El teléfono timbró con fuerza, Cinthia apenas reaccionó, su mente estaba en la oscuridad en la que el rostro se sumergió, ¿era parte de las alucinaciones? ¿Era un amigo o un enemigo? Nunca le había hecho daño, pero tampoco la había ayudado, pero estaba ahí siempre; lo había estado desde el primer día en que entró a la cueva. El teléfono volvió a timbrar, esta vez lo escuchó y contestó al quinto timbrazo. Estaba tensa, estaba asustada y tenía un mal presentimiento sobre lo que seguía; los gritos al otro lado de la línea sólo confirmaron sus sospechas. – ¿Sí? – ¿¡Qué pasó!? –Tania gritó entre sollozos –. ¿Por qué ocurre esto? Dime que tú también lo sufres y que no soy la siguiente en ser internada. El ataque de las sombras había sido el doble de intenso, mucho más doloroso

