AGNES
Han pasado horas desde que desperté aquí encerrada, horas desde que el hombre vino a hacer un intento de interrogatorio. Traté de buscar entre los bolsillos de mi chamarra la navaja suiza que siempre traigo, pero encuentro todas vacías, me han saqueado los malditos.
He estado buscando algo con el que pueda abrir la puerta o usar como arma.
―No hay nada ―suspiro dejándome caer en la tabla, un poco derrotada, no sé si se han asegurado de dejar limpio dentro de lo que cabe para no dejar nada, ni un alambre, ni una piedra pequeña, nada.
―Tendrás que pelear cuerpo a cuerpo entonces ―responde Connor.
―Planean matarme, no puedo usar mis manos ―murmuro comenzando a irritarme, muevo mis manos en un intento de liberarme de las cuerdas o que se aflojen pero no ceden, sí que saben hacer nudos.
Escucho pasos por el pasillo, se acercan y sé que vienen a mi celda, espero sentada, me estoy muriendo de sueño pero sé que mi mente alerta no me dejará pegar ojo.
―Tu comida ―dice un guardia con una charola en mano, la pasa por debajo de la puerta de barrotes, me hace una seña para que me acerque a él, yo le frunzo el ceño― por mi puedes comer como un perro ―dice con rabia, sacando una navaja de su bolsillo, ahora entiendo que quiere cortar mis ataduras.
―¿Voy? ―le pregunto a Connor, no creo que me mate aquí, no puede desobedecer a su Alfa, ¿verdad?
―Sí… ―responde algo dudoso. Me levanto de la tabla y me acerco al hombre a paso lento, no me gustaría darle la espalda pero por que suelte mis manos lo haré; me giro para darle acceso a mis manos entre los barrotes, siento como corta la cuerda y me alejo rápidamente.
―Come —ordena sin mover su expresión facial seria, se gira para irse sin más. Sobo mis muñecas marcadas por la textura de las cuerdas.
―No confío en ellos pero me muero de hambre ―les comunico mirando el contenido de la charola: un vaso con agua, arroz frito y un trozo de pan. Es extraño que me alimenten si me quieren muerta.
―Huélelo ―me pide C, tomo la charola y la llevo hasta la tabla, sentándome huelo el arroz y miro el agua trasparente para olerlo también
―Ni que tuviera super olfato ―murmuro en tono un poco burlesco.
―Sólo huélelo ―insiste.
―No percibo nada raro ―le informo dudosa, el hambre se intensifica con el aroma y el hambre del sistema.
―No estoy seguro… ―dice y no sé que hacer si él no lo sabe.
Soltando un resoplido tomo la cuchara de plástico y tomo una porción del arroz, lo huelo una vez más tratando de detectar algún olor particular, pero no lo consigo, lo llevo a mi boca y mastico, algo temerosa de que tenga algo y me muera aquí mismo trago la comida.
―Sigo viva… ―digo esperando que algo suceda pero nada pasa.
―¿No sabía raro? ―Quiere saber, pienso saboreando, niego con la cabeza.
―Supongo que puedes comerlo, sé que lo necesitas, pero yo no me confiara mucho ―Advierte que tenga cuidado, tomar una decisión teniendo el alimento delante es complicado, no he comido en días desde que escapé de la casa.
―¿Qué posibilidad hay que me envenenen antes de ver al Alfa? No creo que se atrevan a retarlo así ―digo como una forma de tranquilizarme.
No recibo respuesta. Tomo el vaso con agua y doy un sorbo, siento el líquido humedecer mi boca y garganta, siento alivio.
Termino con todo, según yo sólo comería un poco pero no pude resistirme al hambre, el vaso queda vacío, el plato que contenía el arroz queda casi limpio, el trozo de pan ha desaparecido.
―Parece que estoy bien ―murmuro dejando la charola a un lado.
―Bien ―responde Connor secamente, lo ignoro, seguro está molesto por arriesgarme a comer su comida proporcionada.
Escucho a alguien acercarse, el eco por los pasillos me permite escuchar la mayoría de cosas que pasa por las cercanías.
El mismo hombre que me ha traído la comida se detiene frente a la puerta.
―¿Has terminado? ―pregunta con voz fría. Asiento firme y seria, incluso un poco avergonzada por dejar el plato y el vaso vacío. Me levanto del asiento, sin despegar mi vista de él pongo la charola en el suelo y lo arrastro para pasarla por un espacio debajo de la puerta de barrotes. El hombre desconfiado jala con el pie la charola hacia él, alejándola para cuando se agarra a tomarla no esté cerca de mí. Con charola entre manos se aleja de mi celda a través del pasillo.
―Eso es extraño, que me hayan alimentado, aunque no me quejo tampoco ―digo regresando a la que se supone es la cama.
―Pues aprovecha su repentina amabilidad para descansar ―sugiere Beatriz, tiene razón, sé que no me harán nada hasta que sea el “juicio del Alfa”, cosa que puedo usar a mi favor.
Me recuesto en la tabla, no es nada cómoda pero mi cuerpo pide a gritos que me duerma que esta superficie es más que suficiente en esta situación. Me cuesta un poco dormir debido a los diferentes sonidos que se presentan por el pasillo, y la alerta de Connor me mantiene alerta a mí, pero intento tranquilizarme un poco para poder descansar un poco.
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Soy despertada por un fuerte sonido, como un agudo golpe, asustada abro mis ojos para ver qué causó el ruido. Miro la puerta enfrente, encontrando al hombre que se ha burlado de mí cuando desperté por primera vez aquí, parado con un barra metálica en una mano y una sonrisa maliciosa dibujada en el rostro; deduzco rápidamente que él ha sido quien ha impactado la barra contra los barrotes de la puerta, y suponiendo que lo hizo con la intención de despertarme abruptamente. Ante esos pensamientos me fastidio, sé que no les agrado y no puedo reclamarles que no me dejen descansar, así que sólo me quedo callada mirándolo mal. No sé por cuánto tiempo dormí, si sólo unos minutos o un par de horas.
―Siempre te encuentro dormida, sabandija ―se mofa con una media sonrisa fingida, veo en sus ojos desprecio, se gana más silencio y una mirada penetrante de mi parte.
―Ya vino este imbécil a tocar los huevos. ―Escucho a Connor decir en tono molesto, todo lo que yo oigo ellos lo oyen, y saben que es fastidioso.
―Has disfrutado la comida, ¿he? ―menciona y supongo que se enteró que me he comido todo. Dejo de mirarlo para ver a la nada, ignorando su presencia, aún me siento cansada y medio adormilada.
―Como quisiera salir y decirle unas cuantas cosas ―ahora escucho a Beatriz quejarse también enfadada.
―He, te estoy hablando ―mi enmudecimiento parece molestarlo, en el fondo me alegro por sólo venir a molestar.
Vuelvo a cerrar mis ojos esperando que simplemente se vaya, ya tengo bastantes problemas y preocupaciones como para que venga este a fastidiar.
Pero él no planea dejarme tan fácilmente. Comienza a golpear la puerta con la barra de metal a un ritmo constante, resoplo molesta, ese sonido retumba en mis oídos, espero que él también esté sufriendo igual o más que yo debido a su super oído.
Cubro mis oídos con mis manos, pero mis intentos por impedir que el ruido me siga molestando fallan, abro mis ojos para fulminarlo con la mirada, él me regresa una mirada maliciosa. Aprieto mis puños cuando los alejo de mis oídos, me siento en la tabla y continúo mirándolo sin decir nada.
―¡Si no paras de hacer eso te juro que cuando salga de aquí voy a golpearte con esa misma barra! ―comienzo a hablar con mis dientes apretados terminando gritándole irritada por su acción, mientras me acerco lentamente a la puerta, y sorprendentemente se detiene pero suelta una fuerte carcajada sarcástica.
―Crees que vas a salir de aquí caminando ―dice con mofa, no viéndose intimidado por mi amenaza.
―Vamos a ver quién ríe al último, idiota―lo ataca Beatriz pero él no escucha el insulto.
Niego con la cabeza, seguro todo mi rostro muestra mi enfado hacia él pero ya no me importa mostrarle ese sentimiento. Me alejo de él no sin antes mostrarle con mis ojos que lo odio muchísimo por haberme despertado de esa manera.
Cuando voy a recostarme para volver a intentar dormir el hombre desagradable retoma los impactos de metal con metal. De verdad saca la parte más agresiva de mí.
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Después de mucho tiempo el hombre que se propuso molestarme se fue dejándome sola por fin. Traté de dormir de nuevo pero no lo conseguí, parece que estaban torturando a alguien en otra de las celdas cercanas, escuchaba sus gritos y gruñidos de parte de los licántropos; mientras escuchaba no pude evitar en cuando me “juzgaran” a mí, en lo que me harán para pagar lo que les hice, y cuál podría ser mi castigo, o si llegarán a a ir más allá de un castigo, mi ejecución.
―¿Estás dormida, Agnes? ―pregunta Beatriz en tono suave.
―No, el idiota me causó dolor de cabeza ―respondo algo cansada, acurrucada sobre la tabla, tengo un dolor en la frente a causa de tanto ruido y estrés que me hizo sentir el insoportable cambiaforma.
―Tuve ganas de salir para quitarle ese tubo y darle con él en la cabeza, y eso que no soy violenta ―comenta y por su tono sé que tiene una sonrisa recordando lo irritada que se puso.
―Todos quisimos golpearlo ―agrega Connor, de él si me esperaría que lo golpeara.
―Hasta Darren soltó un “idiota” dedicado a él ―dice B revelando la reacción del anciano, parece muy sereno y todo pero también tiene sentimiento. Sonrió un poco al imaginarlo diciéndolo.
Hace rato los gritos y sonidos para nada agradables cesaron, el ambiente no es totalmente silencioso pero me permite relajarme para intentar dormir otra vez.
MARC
Quise darle una visita a la prisionera causante de la heridas con balas de plata de cuatro de nuestros hombres, para intentar obtener algo de información pero se mostró poco colaborativa, no respondió a las preguntas que le hice.
Debo admitir que cuando la vi algo chocó dentro de mí, ¿cómo una joven como ella pudo herir y huir de tres hombres lobo?, sus actos no concuerdan con su apariencia un tanto adorable, nadie se imaginaría que ella puede fácilmente contra uno o más hombres, sean hombres lobo o no. Pero el daño está hecho, y ella debe pagar por ello, sé que el Alfa no va a ser nada benevolente con ella.
Se marchó esta mañana diciendo que no se sentía con los ánimos para ver a la causante de su enojo, diciendo que cuando regresara se encargaría de ella, le pedí que considerara interrogarla primero para saber lo que planean, no se mostró muy de acuerdo pero comentó que se lo pensaría.
Le dije a uno de los guardias que le llevara algo de comida, con el propósito de hacerla confiar en lo que ingiere para cuando tengamos que sacarla de ahí la durmamos con una sustancia en su alimento y sea menos riesgoso que intente algo, ahora que sabemos que está muy entrenada, y que eso la vuelve peligrosa, debemos tener mayor precaución con ella.
Llaman a la puerta del despacho, indico con un “pase” algo distraído que la persona entre.
―Hey, ¿fuiste a ver a la cazadora esa? ―pregunta Will entrando a la habitación, con una expresión seria poco usual en él.
―Sí, esta mañana, traté de sacarle algo que nos sirva pero no cedió, es resistente ―respondo dejando de lado algunos papeles y lo que estaba tecleando en la computadora, lo miro algo cansado, ya casi es hora de que me vaya a descansar pero las cosas por hacer no paran.
―¿Sabes? Se sintió raro acusarla de lo que hizo, cuando la vi a los ojos me percaté que estaba asustada, claro que intentó hacerse la fuerte pero las emociones estaban ahí ―le confieso lo que no le he dicho a nadie.
―¿A qué te refieres? ¿No me digas que le tienes compasión? ―pregunta incrédulo, niego rápidamente con la cabeza.
―No, porque ha sido ella quien a cruzado los límites a voluntad y disparado a tres de los nuestro durante esa persecución y a otro más durante la cacería, es sólo que algo no me cuadra, no se está comportando como otros cazadores con los que he cruzado palabra, no ha insultado a nuestra manada o dicho que nos merecemos esto, tampoco es que haya hablado mucho ―le cuento mis sospechas, su reacción a su captura no me parece tan raro, pero su nula amenazas a la manada o a nuestra especie se me hace extraño.
―Pues ya averiguaremos qué es lo que quería conseguir cruzando los límites, Zev se encargará de eso ―se encoge de hombros mostrándose indiferente a lo que le acabo de decir.
―Sí, lo sé ―simplemente respondo, pensativo.