Me felicité mentalmente porque me había acordado de cerrar la puerta del despacho antes de salir hacia la cocina. William sacó su llave del bolsillo y abrió la puerta, dejándome pasar primero. Él me siguió, cerrando la puerta tras de sí. El recipiente estaba tal y dónde lo había dejado, y lo cogí con cuidado para no tirar nada. Arrugué la nariz, pensando que parte de mis fluidos estaban ahí con el vinagre y me daba un poco de asco tocarlo. William se acercó por detrás, cerciorándose también de lo que veía. —Si hay espuma, ¿entonces es que estás embarazada? —Esta vez no ocultó la emoción en su voz, y volví a dejar el recipiente en el suelo, con cuidado de no volcarlo. Una vez que tocó el azulejo, me puse recta y me giré para mirarlo. Me miraba con una sonrisa sincera en la cara, de pura

