Capítulo 8

1060 Palabras
Benjamin Cuando las luces volvieron a encenderse, Astlyr ya no estaba conmigo. Tragué pesado y miré en todas direcciones, deseando encontrarla, pero entre tantos rostros cubiertos por antifaces, ninguno era el suyo. Mi corazón latía tan fuerte como no lo había hecho en mucho tiempo, como si quisiera abrir mi pecho en dos y escapar de él, solo para buscarla a ella. Aún podía sentir la suavidad de su piel entre mis manos y la profundidad de sus besos en mi boca. Nada se sentía tan bien en todo el maldito mundo, como lo era besarla. «¿Por qué lo hizo? ¿Por qué me besó, solo para alejarse después?» Tal vez creyó que con eso me quedaría en paz, pero sus labios tenían todo el efecto contrario. Encendieron cada parte de mí y una cosa era segura: No me iría esa noche de ahí sin ella. —¡Aquí estás! La voz de Eir me hizo voltear la mirada hacia ella. Había regresado con Holmes, e incluso con la poca luz y el antifaz, podía imaginar que tenía el ceño fruncido. —Pensé que estabas en la barra —dijo después—, ¿qué haces aquí solo? —Astlyr está aquí —respondí, haciendo que ella parpadeara un par de veces, confundida. —¿Qué? Pero eso… Eso es imposible. —No lo es, Eir. Acabo de hablar con ella hace un minuto, pero se fue y necesito encontrarla —contesté, a punto de irme, pero ella me detuvo. —¡Espera! —exclamó, haciendo que volviera a mirarla—. ¿Estás completamente seguro, Benjamin? Mira, yo sé cuánto deseas volver a verla y… —No fue una alucinación, Eir —La detuve—. Esto fue lo más real que me ha pasado en mucho tiempo. Astlyr está aquí y Kalen también. Eso fue lo que la trajo hasta este lugar. —¿Kalen Solheim? —repitió Holmes, con gravedad—. Eso es demasiado peligroso para un ambiente como este. Moví la cabeza en un asentimiento. —Estoy seguro de que Astlyr quiere confrontarlo —expresé—. Necesito saber en dónde está. —Nosotros vamos contigo —dijo Eir, de inmediato. Sus ojos celestes dejaron las dudas y, en cambio, mostraron firmeza—. No te vamos a dejar solo en esto. Asentí una vez más, manteniendo mi rostro tenso. Compartí una breve mirada con Holmes después, entonces, los tres comenzamos a buscarla. No había pasado todo aquel tiempo tras la pista de Astlyr en vano. Abandonarla no era una opción para mí. Mucho menos ahora. Lo sentí en su cuerpo, en sus latidos, en ella. Yo no era el único que se sentía de esa manera.   ✷✷✷  Astlyr La música retumbaba en mi cabeza a un nivel ensordecedor, como si pudiera hacerla estallar en cualquier momento. Necesitaba que mi corazón se calmara, o Benjamin me encontraría en cualquier momento. «Benjamin…» Mientras me escabullía entre las personas, sentía que una parte de mí se quedaba justo ahí, con él. Todas mis emociones estaban revueltas, como si la sangre hirviese dentro de mis venas y toda terminara concentrándose dentro de mi pecho. Incluso con todo el tiempo que pasé observándolo desde la distancia, jamás esperé volver a tenerlo frente a mí y mucho menos besarlo. Ni siquiera pensé demasiado en lo que hacía. Necesitaba encontrar una salida y no tenía tiempo suficiente como para pensar con claridad. Tampoco tenía demasiadas opciones. Y ahora me sentía de esa manera, tan… Perdida. Quería hacerme creer a mí misma que solo lo besé para distraerlo, pero sabía que no era así. No podía engañarme a mí misma. En el fondo, necesitaba ese beso. Besar a Benjamin despertó una parte de mí que creía muerta. «No, no, no.» Me detuve cuando llegué a la puerta que daba hacia la salida trasera del local. Cerré mis dedos alrededor de la manilla y la abrí, para ser recibida por el contraste de climas. Afuera, hacía mucho más frío. El viento erizó mi piel y, en contraste, dejé escapar el aliento cálido a través de mis labios. No podía permitirme entregarme a ningún sentimiento otra vez por Benjamin. Fui débil antes, cuando lo hice por primera vez. «Y, ¿a dónde nos trajo eso?» Mis emociones por él me destruyeron, me convirtieron en un monstruo que cometía los peores actos para sobrevivir, en alguien que no se reconocía a sí misma y que apenas lograba controlarse. Aunque mi corazón latiera tan fuerte, aunque mi cuerpo reaccionara con ansias a él, no podía volver a rendirme ante algo que solo acabó conmigo. No era sano, para ninguno de los dos. Dolía como los mil infiernos y odiaba eso. Odiaba que Benjamin me hiciera sentir así de vulnerable. Y me odiaba a mí misma por no poder arrancarme lo que sentía por él. Respiré pesadamente y tragué saliva, mientras me pasaba una mano por el cabello. Levanté la mirada hacia la luna llena de aquella noche y, después, me esforcé por volver a enfocar mis sentidos. Tenía un objetivo qué cumplir esa noche y no podía hacerlo a un lado, ni siquiera por Benjamin. Cuando exhalé, arrastré la mirada hasta el suelo y el viento trajo hasta mí el eco lejano de una risa. Pertenecía a una chica. Giré el rostro hacia mi derecha y, cuando percibí el olor de Kalen, comencé a caminar hacia esa dirección de inmediato. Dejé atrás el desolado callejón que estaba detrás del local y anduve por varias calles, que apenas eran iluminadas por los faroles y en donde no había nadie más que mis propios pasos y yo. Pronto, escuché voces. Una era la de una mujer y la otra era la de él. Sentí mi estómago revolverse, como si hubiese ácido corrompiendo mis entrañas. Era la primera vez en tanto tiempo que escuchaba la voz de ese maldito. Nunca antes supe lo que era el deseo de venganza, hasta que él se cruzó en mi camino. Lo odiaba tanto como odiaba a la nueva persona en la que me convertí. Y así como aquello me destruyó a mí, deseaba destruirlo a él. El olor de Kalen se volvía cada vez más fuerte, hasta que, cuando crucé una de las esquinas, lo vi en una pequeña calleja. Estaba con una chica. Finalmente, lo había encontrado.
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