el que haya comida es algo bueno, y con la hambre que tenemos nos comeríamos lo que sea. Dejamos a Connor ingerir lo que eligió, mientras planeamos cada paso que daremos en territorio licántropo para evitar encuentros indeseados. Connor estará fuera en lo que estemos pisando territorio de lobos, si llegamos a enfrentar a algún cambiaforma él sabe qué hacer, no quisiera que les hiciera daño, pero si es para protegerme no habría otra opción. ―Buscaré algo para llevar provisiones ―nos informa. Vuelve a subir a la planta alta de la construcción y busca en el armario y en otras habitaciones una mochila, encontrando una no muy grande, ideal para llevar comida y la ropa extra. Me parece extraño que no haya armas en ninguna parte de la casa, con lo precavidos y paranoicos que eran mis padres hubiera pensado que tienen una habitación repleta de ellas, u otras muchas ocultas por cualquier rincón, y Connor también se extraña, noté que palmeaba debajo de la mesa y las sillas, además de observar dentro de jarrones decorativos o cajones ordinarios, en lugares poco comunes a decir verdad. ―No hay armas por ninguna parte, ¿en verdad esta casa es de mis padres? ¿No te parece raro? ―interrogo al chico, dudando si está siendo completamente sincero conmigo. ―Sí, lo es, también me desconcierta, los conozco igual que tú, yo no estaría tan tranquilo aquí sin saber donde hay un arma con la cual defenderse ante un ataque licántropo ―su respuesta es muy específica, pero hace que esté de acuerdo. ―Al menos tenemos algo con qué defendernos ―le recuerdo que llevo encima el cuchillo de papá, y armas de ambos. ―Fue inteligente tomar armas, A ―me felicita mientras oculta mi cuerpo en una gran chamarra, por encima del cinturón; no es abrigadora, pero tampoco es que la temperatura sea baja en esta época del año. ―Hubiera huido sin nada si no me detienes en mi desesperación. ―Le doy créditos también. ―Sabes que siempre debes llevar un arma contigo, o algo que puedas usar para defenderte, aunque sea pequeño, no sabes si te salvará la vida. ―Sabio consejo, pero es él quien termina usandolo para salvarme. Una vez usó mis audífonos para defenderme en uno de tantos "ataques sorpresa". ―Bueno, bueno, ¿ya nos vamos? ―interrumpe Bea impaciente. Vemos a C tomar la mochila, vuelve a entrar a la cocina para recoger las latas que dejó después de comer. ―Nunca dejen rastro de que estuvieron en un lugar. ―Bea me mira aburrida, me hace un poco de gracia su acción pero controlo mi risa. ―Sal por esa puerta de una vez, Connor ―le dice un poco ansiosa, el chico se tarda mucho cerciorándose que todo esté perfecto. ―¿Estás segura de esto, Agnes? ―cuestiona con la esperanza de que me arrepienta y que vayamos a lo seguro, pero parece que no sabe que soy terca. ―Lo estoy, Connor, si nos apresuramos llegaremos más rápido, así que, por favor ―pido firme, no me gusta mandar a los demás, pero si no le dejaba claro que estoy cien por ciento segura de mi decisión, a cada rato se detendría a preguntar si quiero continuar o buscar otras opciones. ―Está bien, ahora más que nunca debemos ser un equipo ―diciendo esto se dirige a la puerta principal dispuesto a salir, pero para mi sorpresa se detiene a unos metros antes de llagar. ―¿Qué pasa? ―Me asusta su reacción, no se detendría por nada. ―Hay alguien fuera, escucho movimiento ―su voz suena dentro de "la habitación"; quien está al frente puede hablar en voz alta perfectamente, pero les pedí que siempre que haya personas alrededor lo hicieran mentalmente, para que sólo lo escuchemos los que estamos dentro. ―¿Y si fue un animal? ―sugiere la rubia temerosa, tratando de no pensar que podríamos estar en peligro. ―Suenan a pasos firmes y pesados ―asegura C, retrocede a pasos cuidadosos, llegando a los pies de la escalera. ―¿Un ciervo? ―Puedo sentir el nerviosismo de B mezclarse con el mío, viendo como C está alerta, esto no está bien. ―No, pueden ser los cazadores, o peor aún, licántropos. ―Su respuesta tiene reacción en mí, comienzo a sentir desesperación, angustia, y miedo, mucho miedo. ―Pero no estás seguro de eso ―Bea insiste en creer que nada malo podría pasar, pero yo ya me imaginé todos los escenarios posibles. Connor sube las escaleras controlando la presión y velocidad, el rechinar del suelo es tan leve que ningún humano lo percibiría, pero puede que un ser sobrenatural sí, ruego que lo que esté acechando no sea uno de los últimos. Nadie habla, miramos las acciones de C, observamos cómo entra a una habitación y pone el seguro lentamente, mira alrededor, reparando en una ventana, se acerca a ésta agachándose para asomarse y comprobar si hay alguien; mi sangre se hiela, hay tres sujetos inmóviles con una mano en las armas de sus cinturas, preparados para usarlas; ruego por que sean solo esos y no estén rodeando la casa. Escuchamos como la puerta principal es abierta abruptamente seguido por pasos firmes, haciendo que ahora si el rechinar se haga presente, no les importa hacer notar su presencia. Connor avanza en cuclillas despacio hacia otra puerta, nos encierra en un limpio baño, me pregunto por qué se esconde en lugar de pelear, supongo que porque no sabe cuántos son o porque no quiere gastar energía. Son cazadores, pero no estoy segura que sean de mi comunidad, sería lo lógico, no tengo conocimiento de otras comunidades más allá de nuestros límites; he de confesar que tampoco he intentado sobrepasar nuestros límites. ―¿Y ahora qué? ―le cuestiona en un involuntario susurro para saber qué piensa hacer. ―Esperar que se vayan, si no, atacaré y huiremos. ―Su respuesta me altera más que tranquilizarme. Oímos como suben las escaleras, no han dicho palabra, supongo que se estarán haciendo señas, o yo que sé, pero que se estén acercando me pone más de los nervios. Este es mi fin, fui libre por... diez horas, que poco me duró el gusto.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR