Solo al retornar al trabajo Amelia tomó conciencia de que lo único malo que involucraba su estilo de vida era el estrés. Tenía que encontrar la forma de equilibrar sus actividades, si quería que la inseminación funcionara. Pensaba en esto, cuando llegó el mediodía. Dado que la mayoría de la gente en la empresa salía a comer, sólo entonces notó que el nivel de energía y bullicio a su alrededor se había alivianado un poco. Asomó de su despacho, con toda la intención de ir a almorzar, cuando descubrió una grata presencia en el hall de la compañía. — ¡Bautista! — exclamó, ni bien lo divisó. — ¡Qué sorpresa verte! ¿Qué te trajo hasta aquí? — La curiosidad, que espero que no me mate como al gato… Dalia me ha hablado con tanto orgullo sobre ti y tu empresa, que tenía que ver algo de todo esto

