AGNES
No puedo creer lo que pasó. De verdad no puedo creer lo que Connor ha hecho.
―No podías mantener la boca cerrada, ¿verdad, Connor? ―le reclamo una vez que me desahogo con un grito descontrolado.
En cuanto miré al hombre delante de la celda mi valentía fingida flaqueó, y Connor aprovechó ese inconveniente para intentar salir a la fuerza. Tener al Alfa en frente ya significaba mucho estrés e inquietud y tener a Connor diciéndome qué decirle me fastidió.
―Te dije que debía salir ―responde con tono molesto.
Cuando no cedí a sus órdenes de repetir sus palabras se enojó tanto que comenzó a subir su tono, diciéndome que si no cumplía con lo que decía íbamos a morir, que él no quiere morir en manos de estas bestias.
―¡Y yo dije que yo me encargaba! ―contraataco más indignada que enojada.
―¡Pues veo que lo hiciste muy bien! ―su tono sarcástico me lastima.
―Chicos, ya basta ―dice Darren en tono firme, pero estoy tan cegada por la rabia, la decepción y la angustia que lo ignoro.
―¿Crees que es fácil contigo diciendo estupideces de que vamos a morir? ¡Ya lo sé, maldita sea! ¡Ya sé que voy a morir! ―finalmente exploto, pero igual lucho por no gritarlo y ser escuchada por toda la prisión, lo único que sale de mi garganta son gruñidos y gritos ahogados.
No lo resisto más, estoy cansada de fingir que soy fuerte encerrada en esta celda custodiada por hombres lobo
Fue duro fingir firmeza delante del imponente Alfa, sé que parecía que lo retaba con el tono de voz que salía por el enojo y el dolor que comenzaba a sentir gracias a los comentarios de Connor dentro de mi cabeza que opacaba mis propios pensamientos.
Ya no puedo controlar mi respiración, por culpa de los sollozos se entrecorta, siento mis piernas débiles, he enfrentado al Alfa pero no he logrado mi libertad; sin casi percatarme estoy en el suelo de la celda, abrazándome a mí misma buscando consuelo.
Mañana será mi juicio, muy seguramente para mi ejecución, ¿habrá muerto un licántropo por mis disparos? Ellos lo hubieran mencionado, se refirieron a ellos como “heridos”, entonces están bien, ¿no?
―Agnes- ―comienza Beatriz a hablar pero la ignoro siguiendo con mi llanto desenfrenado.
―Yo- ―escucho que Connor abre la boca de nuevo y mi furia se dispara, por su maldita exigencia estoy así, por su presión por salir me ha desconcentrado y he quedado como una estúpida delante del Alfa, delante de mi última oportunidad de convencerlo de que no me mate.
―¡Tú-! ―grito, sorbiendo por la nariz― Tú- ―todos los insulto que le quiero decir de repente desaparecen cuando quiero decirlas, estoy tan furiosa pero una parte de mi no quiere culparlo, quiero gritarle con todas mis fuerzas, pero si lo hago fuera todos creerán que estoy o me he vuelto loca―. Cállate ―murmuro, el dolor y la decepción ganan ante el enojo―, por favor ―agrego en un susurro.
―Agnes- ―Lo intenta de nuevo, de nuevo el enojo se aglomera en mi pecho, ¿por qué no me obedece? ¿Por qué no se calla?
―No, nada de “Agnes”, ya no hables, te lo prohíbo ―soy dura con él, ya no me importa qué deba decirle para que se calle y me deje desahogar mis lágrimas, probablemente será mi última noche con vida.
―¿Me ? Desde cuando- ―continúa respondiéndome enojado.
―¡Sólo quiero que te calles! ―le vuelvo a gritar, mis emociones están descontroladas, yo estoy descontrolándome, y la angustia está en el podio de emociones dominantes, seguida por el enojo y el miedo.
―No voy a callarme, voy a sacarte del problema al que te has metido ―contraataca firme, sin importarle tampoco que me lastime con sus palabras.
―Ah, ¿no vas a callarte? ―murmuro retadoramente, ya no quiero escucharlos, ya no quiero que me miren destrozada por mi fracaso. Miro el suelo delante de mí, y parece que Connor prevé lo que planeo hacer.
―¡Agnes, espera, no! ―exclama alterado, y en una nueva oleada de sentimientos me detengo y lo escucho― Lo siento, fui demasiado duro para conseguir que me dejaras salir, fui un total idiota por usar tus puntos más débiles para tratar de conseguirlo, sé que fue bajo y lo lamento, debí haberme callado pero no pude y no puedo ahora, no cuando te miro aquí encerrada esperando tu muerte, aunque él haya dicho que se llevará el juicio en la mañana no quiere decir que va a ejecutarte, aún tenemos oportunidad de escapar de aquí, de ellos, pero quiero que confíes en mí y me dejes salir.
Lo escucho atentamente, sus palabras remueven un nuevo sentimiento entre el desorden de los demás: la esperanza, que deja atrás a los demás, sí que sabe hablar el chico.
Me arrastro a la pared más cercana y me recargo en ella, sin saber cómo sentirme ahora, todas las emociones contenidas ya han salido y ahora puedo pensar bien.
―Sal ―susurro, dándole la aprobación.
―¿Segura? ―pregunta dudoso, esa emoción no es particular en él.
―Sal ―repito esperando que lo haga de una buena vez.
―Bien, no te resistas ―pide y siento una fuerza queriendo salir, aflojo mi cuerpo y en el último momento me tenso, resistiéndome al cambio, él ha conseguido lo que quería en un principio, y yo he conseguido irme a un lugar más tranquilo.
ZEV
―¿Te dijo “iba de paso”? ―pregunta mi Beta burlón,
―Repetidas veces ―respondo algo distraído mientras tecleo en la computadora.
―¿Y le crees? ―se recarga en el respaldo de la silla mirándome incrédulo.
―Por supuesto que no ―lo miro arrugando mis cejas.
Después de salir de la prisión el sentimiento de confusión persistía hasta cuando entré a la cama. Las cosas no me cuadraban, mis hombres heridos aún siguen en recuperación, estan molestos porque fueron atacados por una cazadora mujer pero están fuera de peligro, cuando miré a la chica castaña fingiendo que no me tenía miedo no me creía que fue ella quien disparó las balas de plata, mi mente aún no procesa que ella consiguió cruzar los límites de regreso a territorio humano después de luchar contra mis hombres.
Pero así son las cosas, ella hizo todo eso y ahora debe pagar por atacar a los miembros de mi manada.
―Tiene buena puntería ―dice en tono burlón sacándome de mis pensamientos y arrugo mis cejas en respuesta―. Los médicos dijeron que la chica dio en puntos que no significan peligro para los hombres, sí sentían mucho dolor pero están vivos ―comenta lo que ya me dijo uno de los médico de la manada, quien atendió a los heridos de bala― no te estoy diciendo que la perdonemos por ser considerada y no matarlos, pero sí es extraño que lo haya hecho, ¿no crees?
―Pues sí, es extraño ―digo secamente―. Habla con Marc y encárgate de que la tengan en el límite Este dentro de dos horas ―le pido para que se lleve a cabo su juicio, estos los llevamos a cabo al Este de la manada, delante de todos los integrantes con el propósito de ser expuestos esas personas que se han atrevido a quebrantar nuestras normas, empezando por cruzar nuestros límites indebidamente.
―¿Será su juicio? ―pregunta incorporándose en la silla.
―¿Quieres darle un paseo por la manada? ―respondo sarcástico.
―Uy, perdón ―contesta mostrándome las palmas de sus manos―, ya entendí, iré a hablar con él ―se levanta con una sonrisa burlona―. Nos vemos luego, Zev ―se despide para dirigirse a la puerta y salir.
Suspiro pesadamente, los últimos meses han sido exhaustos, a pesar de que las amenazas de ataques se han reducido aún persisten, la comunidad de cazadores del Sur ha sido pesado con sus amenazas silenciosas, su Líder de verdad siente repulsión ante los hombres lobo, hemos tenido enfrentamientos con esa comunidad desde hace mucho tiempo, casi me atrevería a decir que desde que tengo memoria.
¿La chica pertenecerá a la comunidad del Sur? Ha venido de esta dirección y se dirigía al Norte, pero entonces, ¿fue enviada por ellos sola?, eso no tiene sentido; después de que la vieron cruzar no recibimos más movimiento en ningún otro lado de los límites, así que no puede haber sido una distracción para una emboscada.
“Entonces, ¿por qué cruzaste el límite?”, pienso después de darle muchas vueltas y no encontrar respuesta, respuesta que la chica no me dio, “iba de paso”, ¿a qué se refiere con eso?, ¿de verdad iba de paso?, ya no lo sé.
MARC
―Zev quiere a la cazadora en la zona de juicios dentro de dos horas ―me dice Will entrando a mi despacho, dejándose caer en la silla delante de mí, asiento dispuesto a organizar a mis hombres.
―¿Tú no tienes trabajo? ―pregunto algo irritado.
―Hum… sí ―dice un poco dudoso, lo miro fijamente para después rodar los ojos y centrarme en el dispositivo de comunicación.
―Lleven la comida con el sedante, necesitamos llevarla al límite Este ―informo a los guardias de la prisión.
―Entendido ―responden al instante.
―¿El Alfa ya tomó una decisión? ―le pregunto a Will sobres nuestro líder.
―No estoy muy seguro, no me dijo nada, pero se le ve dudoso, como que le está dando muchas vueltas al asunto ―comenta lo que ha observado, yo tampoco estoy muy seguro, pero al fin y al cabo es una cazadora y los cazadores siempre serán una amenaza para nosotros, y considero que será mejor deshacernos de ella ahora que podemos.
―Bien, pues hay que movernos ―me levanto de mi escritorio, salimos del despacho en dirección de la del Alfa.
―Va a estar toda la manada presente, seguro la van a abuchear y lanzar cosas, maldita cazadora ―dice con resentimiento en su voz, cambiando su tono burlón de hace unos minutos.
―Esto es muy extraño, me desconcierta no estar seguro de lo que pasa ―le confieso serio, él me mira incrédulo.
―Es una cazadora, ellos nos han cazado por años, décadas, no muestres compasión por una de ellos ―dice algo rencoroso, lo miro igual de serio y asiento a sus palabras, tiene razón, no debería sentir compasión por una de ello.
CONNOR
―¿Agnes? ―pregunto.
―No está en la habitación, C ―responde Beatriz secamente pero percibo su preocupación.
―¿Qué? ―digo extrañado, pero si ella…, me doy cuenta de lo que ha pasado― Se ha ido al vacío.
No recibo respuesta, dentro de la habitación había mucha tensión, ahora que estoy al mando me siento un poco culpable de haber hecho llorar a Agnes, ella quería enfrentar al hombre por su cuenta, pero era una oportunidad para dialogar con él un poco más tranquilo, yo debí haber dialogado con él.
―Come ―escucho después de unos minutos quedándome en silencio, pensando. Miro hacia la puerta al guardia, trae lo mismo que le ha traído a Agnes los últimos dos días, me levanto para recibirlo con cara de pocos amigos, él simplemente se va dándome una de sus miradas típicas de odio.
Regreso a la tabla y me siento para comer lo que me han traído, esto ha tenido que comer estos días, arroz pastoso, pan duro, lo único que está bien es el agua.
Cuando termino de comer en silencio siento que algo va mal, mi visión se está tornando borrosa, siento que pierdo el control de las extremidades, me siento desorientado, como si el tiempo pasa lento pero rápido a la vez, como si estuviera en un sueño.
―¿Qué está-? ―consigo decir, intento levantarme pero mis piernas ceden y caigo, la bandeja choca con el suelo de piedra, trato de enfocar mi visión apretando mis ojos y volviéndolos a abrir pero me encuentro con que todo se mueve, ¿me han drogado?.
―¿Me han drogado, cabrones? ―les pregunto molesto―. ¡Me han drogado! ―grito conforme los síntomas se intensifican―. ¡¿Qué me han dado?!
―Apresúrense a sacarla de ahí y llevarla al punto ―escucho que le comunican por la radio.
Ya entiendo, me han drogado para llevarme al juicio, ¿les doy miedo?, qué ironía. Veo que abren la puerta y dos hombres se adentran rápidamente.
Me toman para levantarme, no puedo mover muy bien mis piernas por lo que me arrastran hasta el pasillo, intento soltarme pero cuando me dejan caer no sé cómo reaccionar, el aturdimiento y mi cuerpo casi entumecido no me dejan ponerme en pie para pelear contra los hombres.
―Malditos perros ―murmuro con enojo, de inmediato siento que me toman del cabello tan fuerte que suelo un quejido de dolor.
―No te atrevas a usar ese término con nosotros, sabandija ―dice el guardia que ha sido insoportable desde que llegamos, en respuesta recibe un escupitajo en su cara furiosa de mi parte, y él contraataca dándome una bofetada que me deja un poco más aturdido.
Toman mis dos brazos y los llevan a mi espalda, por más que lucho por alejarme terminan atándome de las muñecas, me levantan nuevamente y uno de ellos me carga en su hombro, como si fuera costal de harina.
―¡Suéltame, pedazo de imbécil! ―grito mientras pataleo y me remuevo sobre su hombro.
―Cállate ―dice en todo frío el guardia que me lleva en hombros.
La posición no ayuda en el esfuerzo que hago por disipar los efectos de la droga, ya que la sangre baja a mi cabeza causando más mareo y desorientación, veo que caen gotas de sangre, llevo mi lengua hasta mi labio y me doy cuenta que el maldito que me ha pegado antes me ha partido el labio.
―Los voy a matar a todos ―murmuro furioso―, empezando por el bastardo que me ha golpeado.
―Si no te callas te daré uno con la mano cerrada ―amenaza y con cada palabra que suelta siento hervir mi sangre aún más.
―Vete mucho a la mierda, idiota ―mumuro arrastrando un poco la lengua, maldita droga.
La luz del día me causa dolor de cabeza, hemos salido al exterior de la prisión, desde aquí puedo escuchar personas hablando, como si hubiera una multitud. Llegamos rápidamente a una construcción de madera, el hombre que me carga sube unas escaleras, seguido por dos más. Siento que mi cabeza va a explotar por la presión que se ha formado en esta. De repente siento que me desatan las manos de la espalda, me bajan pero mis piernas no se mantienen firmes por lo que el mismo hombre me toma de la cintura y me sostiene erguida, y por fin puedo alcanzar a ver que estoy frente a muchas personas que dicen y vociferan cosas que no puedo procesar debido a la sustancia que me han dado, ¿el juicio es al aire libre?, genial; ahora que tengo mis manos libres trato de golpear a los que tengo delante pero tienen mayor reflejo que yo ahora mismo que las toman fácilmente de nuevo y las atan en frente ahora, el cambio me confunde.
Veo a uno subir a una plataforma más alta a mi lado, quien alza mis brazos, y el que me sostiene por la cintura me levanta, y de repente me deja caer, gimo de dolor cuando siento que mis muñecas se rozan con la cuerda y siento que mis hombros casi se zafan de su sitio, me han colgado delante de la vista de la manada. Mi cuerpo cuelga sin fuerza, me cuesta mantener mi cabeza recta.
―Te han colgado, ¿qué-? ―escucho a Beatriz después de mucho tiempo en silencio, se escucha angustiada.
―Quieren regresar lo que las comunidades les hacen a ellos ―respondo dándome cuenta lo que están haciendo.
Escucho a la multitud gritar más fuerte, mostrar sus colmillos furiosos hacia mí, quieren acercarse pero los guardias los retienen, de repente todos cambian sus expresiones enojadas a una de miedo, de sumisión, soltando un rugido seguido de un aullido el Alfa hace su aparición, pasa entre la multitud, quienes abren paso para que su Alfa llegue hasta la estructura donde estamos colgando, seguido por el hombre que fue a interrogarnos antes que él.
―Manada “Lobos de Fuego”, estamos aquí reunidos para condenar o perdonar ―Ante esta última palabra todos comienzan a gruñir y gritar negándose a soportar la segunda opción, son callados de nuevo por el Alfa― a esta cazadora.
―¡Perdonar jamás! ―vocifera uno furioso, y otros más lo siguen.
―¡Silencio! ―grita el Alfa, firme, seguro, enojado, a mi lado― Sus crímenes: cruzar nuestros límites, herir a tres de los nuestros dentro de territorio licántropo, y a uno más en territorio humano.
―¡Culpable! ―gritan el público de inmediato.
Mi respiración es pesada, comienzo a desesperarme que no puedo estar con mis cinco sentidos bien como para intentar algo.
―¡Silencio! ―vocifera de nuevo el hombre que tengo al lado, haciendo que todos se callen. Siento que mi mejilla palpita y mi labio arde, llevo mi lengua para limpiar la posible sangre.
―¡Yo decidiré eso! ―dice con voz firme―, nuestros hombres heridos están bien, están recuperándose, por lo que no la condenaré a muerte, pero será castigada por su ataque hacia nosotros, será torturada hasta que hable, hasta que nos diga cuál era su verdadero propósito y- ―se gira para mirarme, veo que se detiene mirando mi rostro, miro su expresión dura y autoritaria se suavizarse por un milisegundo, le frunzo el ceño y le doy una mueca de disgusto hacia él y todo esto― lo que su comunidad planea hacer a nuestra manada.
Finaliza desviando su mirada hacia su manada, todos se alborotan por sus palabras, unos queriendo subir y torturarme ellos mismo, otros en desacuerdo que me dejen vivir.
Mis brazos comienzan a cansarse, mis muñecas están ardiendo, evito moverlas pero mis ganas de soltarme a veces son más fuertes que lo hago hasta que siento dolor y me detengo. Los efectos de la droga se están desvaneciendo poco a poco, mi cabeza ya no da vueltas pero duele a horrores, puedo mantener mis ojos bien abiertos y mantener mi cabeza alta.
De repente una alarma comienza a escucharse, fuerte y estruendosa por toda la manada.
―¡Nos atacan! ―grita uno de los guardias corriendo hacia nosotros, hasta que es impactado por una flecha, la miro y la reconozco, cazadores.