CAPÍTULO TREINTA Y DOS Atónito, Oliver observó cómo Chris escapaba, hasta que se lo tragó la oscuridad de la noche. No acababa de entender lo que había pasado. ¡No tenía ni idea de cómo estaba vivo todavía! Justo cuando las últimas gotas de sus poderes celestiales se habían agotado, algo parecía haberse apoderado de Chris y este había escapado. Oliver se preguntaba si, por fin, había sentado la cabeza. Palpando en su interior, Oliver vio que todos los poderes celestiales habían desaparecido. Los había agotado por completo luchando contra Chris y ya no quedaba nada. Como, para empezar, eran poderes prestados, Oliver sabía que eso significaba que no volverían a él. No importaba lo mucho que descansara, nunca recuperaría los poderes celestiales. Extrañamente, ese pensamiento era reconfort

