Capítulo 4: Una Promesa En El Olvido.

2023 Palabras
Olvidando por completo donde estaban, Ajax seguía la traviesa lengua de Athan. Mientras el rubio lo abrazaba por la cintura. La presión en sus cuerpos, comenzó a elevar la temperatura en la oficina. Yokosawa sintió algo duro en su entrepierna, un suave roce. Aquéllo hizo que reaccionara de una vez, y empujara al rubio con ambas manos. Athan chocó con el escritorio. -Auch. -Basta- dijo, tratando de volver en sí. Tenía los labios ligeramente hinchados y húmedos por el beso- Esto no puede ser. Tú y mí hermana se van a casar, y nadie puede ir en contra de ese arreglo. Lo que estamos haciendo, no está bien. -Los sentimientos sí pueden- le dijo Athan, con voz convencida- Yo nunca olvidé el amor, que sentía por ti. Los años sólo hicieron que me aferrara más a los recuerdos tuyos. Incluso comencé a revisar tus r************* , apenas supe que cumpliste la mayoría de edad. Pero fui demasiado cobarde para hablarte. Estaba asustado, creí que no me recordarías, aunque no me equivoqué- lo miró algo triste- Nunca dejé de amarte. Ajax seguía descolocado, áquello era demasiado para él. En realidad no sabía cómo sentirse. Sólo la culpabilidad por la traición hacia su hermana, le hacían frenar las extrañas sensaciones que estaba sintiendo. Vagamente los recuerdos se agolpaban en su mente. Y lo peor es que no podía evitar sentirse vacío, y con una extraña pena. -Basta, Athan. No seguiré con esto- dijo, tratando de convercerse así mismo- Calypso está feliz de poder casarse contigo, y comenzar su nueva vida a tú lado. Las empresas dependen de ésta unión. Y nuestros padres están de acuerdo. -¡Mentira!- gritó el rubio, irritado por las vanas excusas del pelinegro- Las empresas se mantienen por las ventas de los productos y las inversiones internacionales, no por un matrimonio arreglado. Y del cuál, estoy en completo desacuerdo. No me inetresa lo que piensen mis padres, ya somos adultos y yo manejo mí vida. -¿De qué hablas?- lo empujó Ajax- ¡No dejarás a mí hermana! ¡No jugarás con ella!. ¡Te vas a casar, quieras  o no!. -Lo que yo tenga que hablar con Calypso, es problema mío- le dijo el rubio, acercándose- No quiero que te metas en esto. Tendrá que entender que no tengo un ápice de sentimiento por ella. -¡Es mí hermana!- le gritó Yokosawa- ¡No la harás sufrir!. -¡Pero yo no la amo!- lo tomó de la ropa, atrayendo su rostro- Tú eres al que amo- dijo Athan, dándole un último beso. Antes de recibir una bofetada, se alejó del pelinegro- Esto está lejos de terminar. Seguiré cada paso que des y dónde vayas, yo estaré- se dio media vuelta y salió de la oficina. Ajax cayó sentado en el piso, escondiendo su rostro en ambas manos. Quería llorar, sentía su corazón apretado, no entendía porque se sentía tan vacío. Un dolor apremiante en su pecho, amenazaba con ahogarlo en la pena. Tomó aire y compostura. La reunión aún no terminaba, por lo que debía salir y dar la cara. Suspiró. Mientras tanto, Calypso subió al segundo piso, en busca de su futuro esposo. Lo vio saliendo de la oficina de su hermano. -Athan- le sonrió la chica- ¿Podemos hablar afuera?. Hay muchas cosas de las que debemos discutir. -Lo siento. Tendrá que ser otro día. Debo regresar a la empresa, surgió algo- mintió el rubio. -¿Está todo bien?- preguntó la pelinegra- ¿Quieres que te acompañe?. Te puedo ayudar en lo que necesites. -No, gracias- le dijo Athan. La tomó del rostro y le dio un beso en la frente- Nos vemos mañana. Descansa. Continuó a las escaleras y bajó. Se despidió de su familia y los Yokosawa. Fue hasta su Audi y desapareció del lugar. Simplemente se fue a su casa, pues no quería cometer una locura. Y una de ellas, era hacerle el amor a Ajax, aunque fuera a la fuerza. Meditó todo el camino, aquella mala desición. Lo mejor fue irse de esa reunión. Mientras que Ajax continuaba en la oficina, tratando de pensar en que hacer para que Athan se alejara, o al menos tratar de olvidar esos extraños sentimientos. No podía permitir, que el chico engañara de esa manera a su hermana. Y tampoco sería el partícipe de ese mal tercio, aunque eso significara, olvidarse completamente del pasado. Se levantó del piso y se arregló la cara. Trató de verse cansado, pero no triste. Salió de la oficina y se dirigió a las escaleras, bajó a la sala común, ahí estaban todos. Hizo un sonrisa y se sentó. Contaba las horas, para que la bendita reunión terminara, sólo quería regresar a casa con sus amigos y olvidarse de todo. Lejos de ahí, Lander terminaba de darse una ducha. Salió del baño, con la toalla en la cintura y el cabello mojado, se dirigió al comedor. El aroma de la rica cena, lo hizo dirigirse hacia allá. Urian terminaba de cocinar, tenía la mesa puesta. Dejó el delantal y caminó hacia su amigo. -Iré a darme un baño. Puedes comenzar sin mí- le dijo el peliplata, pasando por su lado. Lander lo sostuvo de un brazo, deteniendo su paso. -Cómo iniciar, sí el principal no está- le dijo sonriendo- Además no me gusta comer solo, y lo sabes. Urian lo miró fijo, luego sus ojos bajaron por el marcado y mojado cuerpo del ojigris. Las gotas caían con gracia, quedando atrapadas en la toalla. -Sabes que a Ajax no le gusta que mojen la alfombra- le dijo el peliplata, tocando el cabello de Lander- Además, puedes resfriarte. Sécalo. El ojigris sintió una leve cosquilla en la nuca, sus ojos se vieron fijamente por un lapso de segundos. Urian alejó su mano y caminó hasta el baño. -Eso fue extraño- dijo Lander, dirigiéndose a su habitación. Instintivamente se llevó la mano, al lugar donde lo acarició su amigo. Minutos después, Urian salía del baño. Llevaba la toalla en la cintura, mientras que con otra, se secaba el cabello. Lander salía de su habitación, encontrándose con su amigo en el pasillo. Los ojos grises escudriñaron cada centímetro de piel. Urian sintió aquella penetrante mirada. -Me visto y cenamos- le dijo el peliplata. El ojigris asintió y se dirigió al comedor. Mientras su amigo iba a ponerse pijama. Urian entró a su habitación, dejando la puerta entreabierta. La toalla se deslizó por la cintura, cayendo al piso. Afuera Lander se quedó pegado mirando la marcada figura de su amigo. La blanca piel, era muy llamativa, incluso deseable. Una idea fugaz pasó por su cabeza, se vio besando y pasando la lengua por esa suave piel. Se sonrojó al darse cuenta de sus propios pensamientos. Salió del lugar y se dirigió al comedor. Se sentó, tratando de calmar su mente. Minutos más tarde se encontraban cenando. Lander siempre disfrutaba de la rica comida que cocinaba su amigo. Era un gran chef, había aprendido el arte de la cocina, por su abuela. -Mañana tengo que ir a las siete tiendas que venderán nuestros productos- le dijo Lander, bebiendo su copa de vino- ¿Me acompañarás, verdad?. Urian arrugó el ceño, lo pensó por unos instantes. -Puedo acompañarte, para revisar los stand y los lugares dispuestos de ventas- le dijo el peliplata, comiendo carne. Lander lo quedó mirando. -Tú boca. -¿Mph?. -Ach- se quejó el castaño- Eres cómo un bebé- se incorporó de su asiento y estiró la mano, limpiando suavemente los labios de su amigo. Le sacó, lo que parecía, algo de carne. Luego se lamió el dedo y se sentó. Aquélla acción hizo que Urian se sonrojara levemente. -¿Qué haces?- preguntó. -Porque- le dijo Lander- Era carne, nada más. El peliplata no dijo más, aunque debía admitir que aquella acción, no se la esperaba. Se sintió extrañamente tímido. Miró a su amigo, que continuaba comiendo tranquilamente. -Hoy no tuviste que salir- le dijo Lander, mirando con curiosidad a su amigo. Y es que de los años que llevaban juntos, Urian nunca les hablaba de su vida privada. Tenía ese hermetismo con sus amigos, y ellos respetaban eso. -No, hoy no- respondió con simpleza. Luego de un rato de silencio, Lander miró a Urian. Le era extraño ver a un chico tan atractivo y que siguiera soltero. Después de todo, era el más centrado de los tres. -¿Cuándo nos presentarás a una de tus novias?- preguntó el castaño, bebiendo de su copa. -No tengo un harem- respondió Urian- Tú y Ajax son los perfectos superhombres de la empresa, yo simplemente soy una punta del triángulo y nada más. Terminaron de cenar. -Deberías tenerte más fe- le dijo Lander, acercándose- Eres un chico dulce y atractivo. Muchas querrían un hombre cómo tú. -Puede ser- dijo Urian- Pero mí corazón está cerrado al amor. No creo en el, y nunca lo haré- tomó los platos, para llevarlos a la cocina. Las palabras del peliplata, de alguna manera sorprendieron a Lander. El ojigris no se imaginó lo frío que podía llegar a ser Urian. ¿Acaso el chico había sufrido una pérdida amorosa?. -Dame los platos- le dijo el castaño, tomándolos. Le acarició sutilmente las manos- Tú cocinas, yo lavo- sonrió. -Bien- Urian dejó que lo hiciera- No tardes y vete a dormir luego. -Sí cariño- le dijo Lander, burlándose. El peliplata suspiró y se retiró a su habitación. Su amigo se dirigió a la cocina y comenzó a lavar los platos. Minutos más tarde, se fue a su dormitorio. Pasaba de la medianoche. El Porche llegaba al fin a su destino. Sin hacer ruido, Ajax entró, pues sabía que sus amigos estaban dormidos. -Qué maldita noche- se quejó, mientras subía a su habitación, para darse una ducha. Un baño refrescante, antes de dormir, y sacar todo lo pesado de las horas anteriores. A la mañana siguiente, Urian y Lander debieron despertar a su amigo Ajax. El pelinegro estaba demasiado cansado, las emociones de la noche anterior, lo habían dejado agotado. Sin contar que le había costado un mundo, quedarse dormido. -¡¡CEO!!- le gritó el castaño, despertándolo. -¡Dios!- dijo Ajax, tratando de volver del susto- Casi me matas. -Lo siento, pero no respondías- le dijo Lander. -No tiene modales- increpó Urian, al ojigris- Cómo sea, ve a darte una ducha, ya es tarde. El desayuno está listo. Algo adormilado, Yokosawa se levantó y fue al baño. No tenía ganas de ir a la empresa, y es que seguramente se encontraría con su cuñado. Ver ese rostro y recordar esa traviesa lengua, no lo ayudaban mucho. Suspiró. Minutos más tarde, estaban en el comedor desayunando. -¿Cómo estuvo la reunión familiar?- preguntó Urian. -Fue una mierda- le respondió secamente Ajax. -Oh vamos- dijo Lander- No pudo ser tan malo. Ajax miró a sus dos amigos. Tuvo el impulso de contarles lo ocurrido, necesitaba hablar con alguien o se iba a volver loco. -¿Te pasa algo?- preguntó el ojigris, viendo el rostro de su amigo. -El viernes podríamos beber algo- les dijo Ajax- Necesito hablar con ustedes. -¿Quieres hablarlo ahora?- le preguntó Urian, algo preocupado. -No- dijo Ajax- De verdad que para contárselos, necesito un trago. -Qué rayos, ¿estás bien?- le dijo Lander- Podemos hablar con Calypso, y decirle que estás algo indispuesto. Podrías tomarte los días que quedan, libres. Urian y yo nos podemos hacer cargo de los asuntos. Ajax lo pensó, en realidad era una propusta tentadora. Cualquier cosa sería mejor, que estar cerca de su cuñado. Sin embargo, debía pensar cómo un adulto, no podía evadir las responsabilidades del trabajo. Menos ahora, que estaban a punto de lanzar los nuevos productos de la empresa Tecnomex. Suspiró. -No, tranquilos. Debo ir a trabajar- les sonrió- Terminemos de desayunar, se nos hace tarde. Los chicos asintieron y continuaron desayunando. Urian y Lander se miraban de vez en cuando. Era extraño ver al pelinegro, con ese semblante. Estaban preocupados por verlo tan pálido y ojeroso. Era mitad de semana, por lo que sólo quedaban un par de días para el viernes. 
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