Si le preguntaran quien creía que sería el primero en morir, habría dicho que nadie y Fernando murió; si le preguntaran quien sería el primero en perder la cabeza, habría dicho que Samanta y el hospitalizado era Santiago. ¿Qué seguía? ¿Un herido de gravedad? ¿O un desaparecido? Sacudió la cabeza, prefería no predecir. El miércoles por la tarde, justo cuando estaba en el descanso de su último laboratorio del día, su teléfono timbró para avisar que al fin le habían respondido. Por la mañana mandó un mensaje a Tania preguntando en qué hospital estaba Santiago, pero por alguna extraña razón aún no se dignaba a responderle. “Instituto Rogelio Miramar Castellano II, tuve que presionar mucho a Tomás para que me dijera.” Conocía el hospital, era de renombre y se decía que era muy bueno, varias ve

