Alan Fox El viaje a Alemania fue agotador. Dos días intensos de reuniones y negociaciones que, aunque fructíferos, dejaron en mí un cansancio que solo el regreso a casa podía aliviar. Sin embargo, lo que más me inquieta no es el desgaste del viaje, sino la extraña aceleración de mi corazón al pensar que, al cruzar las puertas de la mansión, me encontraré con mi indomable esposa. Es absurdo, lo sé. Pero no puedo evitar sonreír al imaginar su mirada desafiante y su boca lista para disparar algún comentario mordaz. Esta noche asistiremos juntos a la gala de aniversario, por primera vez en días, la idea de un evento social me resulta agradable. Mientras paseaba por una joyería en Alemania, mis ojos se posaron en un collar de esmeraldas. Su brillo me recordó el fulgor implacable de los ojos v

