Capítulo 12 Un calor de playa

1597 Palabras
Brent Hoy es fin de semana y el calor está intenso lo pude descubrir al hacer mis ejercicios en mi dormitorio amplio, luego de hacer la rutina estoy en mi cocina sentado en el mesón comiendo el desayuno hecho por la señora Noguera se boto pan tostado con mermelada de fresa, un huevo frito y salchichas asadas con un caramelo especial que le puso como decoración lo disfruto con gusto, tanto que es mi segundo plato mi cuerpo en forma pude atención para llenarlo de proteínas. En eso veo a la señora Noguera ingresar, para lavar los platos mi jugo de naranja fresco lo bebo y disfruto mi día, por lo menos espero que continúe siendo agradable, pero conociendo a mi jefe me va a tener con mucho trabajo, debo realizar inspección en el club, verificar con Gustavo la droga y dar un pequeño cargamento a uno de los clientes del jefe, cosa que no puedo dejar de hacerlo. Miro la hora en mi reloj de muñeca de cuero y plata cerciorándome que debo darme prisa para llegar, pero al elevar la mirada noto a la ama de llaves estar seria como molesta eso me inquieta que decido romper el silencio tomando más de mi jugo. — ¿ Que te pasa? — pregunto de forma directa, sin tanto protocolo. — Nada señor. — es lo único que dice, siguiendo con su trabajo. — Hummmn… pues me parece todo lo contrario Noguera. — picó un trozo de salchicha y ella verme por primera vez. — Cómo le mencioné no es nada señor, son cosas familiares. — es su única explicación, pero frunzo el ceño. Decido no hablar, no quiero perder mi apetito que continúo con lo mío hasta después de cinco minutos terminó, dejando el plato en la mesa, ella lo ve y retira de inmediato para comenzar a lavarlo en el fregadero me colocó de pie con cautela me aproximó al refrigerador veo en una gaveta de abajo mis naranja, saco una tomo mi navaja, que tengo en mi tobillo siempre la limpió cada vez que la uso. La comienzo a rebanar para quitarle la concha amarga que posee y la miro a ella, hasta que se gira asustándose por verme tan cerca; tuvo suerte los platos no se le cayeron, que los volvió a poner en su sitio al estar lista mi naranja las conchas las dejé en el suelo, pico cada trozo para comer y saciarme que al ver el suelo, se aproxima a salir para buscar recogerlo, pero la detengo hablando con profundidad. — ¡Me dirás todo! y sin guardarte nada Noguera. — demandó, pero ella me mira negando en su posición. — Lo lamento señor Anker; pero no puedo es muy… — ¡Me vale! — le gritó, dejando que se toque su pecho por mi reacción. La veo bajar la mirada y no solo eso drenar lágrimas de impotencia supongo, que me acerque a ella, para así estar a una distancia eleve su barbilla para que vea mis ojos negros; sin nada de miedo, traga grueso pero tomo otro trozo de naranja y la comí, sonriendo de lado con suficiencia. — Es mejor que lo sueltes todo Noguera o yo mismo lo averiguaré y no te gustará, como actúe después. — sentencie; y eso la hizo estar nerviosa en su lugar, para así alejarse un como de mi agarré. — Señor… no es fácil decir esto. — logro apenas decir, sin dejar de derramar lágrimas. — Dilo mi paciencia; no es mucha Noguera. — vuelvo a insistir, dejando que tragué grueso, para darse la vuelta estando de espaldas a mí. — Mi esposo y yo tenemos tres hijos ya adultos, pero el más pequeño de edad de veinte años nos estamos que salió de noche con sus amigos y no… — Continúa. — insistí. — No volvió señor, eso nos tiene mal a mi esposo y a mi; tanto que sus amigos regresaron y él no, solo dicen que lo buscaron, pero jamás lo encontraron. — termina de hablar, cosa que tocó mi mentón pensativo ya habiendo comido la fruta, la navaja en mi otra mano moviéndose por momentos. — Ya veo todo el asunto; te diré algo importante Noguera los que trabajan para mí, los cuido como protejo y tú no eres la excepción; así que te ayudaré a solucionar tu problema. — ofrezco mi apoyo, pero ella niega mi proceder. — No señor no hace falta… La interrumpo de nuevo, elevando mi mano y ella se encarga de guardar silencio. — Lo haré y caso cerrado con esta charla; así que despreocúpate dame el nombre y listo yo hago lo demás. — pido de forma sería, mientras asiente tocando sus manos. — Su nombre es Tomás señor. — Perfecto. En veinticuatro horas tendrás a tu hijo en casa o tendrás noticias; me tengo que ir nos vemos después. — culmine al ver el reloj en mi muñeca teniendo retrasó. La vi asentir, sin decir nada más eso fue para ir la oportunidad de salir limpie mi navaja en el lavado y salí de la cocina sin mirar atrás; después de hacer lo propio en mi departamento estoy en mi auto manejando para llegar al club, pero antes hice una llamadas de unos contactos que no me fallan en buscar a personas, me dijeron que en veinticuatro horas me tendrán noticias, no me equivoqué en el tiempo es todo lo que se necesita para buscar a personas desde el mismos país, en caso de otros países tarda más. /// Jana Ya es sábado y me siento feliz, mi Madre me levanto temprano para arreglar la casa antes de irnos no puedo creer como pasan la horas que es casi mediodía que mi Madre está cocinando el almuerzo que comeremos nos vamos hoy en la tarde para llegar a la playa donde una amiga de ella trabaja en otro restaurante con comida marina, es como nuestra guía para quedarnos en una de las posadas y venirnos al día siguiente por la tarde eso pensamos hacer el domingo. Me dispuse arreglar mi bolso en la habitación, traje de baño, paño, algo de ropa extra, sandalias para caminar en la arena; además de mis chanclas sin olvidar el protector sola y mis lentes de sol que los puse para después usarlos al salir. Por otro lado; mi Madre me llama desde afuera pude oír su voz y salgo con mi pantalón de jeans pegado y blusa color verde con diseño de Londres, además de mis zapatos Converse en n***o, mi cabello alborotado; pero con forma, logro salir para bajar las escaleras y estar ya en la cocina. En eso que llegó el olor me embriaga que inhaló con ese anhelo de probar como también suena mi estómago, mi Madre se gira en ese momento y sonríe de lado por mi graciosa acción. — Nunca cambias glotona, así que vete a sentar debo terminar de servir. — me comunica, mientras asiento conforme para ir al pequeño comedor de la casa. En los siguientes minutos, estamos comiendo con alegría su famoso asado de carne y toque de ciruela, junto a arroz blanco bien cocido detallo el jugo de fresa que bebo con real gustó, al igual que la comida siempre que como sus comidas tiene ese poder de dar el gusto para los paladares mas exigentes y el mío lo es… sonrió por mi propio pensamiento, pero la voz de mi Madre, me hace prestarle atención. — Hija es posible que la semana que viene, deba irme por tres días, mi jefe va a ir, a otra provincia para que ponga en orden la cocina de su otro restaurante que va a inaugurar. — me cuenta, no dudo en verla para estar algo preocupada. — Es necesario Madre. — hago una mueca, no muy convencida. — Es necesario Jana, además es un dinero extra que tendré y es bueno para nosotras; deseo hacer cosas en la casa. — asentí; por como dijo todo con ilusión no puedo decirle que no. — Está bien Madres, si tú estás de acuerdo también lo acepto. — fue mi respuesta sincera. — Te lo agradezco hija. Le sonríe, tomando su mano en forma de que siempre estaré a su lado apoyándola; después terminamos de comer y me tocó limpiar toda la cocina como los platos, no me agradaba pero era mi deber obedecer hice lo propio para finalizar pasando un trapo húmedo sobre la mesa del comedor terminando con mi labor, luego la vi salir con las cosas y meterlas en el auto, me fui a ayudarla cosa que terminó más rápido. — Bueno lista hija. — dice estirando su cuello. — Más que lista Madre, el mar nos espera. — comentó; feliz al ponerme mis lentes de sol. Me mira y nos adentramos al auto, la casa la dejamos segura por dentro y fuera que al entrar no dudo en encender el auto para salir del garaje e irnos con la ruta del GPS rumbo a la playa, comencé a colocar música en el reproductor una de baladas mi favoritas al igual que mi Madre es eso nos parecemos y mi vista la dejo caer en la ventana feliz por un día lleno de tranquilidad, pero no olvidando mi nuevo empleo en ese club de solo pensarlo se me pone la piel de gallina, niego en mi lugar para seguir oyendo las canciones este día no me lo arruinarán. Eso pensaba; pero el destino te hace entender que debes asumir tus responsabilidades.
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