Capítulo 37

1103 Palabras

Cuando llegamos a la casa, unos minutos después, y él abre la puerta para dejarme pasar, pienso por un momento que estoy en el lugar equivocado, que me encuentro en otra dimensión más horrible, más oscura, más aterradora, de la que en cualquier momento saldrá otra persona, otra sombra, y me disparará ahora sin aviso previo, sin amenaza. La oscuridad es tal, el silencio, que por un momento me quedo en la puerta de pie, inmóvil, los ojos escrutando la negrura, las manos temblándome. Pero no es otra dimensión, es mi casa, la casa en la que viví toda mi vida, a oscuras. Lo mismo de siempre, sólo que sin luz, sin el canto de las aves, sin siquiera el chillar de los insectos. Pero definitivamente sin hombres con pistolas. Entro por fin y él, paciente, me sigue y cierra la puerta sin hacer ruido.

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