Victoria Fletcher Mi corazón ha sido un torbellino de emociones desde el instante en que descendí las escaleras de la mansión y mis ojos se encontraron con Alan. Vestido con un esmoquin n***o impecable, irradiaba una elegancia imponente, una presencia que, por más que intentara ignorar, resultaba imposible de pasar por alto. Sus ojos grises, siempre cargados de un enigma indescifrable, me estudiaban con detenimiento, aunque nunca lo admitiría en voz alta, su mirada ejercía un efecto desconcertante en mí. La sorpresa fue aún mayor cuando, con aparente indiferencia, me entregó aquel collar de esmeraldas. Sus palabras sarcásticas restaban importancia al gesto, pero el brillo en su mirada delataba algo más profundo. Y cuando, al llegar a la fiesta, tomó mi mano con firmeza para adentrarnos

