La mañana había llegado, anunciándose con un brillante solo que se colaba a través de pequeñas aberturas en las cortinas que adornaban la ventana del estudio de William. Acurrucado aun junto a ella, se movió inquiero en el sofá apenas el sol salió. Sintió los rayos solares chocar contra sus ojos y eso fue todo para abrirlos medio aturdido y encontrarse junto a su amada Elizabeth. Eso le robó una sonrisa mientras la admiraba con grandes ojos. Todavía no podía creer que ella estuviera viva, pero tampoco podía estar más feliz de haberla encontrado. Eso era todo lo que él había deseado desde el primer minuto después de creer haberla perdido. Ella dormía plácidamente, parecía que no hubiera dormido bien en mucho tiempo, después de todo, llevaba meses atrapada en su forma lobuna. Y sintió veni

