—¿Dónde nos encontramos?— pregunté a la mujer que me sostenía de la mano —¿Dónde está mi mamá?
—Aquí vivirás a partir de ahora— respondió mi primer pregunta —Si quieres volver a ver a tu mamá tendrás que portarte bien.
—¡SI!— continuamos caminado hasta llegar a la que sería mi nueva habitación. La mujer me metió y luego cerró la puerta.
—A partir de ahora tu nombre será número 102— dijo eso con una sonrisa algo fría en su rostro. Se giró y salió de la habitación.
(…)
Poco a poco recuperaba la conciencia. Alguien gritaba mi numero, era la voz dulce de una mujer. ¿Un ángel? ¿En verdad había muerto? ¿Este era el cielo?
Lentamente abrí mis ojos y lo primero que miraron fue el claro de los ojos de mi ángel. Una sonrisa apareció en mis labios, debía agradecer a Dios por enviarme a este cielo, con un ángel con ojos hermosos.
Cuando recupere la conciencia por completo el rostro que segundos antes para mí se veía feliz, ahora estaba conteniendo lágrimas —¿Número 102?
Trate de hablar, pero las palabras no salieron. Solo pude mirar la escena en silencio.
La alarma estaba sonando, eso solo significaba que los demás soldados llegarían pronto. Una vez estando dentro de la habitación uno de ellos se acercó a donde me encontraba tumbada.
—¿Qué sucedió?— preguntó.
—No lo sé— el tono de la soldado era de preocupación —De pronto se sumergió y no salió más.
Mi cuerpo fue removido de su lugar, el soldado me llevó hasta mi incomoda cama en la cual me quedé tumbada mirando el techo.
Uno de los médicos entró a la habitación y se acercó a donde yo estaba y comenzó a revisarme.
—¿Cómo se encuentra?— preguntó la soldado.
—Ella está bien. No hay nada de que preocuparse, solo hay que dejarla recuperarse— respondió el médico.
Giré mi cabeza para poder ver a la mujer. Una sonrisa apareció en mis labios, le decían que pronto estaría bien, que no se preocupara mas por mi.
La mujer me miró, su rostro por primera vez tenía una expresión, aunque no era la expresión que yo quería ver. Su rostro estaba realmente preocupado y un par de lágrimas se estancaron en sus ojos.
Solo quería decirle que no se preocupara, que estaba bien y que esto no era nada a comparación de las veces en las que enfermaba de verdad, pero las palabras no salieron, no pude hablar.
La soldado salió de la habitación y cerró la puerta. Caminó hacia su silla y se sentó sin despegar su mirada de mi. Solo cerré mis ojos estaba un poco cansada, creo que el médico me había dado un cédante.
Horas después desperté. Me encontraba en mi cama aún. Era de noche ya que las luces estaban apagadas, era hora de dormir. No tenía sueño, había dormido durante todo el día y ya no tenía sueño.
Me puse de pie y camine hacia donde estaba el cristal. Ahí permanecí de pie y mirando fijamente a la soldado que estaba durmiendo incómoda en su silla.
Había algunas cosas que ellos no sabían sobre mi poder, esa era que podía leer su mente así que conocía la clave para abrir la puerta. Jamás intente salir, no lo vi necesario, tenía que permanecer aquí porque sino ellos lastimarían a mis hermanos y en ese entonces cría que también a mi mamá.
Utilizando mi poder abrí la puerta, jamás lo había hecho, nunca me atreví a hacerlo. Salí de la habitación con algo de miedo, ¿Qué pasaría si me hallaban ahí? ¿Qué pasaría si la soldado se despertaba y me reportaba con los superiores?
Sin hacer ruido me acerqué a ella. Me posicione al frente y luego me agache a su altura. Admire por unos segundos su rostro, su piel blanca y suave, sus pestañas largas y rubias, su nariz fina y sus labios gruesos y húmedos. La cargué en mis brazos y la llevé a su cama, ella también tenía una ya que también necesitaba dormir.
Yo tenía que estar vigilada las veinticuatro horas, al principio colocaron cámaras por toda la habitación, pero no funcionaron ya que yo me encargaba de descomponerlas. Cuando se hartaron de cambiarlas optaron por poner a alguien para que me cuidara, esta persona tenía que vigilar todo lo que yo hiciera, podía salir en el momento que quisiese de la habitación, podía hacer cosas que yo no podía hacer.
Una sonrisa apareció en mis labios antes de dar la vuelta y volver a entrar al otro lado del cristal. Fui a la ventana y me acosté junto a ella, nunca lo hacía, pero esta vez tenía ganas de hacerlo. Comencé a mirar a través de ella, las estrellas se veían libres, todas apiladas en el cielo, iluminando la oscuridad.
No supe en qué momento volví a quedarme dormida, a la mañana siguiente la soldado me despertó. —Número 102, despierta— dijo ella.
Yo abrí los ojos y me levante del suelo, luego comencé con mi rutina, esta vez el agua de la bañera estaba por debajo de la mitad y no alcanzaba a cubrir todo mi cuerpo. Sin importarme entre y me duche, luego me puse la ropa limpia y camine hacia la silla en donde esperé a que las mujeres me llevaran mi desayuno. Estaba muy hambrienta, no había comido nada desde el día anterior.
Me alegre al escucharlas venir, cuando entraron la felicidad se apoderó de mi rostro y una sonrisa se formó en mis labios. Esta vez me habían traído un yogurt de fresa, huevos fritos, un poco de arroz y un té n***o.
En cuanto me lo entregaron comencé a devorarlo, rápidamente lo termine y las mujeres tomaron la charola de regreso y salieron de la habitación.
Me puse de pie y camine hacia el escritorio para retomar mi lectura, estaba a punto de terminar de leer el libro que me habían dado días atrás y pronto me darían otro más para que también lo leyera.
Al poco rato escuche las voces de algunos hombres ajenos a los que estaban dentro de las instalaciones, ellos se acercaban rápidamente hasta donde se encontraba mi habitación.
En pocos minutos la puerta de acero se abrió y los hombres entraron por ella. Yo dejé de leer y me puse de pie, camine hacia la X marcada en el suelo y ahí me quede estática.
—¿Es ella?— preguntó el hombre más viejo.
—Es nuestra mejor inversión hasta ahora— respondió el superior. —La mutante más fuerte de todos, hace poco terminamos sus modificaciones y está lista para ser vendida a los altos mandos.
El hombre viejo solo me examino —Apruebo su solicitud. Tenla lista en una semana— dicho eso se giró y salió de la habitación, detrás de él salieron los dos hombres que lo escoltaban.
El superior me miró y sonrió y, de igual forma, salió de la habitación.
¿A qué se referían con eso?
¿Qué pasaría conmigo?