Salgo con sigilo, esforzándome por que mis pisadas no hagan crujir el piso, ni los escalones de madera vieja. Borro de mi cabeza todo pensamiento anterior y me concentro en las voces mientras me acerco más y más al lugar de procedencia y me asomo ligeramente, no lo suficiente como para que me puedan ver pero sí como para espiarlos a ellos. Sólo un momento, sólo quiero ver qué sucede. Contengo mi respiración para que no la escuchen. -Lo siento, señor, lo entiendo, pero…- dice el más alto con una calma evidentemente forzada, mientras el otro parece contenerse y, por el contrario, mi padre lleva escrito en el rostro sin ningún problema que está enfadado. Los tres están de pie, pese a la comodidad de los sillones que los rodean. -No, no lo entiende- interrumpe, con una voz más calmada pero q

