-Aguanta, voy a por un par de casas- vio el brillo de duda en sus ojos, y se inclino sobre ella-. Mariana, no voy a dejarte sola. Voy a cuidarte, confía en mí. Ella asintió, dejó caer la cabeza sobre la almohada y cerró los ojos . Cuando David volvió, tenía los ojos fijos en el techo y estaba jadeando. Él dejó unas toallas limpias a los pies de la cama, y lo cubrió con otra manta. -¿Tienes fío? Ella negó con la cabeza . -Habrá que mantener caliente al niño, es un poco prematuro. -He puesto más leña en el fuego, y tenemos un montón de mantas-le limpió la cara tiernamente con un trapo húmedo, añadió-: has hablado con médicos y has leído un montón de libros, así que sabes lo que va a pasar. Mariana lo miro, mientras intentaba tragar con dificultad. Sí, sabia

