16 de noviembre de 1536 Estimado Sr. Apodaca: Recibí su carta y no puedo explicar con palabras la alegría que sintió mi corazón al saber que cada vez están más cerca de mí. En estos momentos difíciles, necesito estar con mis seres queridos. Mi marido me narró su vida durante su corta estancia en el campo, ahí en donde lo conoció a usted, sabía que preferiría una vida tranquila y sin las presiones urbanas, al igual que yo. Le encantará mi tierra natal, quedará tan fascinado que jamás querrá dejar este lugar; se lo aseguro. Cambiaré radicalmente de tema para confiarle que mi querido amigo volvió hace unas semanas al pueblo, lucía devastado y cansado, apenas sonrió al verme. Él y yo no terminamos bien la última vez que hablamos, pero creí que todo estaría olvidado, al parecer me equivoqué

