Me dejó sobre las suaves sábanas una vez que llegamos a su habitación. Había cerrado la puerta con llave para asegurarse de que no nos interrumpirían. Y me estaba mirando con una intensidad que me ponía el vello de punta. Me quitó una a una las prendas de ropa hasta dejarme a su merced, completamente desnuda ante sus ojos descarados. A continuación, se desnudó él, dejándome apreciar su cuerpo firme. Sabía que era mayor que yo por bastantes años, pero su cuerpo destilaba juventud y fuerza superiores al mío. Me sacó de mis pensamientos en el momento en el que me tocó donde más lo deseaba. Sus dedos, seguros y expertos, tocaban rincones que ni sabían que existían, haciéndome enloquecer con cada toque maestro. Mi cabeza hacia atrás mientras no podía evitar respirar agitadamente. Su boca, si

