Amelia arribó a la cocina con pesadez, y el semblante pálido. Allí ya estaba Dalia, quien a esa hora siempre tenía listo el café para el desayuno. — Pareces un zombi. — comentó escuetamente, mientras le servía en un plato un par de tostadas sin gluten, mantequilla y un poco de mermelada orgánica. — Lo sé, es que ayer llegué tarde… me harían bien un par de horas de sueño adicionales. El insomnio no se produjo por capricho. En realidad, dio vueltas en la cama pensando en su atractivo e intrigante invitado. Su presencia en su vida diaria, era algo a lo que debería acostumbrarse. Y no por que fuese desagradable, todo lo contrario. — Tómatelas entonces… podrías avisarle a tu hermano que llegarás un poco más tarde. — De ninguna manera… — repuso, mientras bostezaba. — No te preocupes, ni bie

