CAPÍTULO 9: “VACÍO”

3979 Palabras
AGNES Estoy envuelta por la oscuridad del vacío, no oigo ni veo nada, ni una pizca de luz ni sonido. Siento mi cuerpo, puedo mover mis extremidades pero no estoy apoyada en nada, simplemente estoy flotando, incluso diría que cayendo de a poco, un movimiento casi imperceptible. Mis oídos se abren permitiéndome escuchar mi respiración acelerada, incluso puedo escuchar y sentir las palpitaciones de mi corazón, así como la sangre fluir por mis venas, como una especie de hormigueo. ¿Por qué no fui a la habitación? ¿Fue por la inconsciencia repentina? ¿Dónde estoy? Y es con esas preguntas que me doy cuenta a dónde voy, el vacío de los recuerdos, recuerdos que más temor me dan, como un lugar muy adentro de mi mente, lugar que Connor ha bloqueado para que no salgan a la luz y no pueda verlos más, pero comprendo que existen, y ahora estoy yendo directamente a ellos; ya he estado ahí, cuando aún no conocía al sistema, incluso después de conocerlos, caía en ese vacío cuando me dejaban inconsciente en cualquier entrenamiento, sí, los entrenamientos son duros, no importa quien seas, es lo mismo para todos los jóvenes; y aparecían en las pesadillas mientras dormía. De repente el ambiente liviano que sentía a mi alrededor se vuelve turbulento, como si saber que voy hasta esos recuerdos acelerara el proceso de que suceda. Comienzo a caer hacia la nada, no sé si estoy en las alturas o simplemente está todo vacío. No puedo escuchar mis gritos, puedo sentirlos pasar por mi garganta y salir de mi boca pero mis oídos no captan el producto del aire pasar por mis cuerdas vocales. Lanzo manotazos intentando involuntariamente de sostenerme de algo para frenar o detener la caída; mi estómago se alza, creando la sensación de vértigo, confundiendo a mi cerebro, ocasionando que mi visión se desenfoque y el mismo estómago que se mueve comienza a generar nauseas por el inestable movimiento de mi cuerpo. Intento relajarme pero la situación me lo impide, mi cuerpo girando por la falta repentina de gravedad, no siento aire golpeando mi cuerpo pero sí una fuerza alrededor de mí, como si estuviera traspasando un portal o algo así. Aprieto mis ojos para intentar calmar la sensación de aturdimiento, de vértigo y las náuseas, deseando que esto termine, y como si me hubieran escuchado me detengo, pero aún tengo todas las alteraciones que la caída causó, mi cabeza sigue girando incluso diría que estoy temblando, recupero el aliento en la misma posición que estoy, me siento flotar de nuevo, no impacto contra nada pero sé que he llegado al lugar que creí. A través de mis párpados percibo iluminación, abro de a poco mis ojos, acostumbrandome al brusco cambio de entorno, cuando los abro por completo me sorprendo, a pesar de ya haber estado aquí antes nunca me acostumbro a este lugar, me doy cuenta que continúo cayendo pero a una velocidad muy lenta, la misma sensación que un principio. Durante la lenta caída veo de dónde provienen las luces, de los mismos recuerdos, algunos de esos recuerdos que me gustaría olvidar. Me centro en uno de ellos, la secuencia de imágenes que puedo ver en la especie de orbe se reproduce despacio, una pequeña yo aparece golpeando una puerta rígida con lágrimas en sus ojos, y de inmediato recuerdo lo que sucedió ese día. Los entrenamientos de la comunidad desde la infancia han sido severos, agotadores e incluso crueles; ese día me negué a pelear contra otra de las niñas de la comunidad, mis padres insistían molestos, diciendo “no es posible que tengas miedo de luchar”, y no era miedo, no quería golpear a esa niña con la que hubiera preferido jugar a las muñecas, como consecuencia me encerraron en una habitación muy pequeña insonorizada, con un colchón muy delgado y un baño, literalmente una celda. Recuerdo haber estado gritando por mucho tiempo que me dejaran salir, pidiendo perdón por desobedecer a gritos, no supe cuanto tiempo estuve ahí sin comer y negándome a usar el baño, y sin escuchar el mundo exterior, todo era silencio, tanto que podía escuchar mis propios pensamientos, o eso creía que era, luego até cabos y supe que era Beatriz quien me hablaba, consolando a una niña de cinco años. Dirijo la atención a otro recuerdo: una yo de once años siendo lanzada a una piscina de dos metros de profundidad atada de manos y pies, con el propósito de desatarme rápido antes de ahogarme, suena divertido, ¿verdad?, pues yo no me divertí nada en esa ocasión, casi me ahogo en esa práctica, tuvieron que sacarme cuando vieron que me movía mucho intentando salir a la superficie. Viendo estos recuerdos no generan los sentimientos que imaginé, creí que sentiría temor, humillación o aflicción de volver a verlos pero lo único que siento es rabia e indignación, una impotencia de ver lo que le hacen a esa niña indefensa, ¿cómo unos padres le hacen eso a su pobre hija? ¿Por qué existe una comunidad que obliga a las personas a seguir una línea? Estos recuerdos en lugar de perturbarme o dolerme me hacen estar aún más segura de lo que ya no quiero, ya no quiero ser esa niña asustada, y el coraje que me provocan estas imágenes me dan el valor suficiente para enfrentar lo que viene. Los hombres lobo me tienen, y tengo que escapar de ellos, una vez más. ☆ ────── ☽︎ 〄 ☾︎ ────── ☆ Despierto sobresaltada, ya no estoy en la oscuridad de mi mente, ahora estoy en medio de una prisión, recostada de lado sólo veo una pared de piedra, me incorporo lentamente hasta sentarme, con un dolor que se extiende por todo mi cuerpo y las manos con las mismas ataduras que el hombre hizo cuando me capturaron a mis espaldas. Afortunadamente mis piernas están libres, me siento en posición “Guerrero indio”, doblo una de mis piernas hacia afuera para impulsarme hacia adelante y ponerme de rodillas, finalmente levantarme usando la fuerza de mis piernas. De inmediato siento un mareo y dolor de cabeza que me hace tambalear, soltando un quejido y una mueca de dolor, examino de nuevo la pequeña celda, las tres paredes de piedra mas la puerta de barrotes me encierran, hay una tabla que se supone es la cama al fondo de la habitación y nada más, no hay ventana que me permita ver si es de día o de noche, supongo que es de día debido a que el lugar es cálido; lo único que ilumina es una bombilla colgando del techo y el pasillo también tiene una iluminación amarilla. Miro mi ropa cubierta de barro seco, y sé que mi cara también lo esta debido a que el hombre me derribó y rodé por la tierra, pegándose a todo lugar que tenía mojado, casi todo mi cuerpo; me han despojado del cinturón y mis armas, normal. ―¿Cómo te sientes? ―escucho la voz tranquila de Beatriz. ―Adolorida, con hambre y sueño ―suelto con disgusto pero con seriedad en mi rostro, iniciando la conversación en mi mente. ―Perdón por perder el arma, perdón por no haber dado en el blanco, perdón por haberte hecho salir ―se disculpa apresuradamente, una media sonrisa se forma en mi cara. ―No es tú culpa, lo hiciste bien para ser tu primer enfrentamiento ―le respondo en tono de broma pero siendo comprensiva, no me gusta que sea dura con ella misma, sé cuanto le importa la opinión de los demás sobre ella ―, nunca te culparía por querer ayudarme, y estoy agradecida por ofrecerte a corre ―agrego sincera, reprimiendo una sonrisa. ―No estuvo tan mal, cuando salgamos de aquí agregaré ese hábito, lo juro ―detecto alivio en su voz. Me quedo callada, volviendo a lo que vi en el vacío, los recuerdos más dolorosos que tengo, ya no sé qué pensar de mis padres, ¿se merecían morir? Yo creo que no, sí, me hicieron cosas crueles pero sin el entrenamiento que ellos me dieron no hubiera llegado tan lejos, a pesar de estar prisionera por licántropos, la resistencia y esperanza aún fluye por mi cuerpo, no me voy a rendir ahora. ―Fuiste al vacío ―afirma Connor, y no necesito mirarlo para saber que tiene una expresión seria, incluso sombría debido a su tono preocupado. ―Sí ―le respondo sin más, no creo conveniente hablar sobre ello ahora. ―Lo siento ―dice algo desanimado. ―Estoy bien ―Trato de que deje el tema de lado, per insiste. ―Perdón por permitir que fueras ahí, no deberías ver más esos recuerdos, ―Se sincera conmigo, sé que se siente mal por “no haber dado lo suficiente”, pero en el embrollo que estoy metida fue por mis decisiones, y debo enfrentarlo. ―, y por no protegerte como debo hacerlo ―agrega antes de que pueda responderle, sí que se siente mal. ―No es culpa de ninguno de ustedes, y si hay que culpar a alguien es a mí, esto no salió como esperaba pero prefiero vivir esto que continuar sintiéndome miserable en esa comunidad ―les digo firme, por primera vez me siento en control, puedo tomar decisiones por mí misma, me equivoqué pero voy aprender de este error, ahora debo enfocarme en escapar de aquí―. Ahora, debemos pensar un plan para salir de aquí, ¿creen que podremos dialogar con ellos? ―No creo que quieran dialogar, puedes intentarlo pero te advierto que si sospecho que te harán daño voy a salir ―dibujo una sonrisa en mi rostro ante su actitud protectora, sí le creo así que sólo asiento con la cabeza, aunque no sé si tengo la energía para hacer el cambio, a pesar de estar inconsciente no descansé. ―Bien, plan A: dialogar, ¿plan B? ―cuestiono mirando la puerta, mirando la celda de enfrente vacía. ―Luchar ―propone C como si fuera obvio. ―De acuerdo, ¿debería intentar escapar ahora o esperar a que me saquen y atacar? ―pregunto pidiendo su opinión, sé que analizará las opciones para encontrar la mejor. Esperando su respuesta comienzo a escuchar pasos por el pasillo, me siento tensa en la madera frente a la puerta, esperando a ver de quién se trata, con una expresión seria en mi rostro. ―Veo que has despertado ―se detiene un hombre delante de la puerta de barrotes gruesos, mirándome con desprecio y enojo. No respondo, con la barbilla en alto le sostengo la mirada, trato de no reflejar mis emociones en mis ojos, estoy parada delante de él sin mostrarle miedo. ―Sí que has sido un grano en el culo, hay personas más que molestas contigo, niña ―me informa, mostrando un poco de mofa en su voz, pero el enojo persiste. ―¿Y qué piensan hacer? ―no planeaba que mi tono sonara retador, pero ha sido así. ―No sé si eres muy valiente o muy tonta ―dice resoplando una risa amarga, siento el enojo de Connor ante el insulto del hombre, a mi no me afectan sus palabras. Un inconsciente suspiro sale de mi pecho, en cierto punto me siento segura detrás de los barrotes, pero me angustia cómo me harán “pagar” por lo que les hice a esos hombres pertenecientes a su manada. ―La chica ha despertado ―avisa a través de una especie de radio, sigue mirándome fijamente, percibo que el enojo ha disminuido un poco pero no es agradable su presencia. ―Voy para allá ―le responden al instante, ¿quién vendrá?, ¿el alfa?, ¿comenzará la tortura?, el miedo aparece con esa respuesta, generando preguntas divagantes en mi mente, él es consciente de mi miedo, no sé si lo vio en mis ojos o al escuchar mi acelerado corazón. ―Tranquila, nos uniremos para sacarte de aquí ―alienta Connor con una voz segura, funciona un poco, sí él lo cree posible también lo creo. ―Espero que no sea muy duro contigo, no me gustaría ver lágrimas por ese rostro tan bello que tienes ―se burla con una sonrisa maliciosa, siento con fuerza la furia de Connor y de alguien más, Beatriz, me molesto también pero me preocupa más que llegue el que le ha respondido el mensaje. ―Tienes algo en la cara ―hace un gesto en su rostro aludiendo al lodo en mi rostro, lo fulmino con la mirada sin moverme, se aleja soltando una risa profunda. ―Idiota ―Cuando está lejos de mi campo de visión muevo mi rostro hacia mis hombros para intentar limpiarlo con mi chaqueta, pero con las manos atadas no puedo quitarlo como quisiera. El hombre ha removido mis emociones y las ha visto a través de mi mirada, mierda, nunca he podido esconder muy bien mis sentimientos, espero que cuando tenga al alfa delante no sea como un libro abierto a su alcance. Me quedo sola, el silencio me rodea, de vez en cuando suenan puertas abriéndose y cerrándose, pasos y voces de lo que supuse son guardias de esta especie de prisión. ―Bueno, están molestos ―murmuro respirando pesadamente, los nervios son reales, la incertidumbre crece progresivamente, mis manos comienzan a sudar, me siento y recargo mi cabeza en la pared, cerrando los ojos. ―Tranquilízate y escucha, vas a quedarte en silencio hasta que te diga qué decir, ¿de acuerdo? ―me indica Connor estratégico, sólo le asiento con la cabeza. ―Creo que voy a vomitar ―murmuro, siento que mi estómago se revuelve, siento los nervios crecer en él, la manía de mover mis piernas aparece. ―No vas a vomitar, relájate ―responde casi reprimiéndome. Escucho el eco de una puerta abrirse, seguido de pasos por el pasillo, respiro hondo y me incorporo. Los pasos se acercan, suenan firmes, mi corazón choca en mi pecho, un nudo comienza a formarse en mi garganta, no soy tan valiente como pensé, quiero irme de aquí. Me inclino hacia enfrente, bajando mi mirada a mi regazo, sin darme cuenta mi respiración se agita, mis piernas hacen agitar todo mi cuerpo, mis ojos pican por las lágrimas que amenazan con salir, las que trato de parpadear para que no salgan. ―Contrólate, Agnes, puedes hacerlo, fuiste entrenada para esto, enfréntalo ―escucho a Connor decirme con fuerza, puedo sentir su valentía y coraje; aguanto un momento la respiración y suelto todo el aire de una, soltando todas las emociones que no quiero sentir ahora mismo, justo a tiempo cuando siento la presencia de alguien deteniéndose frente a la celda. ―¿Quién eres y por qué has venido a traer problemas a esta manada? ―Va directo al grano, levanto mi mirada ocultando todo lo que quiero soltar detrás de una mirada fría, sosteniéndole también la mirada. Me mantengo en silencio cuando C no me dice qué responder, el hombre delante de mí me penetra con sus ojos azules, sus cejas gruesas están fruncidas, todas sus facciones están tensas, sus labios forman una línea, su mandíbula rígida me da a entender que tiene sus dientes apretados, me muevo de su rostro a su cabello oscuro, lo estoy analizando mucho, “detente, Agnes”, me digo. ―Cruzaste los límites y heriste a tres de nuestros hombres, heriste a otro más en territorio humano, ¿qué planea tu comunidad? ―se mantiene firme delante, me quedo en silencio esperando una respuesta de Connor, la que no llega. ―Ustedes fueron a buscarme en territorio humano, cosa que no está permitido para ustedes ―le contesto a la segunda acusación, me sorprendo que mi voz no sale entrecortada o en un hilo. ―¡Agnes! ―me regaña Connor, ya lo he dicho y ya no hay marcha atrás. ―Tú atacaste primero, teníamos el derecho de juzgarte por tu ataque en nuestro territorio ―Mierda, tiene razón, pero no se lo voy a decir, me mantengo indiferente mientras veo que él se enfada más y más. Me di cuenta que también me estaba analizando con la mirada, con odio en ella por herir a su familia, sé que las manadas son muy unidas, si uno es herido todos buscan al culpable queriendo venganza. ―No hables ―se adelanta C en advertirme, no sé qué responder a eso tampoco, debo admitir que el hombre me intimida un poco. ―Te recomiendo que hables conmigo porque el Alfa no será nada amable contigo, está de verdad furioso con esta situación ―sugiere ante mi silencio. ¿Cómo? ¿Él no es el Alfa? Ya decía yo que no es tan imponente; inconscientemente frunzo el ceño mostrándole mi confusión, cuando me doy cuenta que lo he hecho él ya lo ha visto. ―Tú gente va a pagar por lo que haz hecho, te enviaron sola a tu muerte y caíste como estúpida por creerles que podrías conseguir tu misión ―trata de hacerme enojar para sacarme información, ¿creen que he venido por influencia de mi ex comunidad? ¿Por qué creen-? Caigo en cuenta, me han visto hablar con los hombres de la comunidad desconocida, cosa que me dan ganas de corregirlo. ―Que no hables, Agnes ―Connor anticipa mis acciones, estaba a punto de responderle que no me envió nadie pero me reprimo juntando mis labios, y de paso los humedezco, con los nervios se me han secado y la garganta también. ―Bueno, espera tu juicio ante el Alfa, mujer ―suelta con desprecio, ha sido otro quien se ha enfurecido más, le regalo otra mirada fría antes de que se gire y se vaya dando pasos duros y firmes por el pasillo hacia la dirección de donde ha venido, la salida está por allá, bien. Me levanto de un salto para ver hacia dónde se ha ido, me asomo por los barrotes, veo su espalda ancha, sus manos apretadas y su caminar seguro; gira a la izquierda en una intersección de tres pasillos. ―No era el Alfa, pero seguro es alguien de alto mando, ¿quizás el Beta? ―hablo más para mí que para ellos pero sé que me han escuchado. Siento una presencia a mi izquierda, giro rápidamente encontrando a un hombre de pie fuera de la celda, el guardia me lanza una mirada gélida, me alejo de la puerta y regreso al centro de la habitación. ―¿Qué parte de “no hables hasta que te diga” no entendiste? ―escucho el regaño del chico protector, giro mis ojos, comienzo a hartarme de esto, camino nerviosa por la celda. ―No ha pasado nada, debo salir de aquí antes de que venga el Alfa, sino sí habrá problemas ―le respondo en su mismo tono, todos estamos nerviosos y tensos pero no le da el derecho de hablarme así. Lo escucho suspirar pesadamente, se siente impotente de estar dentro y no aquí delante. Mi cabeza comienza a palpitar del estrés que crece en esta, estoy muy cansada pero este momento es crítico, no puedo rendirme aquí, teniéndolos tan cerca de mí. ☆ ────── ☽︎ 〄 ☾︎ ────── ☆ URKO Llego a la manada del hombre que me ha “contratado” para una misión “importantísima”, según sus palabras, no me ha dado razones del por qué la quiere, ni me interesa mucho, la verdad, sólo que le trajera a la chica, y con el odio que lo ha pedido es muy probable que la quiere desaparecer; además de que si aceptaba esta tarea me perdonaría la vida, eso sí que me interesa, sé que se alegrará de que esos fieles licántropos se hayan encargado del trabajo sucio. Me detengo a unos metros frente a la cerca donde hemos acordado vernos, ubico a uno de los guardias del perímetro, que está atento entre los árboles, y estoy seguro que es quien ha puesto Canow como mensajero de que he regresado, salgo un poco a la vista y le hago una seña, este baja los binoculares que estaba usando y asiente con la cabeza. ―El can llegó del paseo ―escucho al hombre habla a través de una radio, un gruñido resuena en mi pecho ante la expresión que ha usado. Maldito. Espero unos minutos entre la oscuridad, el amanecer comienza a verse por el horizonte, oigo un silbido de parte del hombre canoso frente a la cerca, viene respaldado por dos hombres armados, apuntando hacia mí, no es nada tonto. Mira detrás de mí, buscando a su objetivo, estrechando sus ojos sospechando que algo no va bien. ―¿Y bien?, ¿dónde está? ―pregunta lo que le interesa, su expresión es dura y demuestra enfado. ―Hola, buenos días. ―Le lanzo una sonrisa burlón, alzando las manos en modo de reverencia sarcástica. ―Déjate de juegos, ¿dónde está la chica?, dime qué la trajiste ―comienza a irritarse el señor, apretando los dientes se le salta una vena de la frente, necesita relajarse si no va a explotar. ―Tranquilo, te traigo una noticia que sé que te va a gustar ―continúo con mi tono burlón, sé que estoy jugando con fuego, pero me gusta el fuego, y no tengo miedo de quemarme. ―¿Cuál es? ―cuestiona con recelo, sospecha que se me ha liado. ―Tu problema ha sido resuelto, ―Comienzo, él hace una mueca confundida completamente molesto―, la manada “Lobos de Fuego” se la han llevado y seguro la van a asesinar ―me adelanto a decirle lo sucedido en resumidas cuentas, espero su reacción. ―¡¿Qué?! ―Me sorprendo cuando abre mucho los ojos y una vena del cuello se salta cuando grita furioso, diría que casi rabioso, ok, no es la reacción que esperaba― ¡¿Qué has dicho?! ―da un par de pasos más hasta tocar la cerca, si está verdaderamente enfurecido, comienzo a dudar de quién es “la bestia” aquí. ―Parece que también la estaban cazando, no hablaron mucho, pero uno de ellos mencionó que hirió a los suyos sin piedad, quizá es un ajuste de cuentas ―comienzo a vacilar sobre el propósito que tenía el hombre con la chica, su reacción me hace ponerme a la defensiva, la broma en mí se ha esfumado rápidamente. ―De verdad que eres… ¡idiota! ―vocifera hacia mí, suelta un pesado suspiro y se toma el puente de la nariz, tratando de calmarse― Bueno, si tenemos suerte llegaremos antes de que la ejecuten, la traeremos aquí para deshacernos nosotros de ella y de paso nos deshacemos de esa manada ―cuenta su plan más calmado, ha cambiado su actitud muy rápido, suspira un último suspiro antes de mirarme directamente. ―Encárguense de él ―apunta con su cabeza hacia mi dirección, me sorprendo por su orden. ―He, he, he, que habíamos hecho un trato. ―Me apresuro a reclamarle muy indignado ante su decisión, parando a los hombres que me apuntan de frente y de arriba los que vigilan su perímetro. ―Yo no hago tratos con bestias, ¿de qué estás hablando? ―responde cínicamente para después dar la orden con su mano para que cumplan su anterior petición. Me giro furioso, corriendo de las múltiples balas que lanzan las armas de los cazadores asquerosos, me adentro entre los árboles para que no tengan visión de mí, suelto un gruñido enfadado, me adentro más y más por el bosque, alejándome de ellos, maldita rata. ―Asegúrense que está muerto ―escucho que ordena el hombre, el líder de toda esa comunidad ponzoñosa.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR