Capítulo 28

1610 Palabras

Era una casa grande, muy grande, pero el silencio de la noche lo era más, lo cubría todo, y por eso mismo cualquier mínimo sonido que no fuera el grillar de los insectos llegaba de inmediato a mis oídos, aunque se encontrara en el interior del bosque. Y el ático de no se encontraba en el interior del bosque. Me incorporé, cada vez menos adormilada, y estiré la mano sin mirar, intentando despertar a Shasta; me topé de lleno con el colchón vacío y entonces giré el rostro. No estaba allí, pero eso no era nada extraño. Suspiré, atemorizada, y me bajé lentamente de la cama mientras continuaba escuchando los sonidos que provenían del interior de la casa, sonidos que no tenían sentido alguno. Nadie pisaba nunca el ático, mucho menos mi padre; allí guardábamos las cosas de mamá y era un sitio sag

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