Narra Damián
Los tres días pasaron un poco lentos para mí, pero al fin llegó el momento de irme, aun no sé si regresar después de cierto tiempo, sin embargo, lo que si tengo claro es que pasaré mucho tiempo allá.
—Te vamos a estaniar hemanito. —Mis pequeños hermanitos están muy tristes y eso también me pone así, ya que ellos son una parte de luz en mi vida.
Me pongo a su altura y los abrazo a mis peques.
—No se preocupen, vendré en dias festivos y vacaciones. —A ellos no les puedo mentir.
—No podemos hacer nada ¿no es así? —Está vez dice mi padre y yo niego con una triste sonrisa.
—Espero que no tardes en regresar. —Hilda también está muy triste. Nos abrazamos y le digo:
—Descuida. Así será. —Sabe que no miento.
—¿Y Chío? —Les pregunto y se miran entre sí.
—No quiso venir, está muy triste por tu partida. —Y puedo entenderla, y mas por no haberla visto como habíamos quedado.
Anuncian mi vuelo y ya es el momento de irme sin mirar mas a mi pasado, si Marisela ya me superó una vez, lo hará de nuevo. Aunque me duela.
…
Las horas pasaron muy tranquilas y ya me encuentro rumbo a casa de mamá y su esposo, John. Es muy agradable.
Bajo del taxi con mis maletas y toco el timbre. Puedo escuchar a mi hermanita, también nos queremos como hermanos, a pesar de no serlos, Gisele es sólo hija del esposo de mi madre.
—¡Llegaste! —Abre la puerta y se lanza a mis brazos y la recibo con mucho amor.
—Así es, enana. —Tengo una buena relación con ella, así como la tengo con Hilda.
—Ya crecí, tarado. —Hace un tierno puchero.
—Mmm, no lo sé. Yo te veo igual. —Finjo y se molesta un poco.
—¡Dios! Parecen n***s pequeños, compórtense. —Mamá viene junto con John y me reciben con un cálido abrazo.
—Bienvenido, te habia extrañado. —Me separo de ella y está llorando de felicidad.
—Lo sé y yo a ustedes. —Tampoco pude evitar las lágrimas.
Me toma del brazo y entramos a la casa y dejo mis cosas. Mamá le pide a Carmen y Juan Carlos que suban mis cosas a mi habitación.
—Cuéntanos como te ha ido por México, por cierto, siento mucho lo que pasó con tu exnovia, hacían una hermosa pareja. —Ni que lo diga.
—Eso ya no importa, ella tenía a alguien mas en su vida, porque no le importó dejarme en plena ceremonia. —Sólo de recordarlo me da rabia.
—¿Qué? ¿Lo dices en serio? —Todos me miran sin poder creerlo.
—Ella misma me lo demostró. Así que por favor les voy a pedir que no la vuelvan a mencionar. —Se miran tristes y decepcionados, pero aceptan mi petición.
—Así será. No me has dicho como están los demás. —Lo mejor es ya no mencionarla.
—Todos bien, mis hermanitos crecen cada día más. — De sólo mencionarlos me hace sonreír.
—Me gustaría conocerlos, sólo los conocemos por fotos. —Dice Gisele con un puchero.
—Pues les prometí ir para vacaciones, podemos ir todos para que los conozcan en persona. —Les digo con seguridad, ya que así será.
—¡Si! Yo quiero conocerlos. —Mi hermanita celebra con felicidad.
Y por ahora sólo será así, sólo visitas, por el momento no pienso regresar, necesito sanar las heridas del corazón.
Seguimos platicando, hasta que se hizo de noche y me fui a mi habitación a descansar, fue un día bastante largo.
Y ya lo que menos quiero es seguir pensando mas en ella, ya no lo vale.
…
Narra Marisela
Toda la noche no pude dormir por estar llorando por lo que me hizo Damián, sólo me utilizó como una “despedida” para irse con tranquilidad a su viaje. Quería ir detrás de él y gritarle hasta de lo que no, pero Clara me detuvo y me dijo que no lo valía, que el karma existe y que algún día se arrepentirá, aunque eso lo dudo.
—¿Estás despierta? —Clara entra a mi habitación sin hacer mucho ruido.
—No pude dormir. —Le digo sin mirarla.
—Tienes que ser fuerte, no puedes dejarte caer por ese infeliz. —Y sé que tiene razón.
—Lo sé, pero por ahora sólo quiero desahogarme. —Y es la verdad.
—Cierto, pero no por mucho tiempo. —Dice la muy ocurrente y yo sonrío levemente.
—Así que descansa un rato, es fin de semana y en la noche iremos a un antro, necesitas despejarte y divertirte. —Y es lo que menos quiero, sólo quiero tranquilidad. Pero conociéndola, es capaz que me lleva a la fuerza.
—Está bien. —Le digo y sonríe con satisfacción.
Cierro los ojos y me dejo llevar por el sueño que al fin me vence.
Nunca te traicioné, amor mío.
…
El olor a comida me hace abrir los ojos, y la verdad tengo mucha hambre. Me levanto y salgo de la habitación, camino hasta llegar al comedor.
—Huele delicioso. —Digo y ella me mira con una sonrisa.
—Pues ya está lista, así que toma asiento y disfruta. —Pone los platos sobre la mesa y se sienta y comemos en silencio.
Y vaya que si esté deliciosa esta lasaña.
…
Terminamos de comer y lavé los trastes, ella cocinó, y no podía dejar que lo hiciera, ya que es mi invitada.
—Bien, señorita, reposa esa comida, porque en un par de horas nos vamos de fiesta. —Esperaba que se retractara, mas no pasó.
—Bien. —Nos sentamos en el sofá y pusimos una película de acción, Clara es fan de ese tipo de películas, yo soy mas de romance.
Estaba tan concentrada en la película, cuando el sonido de un mensaje me saca de mi concentración.
Desconocido: De seguro debes estar sufriendo porque mi Damián ya no estará mas por aquí. y espero que te olvides de él.
¡Dios! No sé por qué no la he bloqueado.
Yo: No me interesa.
Desconocido: Pues mas te vale, porque nosotros seremos muy felices. Además, será un viaje sin retorno.
Reconozco que eso dolió y mucho.
—¿Quién tanto te escribe? —Clara me quita el movil y lee la conversación.
—¡Por dios! ¿Por qué no la has bloqueado? Sólo te está torturando. —Y tiene razón.
Ella lo hace y me lo devuelve.
—No la desbloquees por favor. —Me pide y yo asiento.
Apagamos el televisor y nos fuimos a nuestras habitaciones. Me despojé de la ropa y entré a la ducha con agua fría. Necesito relajarme.
Un viaje ¿sin retorno? Entonces si no tiene planeado volver. Ya no quiero pensar más en él.
…
El lugar esta a reventar, tienen buena música, David Guetta es lo que está sonando. Clara me hala hacia la pista de baile y nos movemos al ritmo de la melodía.
—¿Les podemos hacer compañía? —Se acercan dos hombres guapos y Clara no lo piensa dos veces y se va con el castaño, mientras que el rubio no deja de mirarme con esa sonrisa tan s3xy. Asiento, me toma de la cintura y me dejo llevar por este hombre tan apuesto.
—¿Cómo te llamas? —Me dice cerca del oído y siento una electricidad recorrer mi cuerpo.
—Marisela ¿y tú? —Le pregunto de vuelta.
—Julián. —Se aleja y no ha dejado de sonreír.
La música termina y los cuatro nos fuimos a sentar a una zona VIP y piden al camarero una botella de tequila.
—Son muy guapas. —Dice el castaño sin dejar de mirar a mi amiga, la miro y se ha puesto roja, y eso que no hemos comenzado a beber.
Nos traen el tequila y Julián sirve los cuatro cab4llit0s y los bebemos de un solo trago.
¡Dios! Siento como quema la garganta.
Pero no importa, lo único que quiero es olvidar.