Alan Fox El dolor de cabeza sigue ahí, constante, molesto, pero no puedo negar que cada golpe valió la pena. Por primera vez en años, Victoria está cerca de mí, cuidándome, preocupándose, sin mostrar su mirada de odio, no como una doctora más, sino como mi esposa. Aún me cuesta procesarlo. Es ridículo, lo sé. Nos casamos por contrato, bajo términos específicos, sin romanticismos ni promesas falsas, pero cada vez que la miro, cada vez que sonríe de esa manera, como si de verdad le importara, me descubro cuestionando todo. Dos días han pasado desde el asalto. Cuatro tipos nos emboscaron, aunque Cedric logró defendernos, yo al estar en el suelo me tomaron desprevenido, nos golpearon y nos robaron. No creo en coincidencias, nunca lo he hecho. Esto no fue un simple ataque callejero, pues Ced

