CONNOR
El público que demandaban a grito por mi ejecución comienza a dispersarse ante la alerta que se ha presentado, unos corren y otros se quedan dispuestos a luchar a lado de los que supongo son grupos de guerreros entrenados especialmente para eso, defender la manada.
Miro como vuelan más flechas y escucho las explosiones de las armas disparándose, por la dirección de la trayectoria de las flechas los cazadores están del otro lado del territorio licántropo, no han cruzado los límites, prefieren atacar de lejos que arriesgarse a luchar cuerpo a cuerpo, ¿es la comunidad a la que pertenecía Agnes?
El Alfa ruge bajando de la estructura central para buscar una cubierta, seguido por dos hombres más, supongo que uno es su Beta, que están siendo protegido por tres guardias, me dejan aquí colgando.
Debo aprovechar para buscar un escape. Intento liberarme moviendo mis manos, alzo mi vista para ver cómo me han colgado, la cuerda con la que estoy atado está enganchada a un metal incrustado en la estructura de madera doblado hacia arriba, para evitar que me suelte fácilmente; una idea cruza mi mente mirando las flechas volando a mi alrededor, tomo impulso con mis piernas para tratar desenganchar la cuerda, fallo en el primer intento, causando que las cuerdas lastimen mis muñecas, haciendo una mueca de dolor lo intento de nuevo, no consigo llegar más arriba y vuelvo a caer lastimando más mis manos, arde y las miro encontrando que comienza a brotar sangre, ignoro el dolor e intento otra vez, cuando creo que lo conseguiré siento un dolor más fuerte en mi abdomen, mis manos se llevan el impacto por no conseguir soltarme, suelto un grito que no consigo contener, siento una fuerza que me jala, oh no.
Miro hacia abajo para ver qué ha ocasionado el nuevo dolor insoportable, y me preocupo cuando miro una flecha incrustada en mi abdomen, la sangre no tarda en aparecer a través de la ropa, el dolor es intenso, cuando me muevo duele tanto que gruño intentando sofocarlo para que no me haga regresar a la habitación.
Pero claro que mis intentos son inútiles, una sacudida seguida por un tirón me arrebata el control del cuerpo, regresándome a la habitación segura.
―¡Carajo! ―exclamo viendo como el cuerpo se comporta desorientado.
―¿Qué está pasando? ―pregunta Beatriz angustiada por la herida― ¿nos han lastimado?
―Sí, no sé si a propósito o fue una flecha perdida ―digo de pie, moviéndome desesperado por la situación riesgosa que se ha presentado.
―Si todos estamos aquí… ay no ―comienza B dándose cuenta de quién está controlando el cuerpo ahora.
―Sí, ha salido ―afirmo a sus suposiciones.
AGNES
De estar en la tranquilidad del vacío de repente aparezco en medio de una situación de caos, pero un dolor en mi abdomen llama completamente mi atención, miro en ese punto encontrando una flecha incrustada, el dolor me resulta insoportable, gritos descontrolados salen de mi boca, seguidas por sollozos y gimoteos de desesperación, con la desorientación me resulta difícil entender qué está pasando, ¿sigo en la manada?, ¿quienes están atacando?. Remuevo mis manos de las que estoy colgando encontrándome con más dolor, cualquier movimiento causa que la herida de mi abdomen arda y siento la sangre brotar.
―¡Han herido a la cazadora! ―Escucho que exclaman a la lejanía, no sé si es el dolor, la desorientación por el cambio repentino o el estrés de la situación que comienzo a marearme, mi visión se torna borrosa y mi cabeza duele.
―¡Sáquenla de ahí! ―escucho que ordenan firmemente.
Más gritos junto a gruñidos salen de mi garganta, veo como las flechas vuelan atacando a los hombres que cruzan los límites, preparados para luchar contra quienes los están asaltando.
Mis ojos comienzan a desorientarse, intento quedarme lo más quieta que puedo para no generar más dolor, los pensamientos de que hasta aquí he llegado no se alejan, era mi última oportunidad, ¿y qué he hecho?, me he ocultado, le he dejado todo el peso a Connor, no he luchado lo suficiente, y creo que me merezco esto, por no haberme esforzado más en mi huida de los hombres lobo.
Siento que me toman de las piernas para alzarme, abro los ojos intentando ver de quién se trata, y me sorprendo de ver que es un cazador, me doy cuenta por la insignia que veo en su pecho, no sé cómo reaccionar, no sé si me está ayudando o es para hacerme más daño.
―Tú vendrás con nosotros ―lo escucho murmurar.
Mis brazos caen al frente, el hombre me carga y antes de que me deje en el suelo alguien lo impacta haciéndonos caer, causando más gemidos y gritos de mi parte debido al impacto contra la madera y el dolor de mi abdomen.
Los mareos son horribles, siento que me iré en cualquier momento, intento moverme pero los músculos donde está incrustada la flecha no me lo permiten, me quedo recostada en el suelo arrastrándome por este, me siento demasiado débil.
―Voy a morir… ―murmuro en mi mente, tratando de hablar con el sistema.
―No vas a morir, resiste un poco, Agnes ―escucho la voz fuerte pero angustiada de Connor.
―Duele mucho, no puedo moverme ―hasta respirar me cuesta pero los sollozos no perdonan y salen igualmente, me quejo de la incomodidad.
―Lo sé, escúchame, no te centres en el dolor, piensa en otra cosa ―me pide intentando que lo insoportable que siento no me venza.
―¿En qué? ―no se me ocurre nada en qué pensar más que en la flecha que tengo clavada en el estómago; mantengo mis manos unidas a la altura de mi cabeza, para no tocar el lugar herido.
―¡No lo sé! ―me grita desesperado.
Cuando estoy a punto de pensar en otra cosa siento que alguien se acerca a mí, es otro de cazador, mi instinto me pide que huya por lo que me resisto a su agarre, la flecha y el dolor no me dejan moverme como me gustaría pero consigo darle un golpe con mis manos aún atadas al hombre, pero sin esperármelo él me da otro en la cara, sumando a mi desorientación, me quejo y por el dolor grito que siento cuando me carga.
―¡Agh, no! ―grito entre quejidos de dolor― ¡suéltame! ―intento darle otro él tiene más poder ahora mismo.
―¡Quédate quieta, maldita sea! ―me grita furioso en la cara.
Obviamente no le obedezco, aunque me duela el estómago voy a luchar contra él. Me lleva entre brazos, hacia abajo de la estructura, me niego a gritos, me muevo, pataleo, y muevo mis brazos y codos intentando hacerle algo para que me suelte, sin conseguirlo.
De la nada siento que alguien nos impacta de nuevo, más bien lo impactan a él pero se niega a soltarme y caemos los dos, intento caer de espaldas para no lastimarme con la flecha que aún sobresale pero igual me causa dolor. Con los ojos cerrados trato de contener el dolor pero mi garganta me traiciona soltando quejidos más fuertes, entre mi aturdimiento por el dolor sigo escuchando pelea a mi alrededor, ahora estoy tirada en la tierra un poco húmeda luchando por no desmayarme, siento que mi frente está sudando, mi cabeza me duele y me siento mareada.
―No cierres los ojos, ábrelos ―ordena Connor.
―¿Cómo llegamos aquí? ―le pregunto confundida por el haber estado colgada en frente de la manada y ahora en medio de una lucha entre cazadores y hombres lobo.
―Pusieron droga en la comida, me colgaron como tu comunidad hace con quienes capturan, aunque supongo que no es sólo tú comunidad ―me dice ayudándome a distraerme.
―¿Cuál fue el veredicto? ―pregunto con temor a escuchar la respuesta.
―Sólo te diré que no te matarán ―dice firme, pero aún con su tono seguro capto la angustia de verme así, tirada moviéndome por el dolor, sudando frío y apretando las manos en puños conteniendo el dolor.
―Eso es un avance ―respondo un poco aliviada, pero mi situación no parece muy agradable de todos modos.
―Lo estás haciendo bien, no te muevas, mantente en el suelo ―me dice para que no intente levantarme, sí lo estaba pensando.
―¿Ya te he dicho que eres fuerte, Agnes? ―escucho a Beatriz aportando a la distracción. Lo bueno que los escucho en mi mente porque mis oídos están dejando de funcionar bien.
―Me lo dices seguido ―respondo en tono burlón, formando una pequeña sonrisa en mi rostro.
―Es porque lo eres, vamos a salir de esta y verás que pronto estaremos comiendo una comida decente ―comenta causándome una pequeña risa que detengo cuando siento dolor por la herida.
Antes de responder siento que me toman de nuevo, me quejo por el dolor e intento luchar contra el nuevo hombre que me ha cargado.
―¡No, agh, suéltame! ―suelto golpeando con mis puños su pecho, no necesito ver su rostro para comenzar a atacar, todos aquí son mis enemigos.
―¡Quédate quieta, te estoy ayudando! ―me dice con un tono enojado, supongo que debido a mi forcejeo, ¿cómo que me está ayudando?
Levanto mi mirada algo desenfocada para ver de quién se trata, mi sorpresa y confusión no puede ser más grande. Miro la cara dura y seria del Alfa, la nueva posición entre sus brazos me molesta en la herida, por lo que suelto un par de quejidos, aunque intente reprimirlos salen igualmente, aprieto los ojos no queriendo lamentarme o sollozar frente al hombre.
―Suéltame ―digo ya en susurros. El cansancio comienza a hacerse más fuerte y necesario.
―Sí quisiera, pero necesito que hables ―lo escucho decir entre dientes, ahora puedo sentir que está corriendo, y por lo lejos que se escucha la pelea nos estamos alejando.
Mis ojos comienzan a pesar más que nunca, y aunque escucho las palabras de Connor diciéndome que no me rinda, que luche contra el sueño, mi cuerpo hace lo que quiera, siento que mi cabeza va a explotar del dolor, mi estómago no para de sangrar, mi respiración agitada hace que mi pecho suba y baje, y también siento el pecho del hombre que se expande con su respiración agitada por la carrera que lleva.
―No te desmayes ―me dice secamente.
―Me- estoy- desangrando- ―logro decirle débilmente.
Lo escucho maldecir mientras sigue moviéndose. Mi cuerpo no resiste más, comienzo a sentir que caigo en la inconsciencia, y me dejo ir aunque no quiera estar con este hombre o a donde me este llevando.
―No, Agnes ―escucho por último a Connor casi rogándome para que siga luchando.
―Tú podías hacerlo, A ―escucho a Beatriz a mi lado, abro los ojos de golpe y me sorprendo al estar en la habitación, pensé que me iría al vacío de nuevo.
―¿Viste la flecha que tengo clavada? ―pregunto incrédula, nos quedamos mirando por unos segundos, yo esperando una respuesta y ella pensando en una.
―Sí, tienes razón ―está de acuerdo conmigo. Miro la gran pantalla y sólo se ve negra, no sé lo que está pasando afuera y eso me perturba.
―Lo siento de nuevo ―escucho a Connor detrás de mí, me giro algo sobresaltada. Me levanto para enfrentarlo.
―Quiero golpearte ahora mismo ―le digo en tono molesto―, pero debo agradecer tu esfuerzo también, no fue tu culpa que nos drogaran.
―Lo sé, yo también quiero golpearme ―dice serio pero sé que está bromeando. Niego con la cabeza tratando de reprimir una risa pero claro que no lo consigo.
―Eres un idiota ―digo para acercarme a él y rodearlo con mis brazos, y sin esperarlo comienzo a sollozar.
―Tranquila, seguimos vivos ―me murmura correspondiendo a mi abrazo.
―Sí, estoy con el maldito Alfa, y eso me aterra ―comento mi preocupación, espero que sí me estuviera ayudando y no intente nada raro.
―Sí, eso me altera un poco, pero parece que te necesita viva ―dice para tranquilizarme, y sí lo logra un poco.
Solo tenemos que esperar que mi cuerpo esté dispuesto a despertar y esté bien.