La prensa no habia mencionado ni una vez el alcohol, ni el adulterio y la versión publica era que Anthony.... el heredero de la fortuna de su familia habia muero a causa de una carretera resbaladiza y de un fallo en el coche, no por su conducción criminal y temeraria estando bebido. Y la mujer que lo acompañaba habia pasado hacer su secretaria, en vez de su amante.
El proceso de divorcio que Mariana habia iniciado habia quedado borrado, completamente erradicado ya que ninguna sombra de escándalo podía recaer sobre la memoria de Anthony... o sobre su ilustre apellido, y Mariana habia sido presionada para que interpretara el papel de la viuda conmocionada y desconsolada.
Y era cierto de que se habia sentido comisionada y desconsolada, pero no por lo que habia perdido en una solitaria carretera a las afueras de Boston, sino por lo que habia desaparecido tan pronto después de su noche de bodas.
Se recodo que no servia de nada mirar atrás, sobre todo en este momento, en el que tenia que mirar hacia delante. Sin embargo, lo que habia pasado entre Tony y ella, habitan creado una vida juntos, una vida que estaba a su cargo, a la que debía amar y proteger.
AL contemplar la nieve primaveral, que llegaba hasta donde le alcanzaba la vista resplandeciente e inmaculada fue capaz de creer que todo saldría bien.
-¿En que estas pensando?
Sobresaltada, se volvió hacia David con una suave risita.
-No te he oído llegar.
-No estabas escuchando -dijo él, mientras cerraba la puerta tras de si-. Aquí afuera hace bastante frió.
-Se esta de maravilla.¡Que espesor crees que tiene la nieve?
-Yo diría que un metro mas o menos.-Nunca habia visto algo así, es dificil imaginar que pueda llegar a derretirse y que vaya a crecer la hierba.
David no se habia puesto los guantes, así que opto por meterse las manos en los bolsillos de la chaqueta.
-Llegue aquí en noviembre, y para entonces ya estaba nevado. No he visto el paisaje de otra manera. Mariana intento imaginarse como seria vivir en un sitio donde la nieve no se derrite nunca, pero decidió que ella necesitaba la primavera, el florecer de las plantas, el color verde, la promesa en el aire.
-¿Cuanto tiempo piensas quedarte?
-No lo se, no me he planteado -dijo él.
Mariana le sonrió aunque sintió algo de envidia ante su actitud tan despreocupada.
-Pendras que montar una exposicion con todas esas pinturas.
-SÍ, supongo que tendré que hacerlo tarde o temprano, pero no hay prisa -David movió los hombros inquieto de repente. San Francisco, su familia y sus recuerdos parecían muy lejanos.
-El arte tiene que ser completado y admirado -murmuro ella, pensando en voz alta-. No debería estar aquí escondido.
-¿Pero la persona si?
-¿Te refieres a mi, o es que tu también estas escondiéndote de algo?
-Estoy trabajando -contesto él con calma.
-Un hombre como tu puede trabajar en cualquier parte, supongo que no tienes que apartar a los demás con un par de codazos y ponerte manos a la obra.
David no pudo evitar sonreír.
-A lo mejor pero de vez en cuando me gustaría tener algo de espacio. Cuando uno logra hacerse un nombre, la gente tiende a mirar por encima de tu hombro.
-Bueno yo me alegro de que viviera a vivir aquí, fuera cual fuera la razón -Mariana se parto el pelo de la cara, se apoyo contra un poste y admitió sonriente-: debería entrar, pero no me apetece.
David entorno los ojos, y le enmarco la cara con manos frías y firmes
-Tus ojos tiene algo...-murmuro, mientras la hacia volverse hacia la luz-, dicen todo lo que un hombre desea escuchar de una mujer, pero también muchas cosas que no quieren oír. Tienes unos ojos sabios, Mariana. Unos ojos sabios y tristes.
Ella no contesto, pero no fue porque su mente se hubiera quedado en blanco, sino por que se habia llenado de repente de tantas cosas, de tantos pensamientos y deseos...habia creído que no podría volver a sentir algo así de nuevo y jamas se habrá imaginado capaz de aquel deseo de un hombre. Su piel se acaloro, a pesar de que él la tocaba con manos frías y casi con desinterés.
La atracción s****l que sentía la sorprendió e incluso la vergonzoso un poco; sin embargo, fue la atracción emocional, su fuerza intensa y persistente la que la silencio.
-Me pregunto lo que has visto a lo largo de tu vida -añadió él.
Los dedos de David le acariciaban la mejilla como por voluntad propia.Eran largos y delgados, ideales para un artista, pero también duros y poderosos. Mariana se dijo que, como iba a pintarla, era posible que el solo estuviera familiarizándose con sus raciones, con la textura de su piel.
Sintió un intenso anhelo en su interior, el deseo absurdo e inalcanzable de ser amada, abrazarla y deseada por la mujer que era en su interior, y no por su cara ni la imagen que podía verse dude el exterior.
Estoy un poco cansada -dijo mientras intentaba mantener la voz firme.Creo que me iré a adormir.
David no se aparto de ella de inmediato, y su mano permanecido en su rostro unos segundos mas. No habría sabido decir que fue lo que lo mantuvo allí, contemplándola, intentando ahondar en aquellos ojos que tanto lo fascinaban, pero finalmente retrocedió un paso y le abrió la puerta.
-Buenas noches, David.
-Buenas noches.
Él se quedo allí, a la intemperie, preguntándose que demonios le estaba pasando. Por un momento...no, habia durado mucho mas que un momento...la habia deseado. Saco un cigarro, furioso consigo mismo. Habia que estar cayendo muy bajo, para pensar en hacer el amor con una mujer embarazada de mas de siete meses del hijo de otro hombre.
Sin embargo, tardo mucho en lograr convencerse de que solo habían sido imaginaciones suyas.
David se pregunto en que estaría pensando.. Parecía tan serena, tan calmada... llevaba un jersey rosa, y el pelo le caía en una cascada reluciente sobre los hombros. Ese día tampoco se habia puesto ninguna joya, nada que pudiera apartar la atencion de ella, ni que pudiera captar atencion hacia ella.
Casi nunca usaba modelos, por que incluso los que conseguían mantenerse en la pose todo el tiempo que el le exigía, acaban mostrando signos de aburrimiento y de incomodidad, sin embargo, Mariana parecía capaz de quedarse allí sentada indefinidamente, con la misma sonrisa dulce en la cara.
Aquella era parte de lo que quería captar en el retrato, aquella paciencia interior, aquella ...bueno, David supuso que podrida considerarse una serena aceptación el tiempo, tanto del pasado como del que quedaba por llegar. Él nunca habia sido demasiado paciente, ni con los medas, ni con su trabajo, ni consigo mismo, y aunque era un rasgo que admiraba en ella no tenia ninguna intención de intentar adoptarlo.
Pero habia algo mas, algo que iba mas allá de aquella belleza femenina y de aquella calma de madonna. De vez en cuando vislumbraba una cierta fiereza en ella, una determinación digna de un guerrero que revelaba que era una mujer capaz de hacer lo que fuera necesario para proteger lo que era suyo. Y a juzgar por su historia, lo único que le pertenecía era el niño que llevaba en el vientre.
Mientras deslizaba el lápiz por el papel, David reflexiono sobre el hecho de que ella no se o habia contado todo; de hecho, solo le habia contado pequeños retozas incompletos para evitar que él siguiera haciéndole preguntas, y él no habia insistido mas. Normalmente no se conformaba con una respuesta parcial si quería una explicación completa de algo, pero habia sido incapaz-de presionarla al ver que lo poco que le habia contado le resultaba doloroso.
Ademas, aun quedaba tiempo. La radio seguía anunciando que las carreteras permanecían cerradas y que aun quedaba nieve por llegar, y teniendo en cuenta lo imprevisibles que podían resultar las rocosas en primavera, seguramente pasarían dos semanas, quizás incluso tres hasta que se pudiera viajar con total seguridad. Era extraño, peo aunque lo mas normal habría sido que se sintiera molesto por aquella compañía obligada, lo cierto era que le gustaba aquella ruptura en al soledad que el mismo se habia impuesto. Hacia mucho tiempo que no hacia un retrato, quizás demasiado, pero habia sido capaz de enfrentarse a un sujeto de carne y hueso después de lo de Michael.
En la cabaña lejos de todos los recuerdos, habia empezado el proceso de curación. En San Francisco habia sido capaz de levantar un pincel ya que el dolor habia hecho algo mas que debilitar lo, lo haba dejado vació.
Pero allí aislado y completamente solo, habia pintado paisajes y bodegones, sueños apenas recordados, y marinas a partir de antiguos bosquejos. Habia sido suficientemente, pero solo con la llegada de Mariana habia sentido la necesidad de volver a pintar el rostro humano.
En el pasado habia credo en el destino, en una pauta vital que estaba predestinada desde antes del nacimiento, pero la muerte de Michael lo habia cambiado todo. A partir de aquel momento habia tenido que echarle la culpa a alguien, a algo, y lo mas fácil a la vez que doloroso habia sido culparse a si mismo.
Pero mientras esbozaba el rostro de Mariana y pensaba en la extraña secuencia de circunstancias que la habían llevado a su vida, empezó a cuestionarse de nuevo sus creencias... y no puedo evitar volver a preguntarse lo que estaría pensando ella.
-¿Estas cansada?
-No- contesto Mariana, sin moverse.
David le habia colocado una silla junto a la ventana, en un angulo en el que estaba de cara a él, pero que le permitía mirar hacia afuera. La luz la iluminaba de lleno, sin crear la mas mínima sombra.
-Me gusta contemplar la nieve -siguió diciendo ella-: ahora hay algunas huellas, y me gusta pensar en los animales que pueden haber pasado sin que los hayamos visto. También puedo ver las montañas, y la verdad es que parecen muy viejas y amenazadoras.
Hacia el este son mas accesibles, mas amigables.
David murmuro disparatadamente su conformidad mientras contemplaba el boceto que estab haciendo. Era bueno, pero no acababa de reflejar lo que buscaba y quería empezar a trabajar pronto en un lienzo. Dejo el cuaderno a un lado y la observo con el ceño fruncido mientras ella le devolvía la mirada con expresión paciente y algo divertida.
-¿Tienes otra cosa que ponerte?, ¿Algo que te deje los hombros al descubierto?
-Lo siento pero mi vestuario es un poco limitado en este momento.
David se levanto y empezó a pasearse de un lado a otro de la chimenea a la ventana, y de vuelta a la mesa. Cuando se acerco a ella y le agarro la cara para hacer que la volviera aun lado a otro, ella obedeció sin rechistar. Después de tres días posando para él, se habia acostumbrado a su aptitud; a veces, sentía que la trataba como si fuera un arreglo floral o un frutero, como si aquel momento tan especial en el porche no hubiera existido. Se habia convencido de que se habia imaginado tanto la mirada de los ojos de el como su propia reacción.
Él era el artista, y ella la arcilla que habia que moldear. Ya habia pasado por aquello.
-Tienes una cara completamente femenina -dijo él. mas para si que para ella -. atrayente a la vez que serena, y suave a pesar de la forma pronunciada de los pómulos. Tus rasgos no son amenazadores, pero resultan increíblemente impactantes. Esto habla de sexo -dijo, mientras su dedo recorría con naturalidad su labio inferior -, pero tus ojos prometen amor y devoción. Y el hecho de que estés madura...
-¿Madura? -dijo Mariana, riendo. Sus manos, que habían apretado con fuerza en el regazo cuando él habia empezado a hablar, se relajaron un poco.
-Me refiero a tu embarazo, que aumenta aun mas la fascinación que despiertas. Una mujer en estado refleja una promesa, una plenitud, y a pesar de la educación y del proceso de hoy en día, un misterio irresistible. Igual que un ángel.