CAPÍTULO 11: “¿QUIÉN CREES QUE VENDRÁ A VERTE?”

2658 Palabras
AGNES Los siguientes días fueron más de lo mismo, dormir por ratos por culpa de los guardias que vienen a fastidiar, me alimentaron un par de veces más y parece que no le ponen nada extraño debido a que no he experimentado ningún tipo de síntoma o señal de que sea así; más gritos y ruidos que indican que tienen a más personas aquí encerrados, lo que ha provocado que Connor o Darren quieran salir, pero los he frenado para que no lo hicieran; me han negado el sacarme para ir al baño, han respondido a mis protestas con indiferencia y lo único que he conseguido es que me dieran papel periódico, me molestó muchísimo pero viendo sus motivos es entendible su oposición, he tenido que hacer en la misma celda, ha sido desagradable pero no me ha quedado de otra. ―Hey, sabandija, ¿quién crees que vendrá a verte? ―pregunta el más molesto de todos los guardias. Levanto la vista mostrándole con mi expresión irritada que no me interesa. ―El Alfa va a venir a conocerte antes de que se lleve a cabo tu juicio. ―Esa noticia me hace tener distintas emociones: nervios, incertidumbre, temor, resignación; todo eso aparece de repente que no sé cómo sigo firme delante del que me ha anunciado eso, no estoy segura con qué propósito ha venido a contarme esto o si tiene permitido avisarme, aunque sabiendo que lo único que ha hecho estos días es hacerme enfadar e incomodar no debería sorprenderme ya. ―Pues que venga ―le digo con enojo, no hacia el Alfa ni hacia él, aunque un poco, sino por diferentes factores que he estado pasando en este lugar, tanto que prefiero estar huyendo de ellos por el bosque que estar aquí cerca de este imbécil. ―Suerte con él, sabandija ―su sonrisa burlona aparece junto a una mirada de desprecio al ver que no ha logrado intimidarme o mostrarle mis emociones. Se gira para ponerse de nuevo a un costado de mi celda, lejos de mi visión; supongo que han asignado a dos guardias para custodiarme, ya que sólo lo he visto a él y al otro hombre que me ha estado trayendo la comida, ¿a dónde creen que iré estando encerrada aquí? ―Voy a salir ―Escucho hablar a Connor, frunzo el ceño ante su decisión. ―¿Qué? ―Mi pierna comienza a moverse nerviosamente, no puedo evitar pensar en lo que se viene. ―Que voy a salir cuando venga el Alfa, para llevar a cabo el “plan A” que establecimos ―se explica muy seguro de lo que va a hacer. ―No, lo haré yo ―respondo sonando convincente. ―Agnes ―me llama con tono de advertencia, siempre ha tomado el control en momentos tensos y de dialogar, manteniéndose firme y seguro delante de las personas. ―Connor ―le respondo siguiendo el juego―. Mira, fui yo la que tomó la decisión de entrar en este territorio, salió mal y ahora toca tomar mis consecuencias. ―Agnes, ¿eres consciente que “tus consecuencias” significan muy probablemente tu muerte? ―me dice de forma fría y cruda, casi perdiendo su propio control. Me quedo callada un momento pensando sobre eso, no quiero morir aquí, deberé esforzarme mucho para convencer al Alfa de que no me castigue con la muerte. ¿Por qué pensé que cruzar los límites era buena idea? No lo sé. ¿Me creía muy valiente? No, pero confiaba en que sería menos complicado con ayuda del sistema. ¿Hice mal al no intentar escapar de esta celda? Quizá, pero teniendo en cuenta que ya estoy en la manada las probabilidades de escapar son muy bajas. ¿Qué pensarían mis padres si aún estuvieran vivos? Seguramente estarían decepcionados por ver que acabé aquí después de todo lo que me han dicho y pensado que su crianza no valió mucho la pena, es triste pero conociéndolos estoy convencida que así es. ―Sí, lo sé ―respondo desanimándome conforme pasa el tiempo en silencio. Entrelazo mis dedos para calmar mis temblores, mis manos no sudan pero se enfrían de repente, trato de controlar mi respiración para no hiperventilar. ―Anda, déjame salir ―insiste afligido. Ya me siento con la bastante energía como para que vuelva a salir, pero no quiero que lo haga, es complicado, porque mis emociones quiere que él se encargue pero yo, mi mente consciente, quiero enfrentarlo por mi cuenta. ―No, y deja de insistir porque mi respuesta seguirá siendo “no” ―sustituyo el miedo por enfado, sé que no merece que le hable así pero él necesita que le hable así para que entienda que estoy segura, aunque aquí no estoy tan segura. ―¿Vas a hacer que salga a la fuerza? ―su tono sube un poco, y eso sí que comienza a enfadarme, entiendo su preocupación e instinto de cuidarme, pero no quiero seguir sintiéndome una inútil. ―Ni se te ocurra salir a la fuerza, Connor, sabes lo que eso puede ocasionar ―esa advertencia me hace temer pero me enoja más que él lo sepa y igualmente quiera hacerlo. ―Haré lo que sea para protegernos, Agnes ―suelta perdiendo la paciencia, sí está dispuesto a enviarme al vacío con tal de llevar la situación, me sorprendo entre mi desconcierto. ―No estás hablando en serio ―murmuro negando con la cabeza, negando a creer que es capaz de hacerme esto. Esta conversación me está afectando mucho en estos momentos, mis ojos pican, parpadeo tratando de alejar las lágrimas que amenazan con salir. No puede estar pasando esto ahora, seguro el Alfa ya viene hacia acá, ¿y lo primero que se va a encontrar es a una chiquilla llorando?, que patético. Connor no responde, escuché a Beatriz murmurarle un “ya cállate” muy molesta. No sé si mantenerme sentada o levantarme y enfrentarlo de cerca. Pasos acercándose me alerta, “bien, respira, es sólo una… ¿persona?, sí, es una persona, no debes intimidarte” pienso intentando calmar mis latidos, seguro ya los escuchó con su agudo oído; relamo mis labios intentando humedecerlos al sentirlos secos, mis ojos de verdad no quieren cooperar, lágrimas de ansiedad quieren salir, y no voy a permitirlo ahora. De repente hay silencio, tanto fuera de la celda como dentro de mi mente, al final me he quedado sentada en la tabla, levanto mi cabeza para encontrarme finalmente con el Alfa, quien me mira con frialdad, con tanta que no detecto ninguna emoción, pero puedo adivinar fácilmente lo que siente al verme en base a lo que he hecho y su mandíbula apretada. Casi casi tenemos una pelea de miradas, la cual él ya hubiera ganado debido a que estoy parpadeando en exceso y desvío mis ojos a ratos para contener el líquido dentro de mis ojos, aún así trato de mantenerme firme a sus ojos, no voy a mostrarme débil ante él, ni que lo crea. ZEV Llegué de regreso a la manada por la noche, no pudieron convencerme de crear alianza con ellos, ponían muchas condiciones que estaba seguro que no podría cumplir, como que si firmaba estaría firmando un especie de tratado de paz con los cazadores del Norte, por lo que terminé negando a pesar de las razones que me dieron para que lo hiciera, nunca confiaría en un cazador si lo tuviera al lado. Me informaron de la captura de la cazadora la noche anterior a mi partida a la reunión, por lo que tuve en la cabeza ese problema. Ahora que he regresado no puedo dejar esperar más este asunto, he decidido verla en cuanto he llegado, son alrededor de las nueve de la noche cuando me dirijo a la prisión subterránea, está a las afueras de la manada. Estoy cansado pero no tuve la oportunidad de correr durante el viaje a la manada vecina, por lo que aprovecho para hacerlo ahora. Siento el viento chocar en mi cara, percibir cada sonido y aroma que rodea la noche fresca; mis cuatro patas impactan duramente contra la tierra suelta, esquivo los árboles mientras salto alguna que otra gran roca que me encuentro por el camino. El convertirme en Alfa fue un gran paso para mí, inesperada la forma en que sucedió pero a final de cuentas en algún momento tenía que tomar el poder. Antes de llegar a la entrada del recinto me transformo en humano de nuevo, esta habilidad cuesta mucho de controlar, hay quienes han logrado transformarse en lobos pero se le ha complicado volver a su forma humana, y han tenido que permanecer en su forma lobuna por un tiempo antes de que su control vuelve y logran hacer el cambio, debido a esto, cuando fui nombrado Alfa di la propuesta de a parte de entrenamiento físico para combate, dispusieramos de entrenamiento para transformarse a voluntad. ―Alfa ―Me recibe uno de los guardias exteriores con ropa perfectamente doblada, la tomo y me cambio rápidamente. Cuando termino de acomodarme las prendas entro en el lugar, bajando por una cuantas escaleras hasta llegar al primer recibidor donde hay un guardia, da una reverencia con la cabeza dejándome pasar, simplemente lo miro serio, el cansancio me tiene de malas y esto me causa estrés. ―¿Qué me tienes qué contar sobre ella? ―pregunto uno de los guardias encargados de custodiarla quien me da una reverencia en cuanto lo tengo en frente, y quien ha venido a mi encuentro para llevarme con ella. ―No mucho, habla muy poco o casi nada, se mantiene sumida en sus pensamientos, ha dormido y comido… ―¿Comido? ―lo interrumpo deteniéndome para mirarlo con las cejas arrugadas―. ¿Por qué están alimentando a la prisionera? ―Ha sido idea del Líder de Seguridad, Alfa, planea crear confianza en su comida para cuando la movamos podamos dormirla con una sustancia que estará en su comida. No estoy de acuerdo en alimentar a mis prisioneros, se supone que están ahí porque han hecho algo malo, y su castigo comienza con no comer, pero debo confiar en mi Líder de Seguridad si cree que va a funcionar. Asiento para continuar por el pasillo. Llegando a las últimas celdas el guardia me indica en cuál está la chica, posicionándose a un lado para permitirme enfrentarla a mí. Me posiciono frente a la puerta y ahí la miro, sentada sobre la desgastada tabla, con su cabeza gacha, observo sus manos estrechadas, sus nervios son muy notorios, los latidos rápidos de su corazón delatan su miedo. No sé por qué no me siento del todo satisfecho de verla aquí, encerrada, con todos lo que han pasado por estas celdas he sito igual de frío al condenarlos a la ejecución por múltiples actos contra mi manada, pero no me siento cómodo pensando en lo que ordenaré que le hagan a ella. Y cuando alza su mirada para mirarme caigo en sus ojos, esos ojos que reflejan todas sus emociones, aunque todo su rostro y su lenguaje corporal que ha cambiado de repente intente reflejar fuerza y resistencia, su mirada me comunica todo lo que muy probablemente no quiere mostrarme. ―¿Quién eres y por qué has venido a mi manada? ―pregunto secamente, dejando de lado la confusión que ha creado en mi interior. Ella se mantiene casi inmovil mirándome, aunque trata de hacerlo fijamente parpadea mucho y desvía su mirada unas pocas veces, no dice nada. ―Te he hecho una pregunta ―digo esta vez con voz más alta y firme. ―Sólo iba de paso ―por fin responde, trató de que su voz sonara firme y segura pero parece que la tiene seca, lo que ocasionó que se le quebrara. ―Será mejor que digas la verdad ―le digo ante su intento de mentira, tengo experiencia con ellos. Veo como contrae sus ojos, como si estuviera molesta con lo que he dicho. ―Sólo iba de paso ―repite más segura de sus palabras, pero que lo repita cien veces no me va a convencer. ―¿Y hacia dónde ibas? ―pregunto cruzándome de brazos, mirándola fijamente. Me mira sin decir nada, parece que está analizando sus posibles respuestas en su mente, pero al final no dice nada. ―¿Quién es tu comunidad? ―pregunto comenzando a frustrarme por sus silencio, soy yo quien decide cuando va a responder, no ella, pero parece que no quiere cooperar, estoy harto de esto. ―¡Respóndeme! ―le grito usando mi voz de Alfa, para demostrarle que quién manda aquí soy yo. Evitando tocar la puerta de barrotes me acerco más a la celda, las puertas están cubiertas con plata, así evitamos que cualquier licántropo escape de aquí tan fácil. ―No tengo una comunidad ―responde tranquilamente, pero pude ver en su mirada y en su sobresalto que la he asustado con mi grito. ―Eso es imposible, te vieron hablando con unos hombres, ¿quiénes eran? ―pregunto dispuesto a darle un empujón para que comience a hablar, pero la miro vacilar, pensando en qué decir ―¡¿Que quiénes son?! ―pregunto de nuevo para que se apresure a responder, mi paciencia se agota y tengo muy poca. ―¡No los conozco! ―se ve un poco más molesta, yo sí que estoy furioso. ―¡Mientes! ―La acuso, miro como forma puños con sus manos, ese acto me hace enojar― Será mejor que abras esas pequeñas manos que tienes o te las romperé ―amenazo perdiendo poco a poco el control. Se resiste un poco pero finalmente las abre, poniéndolas sobre su regazo. ―Ahora me dirás por qué has cruzado los límites ―trato de bajar mi tono de voz sin dejar de sonar amenazador, a esta chiquilla le gusta retar, y conmigo no va a poder. ―Ya-te lo dije ―suelta entre dientes, miro en sus ojos que el miedo poco a poco es opacado por el enojo―, iba de paso ―dice en voz baja pero la he escuchado perfectamente. Aprieto mis dientes para evitar soltar un gruñido, mis puños están apretados a mis costados, la mirada retadora de esta chica me está sacando de quicio, pero las emociones extrañas persisten, ―Te estoy dando la oportunidad de redimirte, será mejor que lo aproveches ―digo evitando que los gruñidos atorados en mi garganta salgan entre palabras. ―Iba de paso, tu manada me atacó, yo me defendí ―dice un poco más centrada, que mencione a mi manada me vuelve a hervir la sangre. ―Te atacó ―digo en tono seco, negando con la cabeza―. Cruzaste los límites, ¿por qué? ―vuelvo a preguntar, si no responde a esta pregunta la condenaré. Se calla un momento, y de repente en su rostro se refleja el enojo, se levanta de un salto con sus manos hechas puño, se acerca dando zancadas hasta la puerta y se para delante de mí, plantandome cara para decirme: ―Iba de paso ―sus dientes apretados casi rechinan, su enfrentamiento me molesta y me sorprende a la vez, haciendo que la furia crezca en mi pecho. ―Te di una oportunidad ―digo entre dientes, no perderé el control delante de ella―, te veré mañana para tu juicio ―digo firmemente terminando con la conversación, me giro para irme, pero al avanzar por el pasillo escucho un grito, ha soltado un grito desgarrador, desesperado, me detengo en seco perplejo por su acción, pero no me giro para regresar a ver qué ha pasado, en su lugar un guardia se asoma por mi. ―Todo en orden, Alfa ―me dice, tomo una respiración y restauro mi postura firme y me alejo hacia la salida.
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