CAPÍTULO 8: “PERSECUCIÓN”

3503 Palabras
AGNES HACE OCHO AÑOS ―¡Corre, no te detengas, vamos, vamos! ―me gritaba papá cuando me miraba disminuir la velocidad de mi trote. Salimos desde temprano a rodear el territorio, “para calentar” según mi padre, pero estoy que me muero ya, corrimos desde el centro de la comunidad hasta casi llegar a los límites, ahora quiere que rodeemos todo el límite, pero necesito un momento para descansar que seguro él no me dará. ―Ya no puedo más ―logro murmurar entre mi respiración agitada, mis músculos queman y siento mis piernas temblar. ―¡Sí puedes, no voy a criar a una mujer débil! ―me grita desde cierta distancia, se ha detenido para hacerlo, y yo lo emito para recargar mis manos en mis rodillas, tomando bocanadas de aire, sienta las gotas de sudor caer por mis sienes. ―Vamos, no te detengas ―papá se acerca a mí, su figura imponente se para a mi lado, puedo escuchar su respiración, no me atrevo a alzar la vista para mirar su rostro que sé que está serio y con sus ojos me dirá que más vale que obedezca. ―Sólo- un momento ―le pido en un susurro, mirando la tierra bajo mis pies, con un pequeño mareo cruzando por mi cabeza y nublando un poco mi visión. ―Si te estuviera siguiendo una de esas bestias ya estarías muerta, pero como no es así, muévete. ―Lo escucho murmurar con frialdad, esa oración crea reacción en mi interior, siento miedo, disgusto, y sobre todo enojo, lo que me hace incorporarme pero aún así no lo miro. Una voz me susurra que siga corriendo, que le demuestre que se equivoca con las palabras que ha soltado, hacerle ver que no soy “débil”. Asiento con la cabeza y seriedad en mi cara hacia la voz pero también como una respuesta hacia la orden de mi padre, reanudo nuestro trayecto, decidida a comerme el dolor y el cansancio. PRESENTE Escucho gruñir mi estómago, no he comido desde que salí de la casa de mis padres, de eso hace alrededor de siete horas la noche ha caído hace poco, y en esta área tan frondosa del bosque la luz de la luna no ilumina tanto mi camino. Veo que Beatriz ha logrado avanzar a través del bosque del territorio humano, nunca he visto a B hacer nada que tenga que ver con entrenamiento, y el ver que haya decidido salir y esforzarse por correr para llevarnos hacia la ciudad me hace sentirme agradecida por tenerlos conmigo. ―¿Creen que podemos descansar aquí? ―pregunta B deteniéndose de a poco para finalmente sólo caminar. ―No creo que sea seguro ―le responde Connor al instante, y estoy de acuerdo con él. ―Carajo, ¿cómo aguantaste correr tanto, C? ―se queja mientras se seca el sudor de la frente, mueve la chamarra que lleva abierta para echarse aire en el rostro ―Te acostumbras con la constancia y con disciplina rigurosa ―le comenta, miro su postura menos tensa, su rostro un poco más relajado, incluso en su tono de voz detecto burla. ―Uy, que pereza ―murmura la rubia en tono burlón pero sé que en cierta parte es sincera. Entiendo a lo que se refiere C, a mí me criaron básicamente con mucha dureza y cierta intolerancia, pero también entiendo a B ahora que sé cómo fue su vida, cuando me tuvo más confianza y se dio cuenta que no que soy alguien malo, me contó parte de su existencia antes de formar parte del sistema, mencionó que era una mujer de casa, que se casó joven creyendo haber encontrado el amor verdadero, se burló del hecho que era rebelde y que creía que podía controlar todo lo que la rodeaba, admitiendo a su vez que era algo narcisista; pero cuando se dio cuenta que estaba muy equivocada y que habían tomado su propio control era demasiado tarde, se vio envuelta en una relación dañina en todos los sentidos, desde psicológica como física, aunque me decía que no se sometía ante nadie y menos a su pareja, ya que se causaban daño mutuo, ella salía más herida por la evidente diferencia de fuerza, no podían alejarse, era un amor-odio nocivo; decidió no contar más sobre esos sucesos y yo respeté eso, me confió lo que aprendió y cosas que aún teme a raíz de eso, su confianza y personalidad osada se fortaleció con el tiempo, su carácter fuerte la ayudó a no rendirse, cosa que admiro de ella, a pesar que a veces puede ser desconfiada con las personas creyendo que pueden hacerme daño más allá de lo físico y ser un poco hostil con quienes cree que me toman por ingenua, aprendemos unos de otros cada día, al fin y al cabo somos un equipo, y ellos están para protegerme quiera o no. ―Detente, agáchate ―murmura C mientras se pone a la defensiva en su asiento, mirando atentamente la pantalla delante, poniéndose tenso de nuevo, y ante esto también lo emito, temerosa del por qué lo ha dicho, incorporándome de la cama donde me he recostado. ―¿Qué? ―B habla confundida “dentro de la habitación”, haciéndole caso al instante, quedándose completamente inmóvil y alarmada por la advertencia del chico. ―Escuché un ruido ―responde en tono bajo, como si él estuviera en el lugar de B―, no te muevas ―le vuelve a murmurar concentrado en captar otro sonido y tratar de adivinar de qué es, si es una amenaza o no. ―Bien, todo está oscuro, no oigo nada, sólo grillos cantando ―dice B intentando tranquilizarse a sí misma, sé que siente miedo como cualquiera en esta situación, en medio de la noche rodeada de árboles y nosotros sabemos el peligro que hay aquí afuera, y quienes nos persiguen no creo que quieran simplemente tener una conversación nocturna. Miro a C cerrar sus ojos, supongo que está usando la proyección para ver alrededor, es una habilidad que es útil pero el costo es alto, consume mucho de nuestra energía. Miro por la pantalla que B también intenta ver a través de la oscuridad, su respiración es algo agitada pero por momentos se detiene aguantándola para evitar ser escuchada. Todos nos mantenemos en silencio y tensos, Darren está en silencio pero eso es normal en él, pero el nerviosismo que expresa en sus dedos entrelazados le da a entender que la nueva situación le preocupa. ―No te asuste, B, pero debes correr a la derecha ―el tono de C es suave mientras le da la instrucción para no alarmarla, pero inevitablemente el significado de sus palabras lo causa. ―¿Qué? ―pregunta angustiada, sé que se ha puesto nerviosa, puedo sentirlo. Me alejo de la cama para sentarme en el asiento delante de la pantalla, moviendo mis piernas, ante mi movimiento Darren reacciona y se levanta de su lugar para pararse detrás de nosotros mirando con atención la pantalla, notablemente inquieto. ―¡Ya! ―ordena fuerte el chico, B no se lo piensa ni se para a preguntar por qué debe correr cuando ya está llevando a cabo la acción, la miramos correr como nunca, sé que está poniendo todas sus fuerzas en alejarse del peligro que ha detectado C, este sigue concentrado en vigilar el alrededor de la chica. De inmediato resuena dentro de la habitación unos gruñidos furiosos, a la vez que impactos sobre la tierra ajenos a los nuestros. ―Son cuatro hombres, son veloces y nos ven fijamente ―informa C, sé qué nos quiso decir, son hombres lobo, nos han encontrado. Tapo mi boca para evitar soltar sonidos de sorpresa y desesperación, quiero gritarle a B que siga corriendo, que no mire atrás, pero sé que con esto sólo causaré pánico en ella y eso puede ser malo. ―¿Qué hago? ―pregunta completamente asustada, me alegro que no haya tropezado con nada en el camino, espero que el universo esté a nuestro favor y salgamos de esta. ―Sigue corriendo, ¿te crees capaz de usar una de las armas? ―C sigue con su tono delicado, cuestionando si sabe cómo usarlas, espero que sí, aunque no me guste dañarlos no quiero morir en manos de ellos. ―Sí, ¿simplemente presiono el gatillo? ―cuestiona no disminuyendo su ritmo, puedo escucharla soltar algunos quejidos de miedo conforme los gruñidos se hacen más fuertes. ―Sí, usa las dos manos para apuntar, pon tu cuerpo rígido para evitar el retroceso, cuando dispares asegúrate de presionar el seguro del gatillo ―suelta las indicaciones de forma rápida pero tratando de que la chica entienda lo que debe de hacer. ―Bien, voy a hacerlo ―dice con agitación, preparándose para realizar la acción que le ha guiado el chico. Vemos como la chica toma una de las armas, tomando pesadas respiraciones y a su vez valor para enfrentar a los hombres que nos persiguen; se gira plantándose siguiendo los pasos de C, , pone sus músculos tensos, apunta con ambas manos en el arma y sus brazos estirados, pero el arma tiembla bajo el agarre de B, sé que está nerviosa, ella nunca ha tomado y mucho menos disparado un arma; suena la detonación, y vemos cómo el cuerpo de B se tambalea para finalmente caer de espaldas, parece que no pudo controlar el retroceso del arma. ―¡Levántate, rápido! ―le digo levantando la voz, parándome de un salto de mi asiento, gesticulando con mis manos hacia la pantalla como si B pudiera verme. Ella no responde por arrastrarse lejos del hombre e intentar desesperadamente levantarse y acelerar el paso para continuar con la persecución, lo que si suelta son pequeños grititos involuntarios. No sabemos si ha acertado el tiro, pero vemos que no ha soltado el arma, impacta las botas en la tierra derrapando un poco cuando se impulsa hacia adelante para correr de los cambiaforma. De nuevo nos quedamos en silencio, yo porque no sé qué decirle más que no se detenga por nada del mundo; Connor porque sigue viendo alrededor de ella, quizás buscando un escape; y Darren sólo ve la situación serio, tampoco tiene experiencia sobre nada de esto, no puede aportar nada más que palabras de ánimo como yo. ―¡A la izquierda!, sigue recto, y no pares de correr ―Connor ordena apresuradamente, parece que tiene un plan. Ella continúa por el camino que le ha dicho el pelinegro, los árboles y vegetación no paran de aparecer, algunas ramas chocan por todo el cuerpo de B, pero eso no la detiene. Entre la oscuridad veo cómo de repente en el área en el que entró B han desaparecido los árboles, es campo abierto, pero me desconcierto cuando se ha detenido abruptamente. ―¡No te detengas, salta! ―le ordena con voz firme nuestro guía. ―¿Qué? ―pregunto con una mirada perpleja al ver el camino al que nos ha traído, pero él no me ve. ―¡¿Qué?! ―la rubia suelta la misma pregunta, ella más asustada que yo. ―¡Qué saltes ya! ―su tono en esa respuesta deja de ser suave y tolerante. Supongo que hay agua abajo, de no ser así Connor jamás la obligaría a saltar; si bien el acantilado es alto, si posiciona bien el cuerpo no tendremos problemas. B se voltea un momento para ver si los hombres están ahí, y es así, hay tres de los cuatro hombres cerrando el paso por donde hemos venido, acorralándonos contra el precipicio que está detrás. Creen que no saltaremos. Beatriz suelta un grito al precipitarse hacia la orilla y saltar sin ninguna duda, agita los brazos y piernas durante la caída y más gritos salen. ―¡Ponte en firmes! ―le grita C cuando está cerca de impactar con la superficie de agua, indicando que emita esta posición militar, endurece todo su cuerpo, sus brazos pegados a su costado, sus piernas juntas y, el extra, sus dedos estirados en punta, inhalando una bocanada de aire antes de hundirse en el agua. Me dejo caer en mi asiento, viendo como la chica nada hacia la superficie, volteo a mi costado y Connor ya ha abierto sus ojos, se ve un poco cansado, la proyección generó su agotamiento. ―Sal rápido del agua ―le pide en voz baja, ella continúa dando manotazos por el agua, moviéndose hacia la orilla. Un suspiro sale de mi pecho, volteo a ver a Darren, él me dirige una mirada aliviada, se acerca para apoyar sus manos sobre mis hombros, en una muestra de ánimo, y supongo que quiere que me tranquilice un poco, pero viendo lo sucedido no puedo relajarme. Escucho otro cuerpo impactar en el agua, chapoteando detrás de Beatriz, giro de nuevo hacia la pantalla viendo cómo uno de los hombres ha saltado y ahora nada rápidamente hacia nosotros. ―Nada, B, nada ―digo resistiendo el gritarle, cubro mi boca atenta de lo que sucede, la chica acelera el ritmo de sus brazadas ―¡No se acerquen! ―les grita, creo que está entrando en pánico. ―¡Usa el arma! ―le avisa C a gritos, ella busca en su cintura un arma, el hombre la jala de una pierna sumergiéndola en el agua, veo cómo otro más ha saltado a unos metros de donde B se remueve. Bajo el agua es oscuro y silencioso, se escucha el sonido del agua moverse por los cuerpos forcejeando, el hombre retenerla y B tratando de escapar de su agarre; antes de que B pueda enfocar su vista y apuntar con el arma, el cambiaforma la toma por detrás y la comienza a ahorcar, Beatriz suelta el arma e intenta quitar el brazo que rodea su cuello, el hombre ha sacado su cabeza a la superficie pero ha dejado a B abajo, ahogándola. ―¡No, Beatriz! ―El pánico se apodera de mí, va a matarnos. Líquido salado sale de mis ojos, resbalando rápidamente por mis mejillas, intentando pensar en qué hacer, una idea cruza, y me aterra más, debo salir yo. No es miedo hacia los hombres, sino al agua. Pero no queda de otra si quiero seguir viviendo. Le doy una mirada rápida a Connor sin decirle nada porque sé que intentará detenerme, y es hora de que tome el control yo. ―¿Agnes? ―pregunta sospechando, intercalando miradas entre Beatriz y yo, él también se ha levantado de su sitio, viendo que nuestra situación es grave. No respondo, cierro los ojos para concentrarme, siento el tirón y me dejo llevar, rápidamente me siento rodeada de agua, y sé que he cambiado lugares, ahora estoy afuera. Mis pulmones queman, no puedo ver nada por la oscuridad de la noche, el temor está presente pero los recuerdos de papá gritándome que no crió a una mujer débil me da el coraje de enfocarme en la pelea. ―¡Suéltala, vas a ahogarla! ―Logro captar a lo lejos y detrás del aturdimiento. La falta de aire comienza a tener consecuencias, mi cabeza da vueltas, mis pulmones gritan por que les de oxígeno que no puedo darles estando aquí, el agua que ha entrado por mis oídos hace los sonidos apagados; como puedo estiro mi mano al cinturón y alcanzo el cuchillo de plata, tanteo la pierna de mi atacante y bruscamente clavo el arma en su muslo, sacando la cuchilla a su vez. El hombre grita de dolor y en cuanto me suelta salgo al exterior, pero no me detengo sólo a tomar aire, comienzo a nadar mientras respiro agitadamente y tosiendo un poco, debo alejarme de ellos primero. Escucho a mis espaldas a uno bramar, supongo que es a quien le clavé el cuchillo, pero no voltearé para comprobarlo. Miro la orilla, estoy a punto de llegar, siento plano debajo de mis pies y lo aprovecho para comenzar a incorporarme, me apresuro a salir del agua salpicando con las prisas, y la carrera comienza de nuevo, guardo el cuchillo de nuevo en mi cintura, no quiero perderlo, Beatriz ha dejado una de mis armas en el lago, y no puedo darme el lujo de perder más. Me adentro deprisa entre los árboles, siento la tierra convertirse en lodo debajo de mis pies debido al agua que chorrea de mi ropa, intento ignorar el hecho de que estoy mareada y un poco desorientada apuntando mi atención en correr. ―Déjame salir, Agnes. ―Escucho hablar a Connor, suena muy molesto. ―No, yo puedo ―le digo en mi mente para que no salga, sólo hará que gaste más energía de la que nos queda. ―No seas obstinada ―responde y si pudiera verlo sé que me está mirando con los ojos entrecerrados, no le gusta que le reten pero yo estoy al mando. No puedo responderle para desviar todas las emociones revueltas que flotan dentro de mí porque siento un impacto de mi costado izquierdo, salgo disparada unos metros y me estampo contra un árbol, ¿cómo han llegado tan rápido? Levanto mi vista encontrándome con un hombre totalmente seco, enseguida lo entiendo, él no saltó al agua como los otros. Se me dificulta levantarme pero lo intento para prepararme para sus ataques. ―Ríndete y no te haremos daño. ―Lo escucho hablar con enojo en su voz, lo miro un momento, aprovechando el momento de diálogo para recuperar el aliento, y ahora el dolor de mi costado donde él me chocó. ―Ríndanse ustedes y no les haré daño ―contraataco tratando que me dejen ir, cosa que estoy muy segura que no permitirán después de todo lo que les he hecho ya. ―¿Pero qué haces, Agnes?, ¡vete ya! ―me reprende el chico en mi cabeza, su enojo crece más y más, su necesidad de protegerme lo hace frustrarse, se supone que él es el encargado principal de mantenerme a salvo, pero no quiero depender de él siempre. ―Sabes que no podemos dejarte ir, debes pagar las consecuencias de tus actos ―dice en voz alta y firme mientras da un par de pasos, yo me preparo para tomar otra arma si es necesario. ―¡Cuidado a tu izquierda! ―Escucho a Connor avisarme de peligro, ante de poder captar qué tipo de peligro es una roca está a centímetros de impactar en mi cabeza y logro reaccionar simplemente levantando mis brazos para cubrir esta área, mi plan de tomar un arma se ve impedido por un peso en mi espalda, me estrello contra el suelo, la tierra que se pega a mi cara por el agua que aún me cubre; toman mis brazos y los retienen en mi espalda, me remuevo liberando gritos de frustración, intento girar sobre su cuerpo para soltarme pero son pesados y fuertes, siento que me atan las muñecas. ―¡Suéltenme! ―Suelto con rabia. El cansancio, el hambre y la frustración de mi objetivo han causado que mi miedo se esfume, todo lo que siento es decepción y furia, no tanto contra ellos, sino de mí, por no ser tan astuta como debería serlo. Dejo de escuchar al sistema, la adrenalina aún circula por mi cuerpo, involuntariamente los ignoro, no sé lo que Connor me está gritando, o lo que Beatriz está intentando decirme. ―Heriste a los nuestros sin piedad, no tendremos piedad contigo ―murmura uno, siento gotear agua en mi cara, es uno de los que se lanzó por el acantilado. No me dejan seguir gritándoles que me dejen porque siento un fuerte golpe detrás de mi cabeza, mi cuerpo se afloja de inmediato pero no me voy por completo, creo que me llevarán media inconsciente pero otro golpe más llega, llevándome a un lugar oscuro, evidentemente no es la habitación. DESCONOCIDO Tengo a mi objetivo en la mira, en un sólo movimiento y es mía, ese maldito cazador, como él no puede hacer las cosas por su cuenta necesita de mis capacidades de rastreo y caza para traerle de vuelta a la chiquilla que tengo delante. Se detiene alerta, me oculto entre la oscuridad, también lo he oído, olfateo el viento y me encuentro con una increíble sorpresa, parece ser que no soy el único que la está cazando. Me mantengo en mi sitio, no voy a arriesgarme a que un grupo de la manada “Lobos de Fuego” me ejecuten por una insignificante chica, agudizo mi oído, se están acercando a ella, y yo no me voy a interponer en su camino, si el cazador la quiere asesinar, estos hombres le harán el favor. Miro como la mujer reacciona para correr, y detrás de ella veo a cuatro hombres, debería irme y sólo decirle que se han encargado ellos, pero la curiosidad me puede y los sigo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR