No puedo hacerlo.
—Animo jugadora. —Dice el entrenador dándome una palmada en la espalda, así que lo veo sorprendida —. Cuando entras en el campo de juego, no tienes que pensar en lo que pasa más allá de esta línea blanca, tu mundo es el campo de juego. No importa lo que pasé después, solo da lo mejor de ti y esfuérzate hasta que el aire queme tus pulmones, tengas las piernas cansadas y el sudor que recorra tu cara esté sucio. Tu puedes hacerlo, confío en ti.
Tiene razón, cuando decidí apoyar a Cam en sus sueños no lo hice con una determinación débil. Debo demostrar que puedo hacerlo, aún si nuestro club queda cerrado, no me rendiré. Sandra me puso en esta situación porque está segura de que puedo salir adelante, y no es la única, tanto el entrenador como mi equipo espera que gane y no pienso defraudarlos. Determinada, golpeo fuertemente mi cara con mis manos para eliminar cualquier pensamiento pesimista que tenga, acción que preocupa a todos los que me ven.
—Tiene razón entrenador. Prometo no defraudarlo. —Digo viéndolo a los ojos.
Él sonríe palmeando nuevamente mi espalda para impulsarme hacia la portería, seguro de que esta vez no me dejaré llevar por pensamientos negativos. Me posiciono en mi lugar respirando profundo nuevamente mientras me estiro un poco viendo que el entrenador de Nat todavía le está hablando, y cuando termina, camina hacia donde están mi hermana, Roko, el director y mi entrenador.
—Tu nombre era, ¿Sandra? —Pregunta despectivo cuando se acerca viéndola con un desagrado muy disimulado, ella asiente para responderle —. Bueno, solo quería avisarte que Nat, el capitán del equipo es un chico muy impresionante. Es nuestro mejor goleador, el de toda la generación.
—Bien. —Dice ella indiferente, causando que Roko tenga que voltear la cara para disimular la risa que amenaza con escapar.
Sonrío aliviada. Si ella siente que el mejor goleador de nuestra generación no es nada, no tengo porque dudar. Un chico de su equipo coloca en la grama un balón para que Nat lo patee. Lo veo atentamente, es alto y fuerte, es un hombre, y no pienso que soy mejor que él. Lo cierto es que es imposible para mi detener un balón que sea golpeado por él, así que solo tengo que desviarlo o evitar que entre en la arquería. De ancho la arquería mide unos siete metros y medio, de alto mide aproximadamente dos metros, mientras que yo mido un metro sesenta. Según todos los datos él tiene muchas oportunidades de anotar, pero mi meta es ir contra todo pronóstico.
Es cierto que no soy tan fuerte o hábil como mi hermana, pero igual que ella entrené mi cuerpo lo suficiente para defenderme cuando hiciera falta y reaccionar según sus instintos. Aunque últimamente ha estado dormido, es hora de dejar de pensar como la chica que necesita ser protegida. Así que respiro profundo y espero recibir la señal para que él patee sin dejar de verlo. Ambos estamos tensos, y aunque hay ruido de los espectadores, todo ruido queda anulado para concentrarnos en el otro. Da tres pasos hacia atrás, y cuando levanta el pie para golpear el balón, me doy cuenta de que su intención es hacer un arco hacia la posición más difícil de la arquería. Cuando por fin golpea balón sigue un camino recto, pero antes de que este empiece a curvarse, apoyo todo mi peso en mi pie y giro para darle una patada giratoria. Esta misma patada, cuando vivía en la base entrenado defensa personal, me dio muchos problemas porque se me hacía difícil conectar el golpe en el blanco, cosa que siempre hizo que Sandra y Roko se burlaran de mí, pero cuando por fin lo logré tuve que entrenarla hasta el punto en que la odie. Nunca pensé que me sería de utilidad, hasta este momento, logrando así el cometido de desviar su tiro hacia las bancas de mi equipo y evitando que entre en la portería. Noto cuando Cam atrapa el balón abrazándolo a su cuerpo, haciendo una mueca de dolor por no tener el equipo protector puesto.
—Que sorpresa, el mejor goleador falló uno. —Dice Sandy como si nada, provocando la risa de algunas chicas y el enojo de Nat—. Tranquilo Nat, todavía quedan dos oportunidades. —Sonríe de manera amplia.
El chico de su equipo pone el segundo balón en la grama y le susurra algo. No me importa lo que diga, ahora mismo me duele el pie que usé para para desviar el balón, confirmando la fuerza de la que es capaz. Respiro profundo mientras salto en mi lugar para evitar concentrarme en el dolor y me pongo en posición. Suenan el silbato la segunda vez, él da otra vez tres pasos hacia atrás desde un costado y golpea. El balón gira sobre su eje mientras se dirige hacia mí, me sorprende ese tiro y me gustaría saber cómo lo ha hecho, pero primero tengo que detenerlo. Me acerco al balón poniendo una mano junto a este para seguir su movimiento, una vez ya tengo cortada la ruta del balón porque no va a poder pasar de mi brazo, giro con el en mi mano y lo desvío hacia la izquierda. Esta vez el balón llega cerca de Sandra, pero ella lo atrapa como si nada.
—Imposible. —Susurra el entrenador de los chicos muy sorprendido.
—Van dos. —Dice ella sonriendo mientras baja el balón.
El chico deja el tercer balón en la grama, la última oportunidad de ambos para proteger nuestros clubes. No hago movimiento de nada en mi mano, aunque me duele, no quiero que piense que me lastimó de alguna forma. Al ver que ya estoy en posición, suenan el silbato la tercera vez para indicar que se puede patear el balón una tercera y última vez. Nat vuelve a dar los tres pasos hacia atrás sin dejar de verme, respira profundo y suelta el aire poco a poco para después golpear fuerza. Esta vez no analizo ni espero nada del balón, solo corro hacia el para golpearlo con fuerza con mi mano sana y desviar la última oportunidad de ellos. Levanto la mirada hacia Nat, pero un nuevo balón se acerca de forma peligrosa hacia mi cara haciendo que por instinto la cubra con mis brazos. El golpe nunca llega, en su lugar, escucho un árbol caerse a mi izquierda y la sombra de mi hermana caer delante de mí mientras noto como Roko derriba al chico que le estaba pasando los balones a Nat.
—Dije tres tiros, y el director estuvo de acuerdo. Si idearon esta trampa, es porque están preparados para las consecuencias. —Amenaza Sandra molesta viendo a Nat.
—Por favor, perdónalo. —Pide Nat por su compañero, mientras las chicas vienen a mi lado —. Nunca planeamos hacer esto, ¿por qué...? —Ve al chico.
—Nadie puede humillar a nuestra estrella. —Dice el chico con dificultad después de unos segundos.
Viendo la escena, Camelia camina hacia ellos con un gesto serio sin despegar su mirada de Nat, después nos sorprende a todos cuando ella le hace una seña a Roko para que se aleje del chico y le ofrece una mano para ayudarlo a levantarse, pero este la ve con desconfianza.
—No seas idiota y tómala, ese tiro fue legendario. —Dice ella con una sonrisa entusiasta que saca a todos de onda.
Puedo entenderla perfectamente. Estos tiros fueron lo mejor que he visto en mi vida.
—Oye Nat. —Llamo su atención acercándome a él —. ¿Cómo hiciste para que el balón se moviera hacia mí mientras giraba? —Pregunto emocionada mientras Cam ayuda al chico a levantarse.
Ambos se ven sorprendidos, sin poder asimilar ninguna de nuestras palabras. Cosa que hace reír tanto a Sandra como a Roko porque todos están perplejos.
—¡Sandra Nite! —Grita el director molesto señalando el árbol caído —. ¡Ese era un árbol milenario que tenía apenas trecientos años! Lo sembré yo mismo, así que repáralo en este momento.
—Pero director... —Ella se queja haciendo una mueca mientras camina hacia el árbol caído.
—Ella me dijo. —Dice el chico junto a Nat para responder la pregunta no hecha —. "Después del tercer tiro golpea un balón, haré algo que llame la atención sobre mí para que su club no tenga que cerrar". No quise golpearte, lo siento.
—Todo fue un plan de Sandra. —Asegura Roko acariciando mi cabello —. En el mundo del deporte debes aprender que todos son rivales, y que hay pesos que duele al llevarlos en tus hombros, por eso te presiono y le permitió a este que te lastimara. —Señala a Nat.
—Lo cierto es que no tengo nada contra ustedes. Porque... —Ve a Cam un momento y sus mejillas se sonrojan —. Las admiro, pero aún les falta un largo camino por recorrer.
—Eso lo sé. —Dice Cam y estira su mano hacia él —. Espéranos en tu trono, pronto las gorgonas también seremos pentacampeonas de la liga de futbol femenina.
—Más les vale, un rey no es nada sin su reina. —Toma su mano y le guiña un ojo, pero ella es tan despistada que no entiende las señales.
Sonrío divertida y aliviada, pero también me siento sorprendida. Sandra planeo todo desde el principio, pero ¿cuál era su intención? ¿Buscaba que nuestro equipo entendiera que jugar en una competencia es una gran responsabilidad? ¿Qué todos son rivales que en algún momento te pueden apuñalar en la espalda? ¿Qué aprendiéramos a tener seguridad? ¿o qué nuestra mente esté preparada para lo peor en un partido? Bueno, conociendo a Sandra, de seguro es todo. Veo hacia mi hermana que escucha atentamente lo que dice el director mientras se dirigen hacia nosotros después de levantar el árbol.
—Entiendo, no volveré a hacer algo así. —Dice ella para callarlo y después señala hacia donde estamos todos —. Están esperando el veredicto.
—Lo que va a ocurrir es claro, este partido queda anulado por tu intervención que acarreó la destrucción de un bien escolar. —Dice molesto mientras camina lejos del bullicio de los alumnos.
—Fue mejor de lo que esperé. —Levanta su puño hacia Roko, quién lo golpea suavemente con su puño.
—¿Por qué nunca me dices tus planes antes? —Hago un puchero.
—Porque eres la variante que siempre voy a predecir si arreglo todo. —Dice como si nada y acaricia mi cabello —. Además, cuando el jefe terminó con el problema de saboteo, estos chicos quedaron libres y terminé sintiendo lastima de sus pobre almas inferiores.
—No sé porque, pero me siento ofendido. —Dice Nat cabizbajo.
—Está bien capitán, es mejor no pensarlo. —Consuela su compañero.
Sonrío compasiva. Ellos tuvieron que ser peones en el juego de mi hermana para ayudar a mi equipo a mejorar. No solo Lili, todos vivimos rodeados de personas raras, y quién la gobierna es Sandra. Pero sus intenciones no son malas, y gracias a ella junto con sus planes locos, ahora hay mucha gente que se quiere unir a ambos clubes gracias al espectáculo que acabamos de dar, incluso veo a las dos chicas que recibí en la puerta más temprano llenar un formulario cada una. Vamos a tener mucho trabajo, pero no me desagrada la idea.
Suspiro derrotada dejándome caer en la grama y siento los cálidos brazos de mi madre envolverme. No me había dado cuenta de que estaba aquí.
—Fue un buen trabajo. —Consuela acariciando mi cabello.
—Es verdad, se nota que dejé el equipo en buenas manos. —Felicita Philip con su típica sonrisa cálida mientras lleva a Mint sentado sobre sus hombros, quien me muestra un pulgar arriba.
—Me está dando mucho crédito, la forma física de las chicas es gracias a usted. —Dice el entrenador algo nervioso mientras mamá me ayuda a levantarme, donde se da cuenta de que estoy cojeando por la herida —. Lili, el botiquín.
Lili obedece sacando un spray frío para aliviar el dolor lo suficiente para llegar hasta las bancas, pero es seguro que tendré que vendármelo. Sandra se acerca con la intención de tocarlo, pero la detengo.
—Esta herida es el comienzo de mi camino, dejaré que sane de forma natural. —Digo segura, recibiendo una caricia en mi cabello por parte de ella.
—Mamá, Philip, enano; la dejo a su cuidado. Roko y yo tenemos que patrullar. —Avisa ella caminando para seguir con su trabajo.
—Espera hija, recuerda decirles a los chicos del comité que están invitados para la fiesta del sábado. —Dice mamá deteniendo un momento a Sandra y después la deja ir cuando ella levanta la mano para confirmar que la escuchó.
—Es cierto, ahora que la piscina está lista, podemos hacer la fiesta de inauguración. —Digo recordando la promesa que le hice a Cam.
—Casidic, ¿podemos...? —Cam señala a los chicos del equipo de futbol.
—Claro que sí, es lo menos que puedo hacer por ellos. Sandra los uso y merecen una gran recompensa. ¿Verdad, cielo?
—Claro que sí. —Acepta Philip con una sonrisa, pero creo solo lo hace para complacer a mamá.
No puedo evitar sentirme cómoda en este ambiente. Ahora todo por fin comienza a tomar un curso más tranquilo que promete típicos problemas adolecentes, salir de compras, preocuparse por la moda, pasar el fin de semana con tus amigas, pintarte las uñas, y por supuesto, practicar tu deporte favorito. Todo lo que una chica normal puede hacer en su día a día.