El domingo despertó cuando el sol aún no hacía acto de aparición, lo supo porque el interior de su habitación no estaba iluminado y sus párpados pesaban como si fueran de plomo. Intentó volver a dormir, pero fracasó rotundamente, su organismo no podía relajarse. La noche anterior había sido un error, todo el día había resultado en un garrafal error y lo sabía, por lo menos su parte racional, porque otra parte de ella insistía en sentirse feliz y lucir una radiante sonrisa en el rostro durante todo el día. No había querido besar a Teodoro, o bueno, sí; pero no en ese lugar ni en ese momento. La risa burlona de Tania y los ojos como platos de Samanta jamás podría borrarlos de su mente, ella estaba igual de sorprendida que ellas y que él. Al final se despidió de ambas chicas quienes no de

