-Maldita sea-, no me mires así. Nunca en tu vida me mires así- le apretó el brazo con más fuerza sin darse cuenta, y al verla hacer una mueca de dolor, la soltó y dejo caer los brazos a los lados-. Mariana, no puedo cambiar de la noche a la mañana mi forma de ser por tí, así que gritar cuando necesite hacerlo y me pelearé contigo cuando haga falta, pero ya te lo dije una vez y voy arrepetirtelo; yo no le pego a las mujeres. El miedo habia surgido sin que ella pudiera evitarlo, sentía su amargo y repugnante sabor en la garganta, y tuvo que esperar a calmarse un poco antes de poder hablas. -No espero que cambies, pero yo tampoco puedo cambiar de repente por ti; además, aunque pudiera hacerlo, ni siquiera estoy segura de lo que quieres de mi. Se que debería sentirme agradecida... -¡No

