Se apresura a moverse para no hacerme daño y se deja caer de espaldas a un costado de la cama; todavía con el corazón palpitándome con fuerza, alcanzo a verlo cerrar unos segundos los ojos para luego abrirlos de nuevo, sereno, y levantarse de la cama. Y pisar las frazadas que aún yacen estiradas sobre el piso. -¿Tú me subiste?- pregunto al recordar, siguiendo un impulso y arrepintiéndome al instante. Se voltea con las cejas alzadas, una expresión altiva y una mirada hostil, casi burlona. Deseo poder manejar el tiempo, volver atrás y mantener la boca cerrada. -Te subiste tú sola, princesa- Ahí está, el único rastro de aquél tipo que aparece en mi memoria, ese otro Shasta más irónico, socarrón, arrogante: princesa. Aparentemente enfadado ante mi pregunta, me da la espalda una vez más y a

