Todos miraron a O'Connor de arriba a abajo y al parecer decidieron, debido a su frágil estructura, su sonrisa infantil, su cabello rojo y pecas, que él no era un oponente digno. Todos corrieron hacia adelante, agarraron uno de los arcos alineados a lo largo del borde del campo y apuntaron a los grandes montones de heno a unos treinta y cinco metros de distancia. Sólo un puñado de ellos llegó a la diana, sólo unos pocos llegaron cerca del círculo interno y sólo uno de ellos dio en el blanco. Era un chico alto, delgado, el doble de alto de los demás, de cabello castaño, largo, despeinado, que llevaba en una cola de caballo. Se quedó allí, satisfecho consigo mismo, claramente fue el mejor tirador del grupo. Thor tomó nota. O'Connor, sonriendo de par en par, levantó el arco que sacó de su es

