CAPÍTULO TREINTA Thor estaba parado en el centro de los campos de entrenamiento de la Legión, observando a un recluta tras otro correr frente a él, al galope de sus caballos, sosteniendo sus lanzas mientras intentaban perforar el centro de un pequeño aro. Mientras Thor estaba allí parado con su nueva armadura de Los Plateados, con su nueva daga en su cinturón, recordaba una y otra vez sus inicios en Los Plateados. Ser alguien reconocido entre todos esos hombres. Era surrealista. Era el mayor honor que podría haber esperado alguna vez, con el que no se atrevería ni siquiera a soñar en toda su vida. Ahora, con esta armadura, se sentía un hombre diferente. Miró hacia abajo, se vio brillando en los soles de la tarde, y se sentía invencible. Thor oyó galopar a los caballos y miró a varios rec

