Dos días después New York Joane Dicen que el pasado es como una sombra, siempre acechante. No importa cuánto intentes escapar, está ahí, pegado a tus pasos, silencioso pero implacable. No hay forma de borrarlo ni de esconderlo, más bien es un eco persistente que se filtra en los momentos menos esperados, recordándonos que nadie es una hoja en blanco. La realidad es que cada uno lleva a cuestas sus errores, sus relaciones fallidas, y esas decisiones que desearía poder cambiar, como consecuencia el pasado es como un tatuaje grabado en el alma, un recordatorio constante de lo que fuimos, para bien o para mal. Aunque muchas veces nos desagrade, no podemos deshacernos de él; solo queda aprender de sus lecciones, darle un portazo o enterrarlo en lo más profundo de nuestra memoria. Sin embar

