Julieta.
La mirada de Magnus se volvió totalmente oscura, me tomó del brazo y me jaló hacia el.
— Está bien Julieta — susurró con calma arrinconandome a la pared— No me queda más que reclamarte frente a él, es lo que querías.
— No, no Magnus.
Comenzó a besarme, y sus labios fueron bajando mientras desabotonaba mi vestido.
— Cabrón, la estás forzando — exclamó Julian.
— Magnus, las cámaras — susurré nerviosa mientras sentia como su mano de deslizaba dentro de mi blusa — Magnus, suéltame.
No me soltó y siguió adelante. Por un instante hice lo que jamás creí capaz de hacer.
Corrí, lejos de Magnus y Julián.
Magnus iba tras de mi, con pasos firmes y decididos mientras la inestabilidad de mis tacones me jugaban en contra.
Fue fácil para mí encontrar una salida, al llegar a la avenida tomé un taxi y hui viendo por el espejo retrovisor a Magnus totalmente furioso.
— ¿A donde la llevo señorita?— pregunto el taxista.
La casa de mi madrastra no era una opción, tampoco nuestro departamento, ni el de Seira. Así que lo primero que pensé fue en ir al departamento de mi padre y la señora Demeter.
Toque la puerta y la señora Demeter abrió de inmediato.
Al entrar vi a mi padre y corrí a abrazarlo de inmediato. No le podía decir que Magnus tenía la mirada de querer asesinarme y mucho menos que accidentalmente había besado a Julián.
No pasaron mas de diez minutos cuando tocaron la puerta, debía ser Magnus. Mi madrastra estaba a punto de abrir pero la detuve.
— Julieta, se que estás ahí y quiero que salgas ahora mismo.
— Magnus, porfavor me vas a lastimar si salgo.
— ¿Cuando te he lastimado, Julieta?
— Nunca — respondí.
— Salte ahora mismo Julieta o juro por lo que más quiero que eres tú— trago saliva — Qué voy a hacer que te arrepientas y vengas llorando de rodillas ante mi.
Apoye mi frente en la puerta y mi padre me tomó de la mano.
— Sal.
— Papá, no lo conoces— sonreí de lado — ahora mismo es un demonio, y siempre se hace lo que él quiere.
— Julieta, si el te llega a poner una mano encima — dijo dándome un abrazo — recibe el golpe, te portaste mal al besar a Julian... Magnus nos contó todo antes de que llegarás.
Se rompió mi corazón de nuevo, y abrí la puerta. Magnus no tardo en tomarme del brazo y jalarme hacia afuera.
— Señora Demeter, ayúdeme — susurré.
Ella solo me observó y bajo la mirada. Desirée que estaba llegando de la mano de su niñera me miró asustada.
Forcejeamos todo el tiempo hasta que subimos a mi auto, ahí dentro colocó seguro a todas las puertas y me coloco el cinturón
— Magnus, tengo miedo— balbucee.
— No voy a matarte, ni siquiera voy a tocarte.
Eso me daba más miedo, por qué sabía que e5l me torturaria psicológicamente.
— ¿Me das un beso?— le pregunté tomando su mano.
— Te voy a dar muchos — respondio apretando su mano en mi muslo, de manera dolorosa.
— Fue un accidente, te lo juro — respondí nerviosa — no hay nada entre Julián y yo.
El empezó a conducir, rápido. llegó el momento en que la velocidad era demaciada que veía borroso.
— ¿También va a ser un accidente cuando me los encuentre en la cama?— respondió con la voz fuerte y fría— Por qué te juro que si te encuentro así, te mató.
— ¡Magnus, deten el auto!— grite después de que casi nos estrellaramos contra otro auto.
.
— No me voy a detener — respondió con frivolidad.
No se detuvo.
hasta que llegamos a un sitio que me resultaba familiar.
Ese puente, dónde nos conocimos en el pasado.
— ¿A dónde me llevas?— le pregunté.
— A nuestra casa.
— El departamento está en el otro lado de la ciudad.
— No, nuestra casa es está.
El auto se detuvo.
Mire hacia afuera y la vi.
Esa casa ya la había visto antes, jamás pensé que fuera suya. No sé veía como un hogar cálido, se veía una casa fría con las paredes despintadas y maleza cubriendo el jardín principal.
Entramos a la casa, y el de inmediato cerró la puerta.
— Es momento de que me conozcas, Princesa .
— Ya te conozco— respondí.
El sonrió de lado.
— Solo sabes lo que te he permitido saber de mi.
— Dices que eres malo, pero yo solo veo a un niño que fue herido — susurré acercándome a él lentamente — Cuándo no eres un demonio, eres el hombre más bueno del mundo.
Volvió a sonreír de lado y me hizo caminar a al lado suyo sin soltarme la mano.
Abrió una puerta que tenía una decena de candados, y después entramos con cuidado.
Magnus saco un paño de su bolso y limpio un sofá de cuero, después me hizo sentarme.
— Es momento de que conozcas a tus suegros — dijo con voz lenta.
Sonreí de lado, el me había dicho que habían muerto. Era imposible.
El retiro la sabana de la cama que había ahí, y de inmediato supe a lo que se refería.
Había dos cuerpos, no parecían haber muerto recientemente. Sus ropas no estaban desgastadas, como si constantemente los cambiará de ropa.
— Seira sabe que...
— Nadie lo sabe, bueno ahora lo sabes tú.
— Magnus, esto no está bien — balbucee al ver más de cerca los esqueletos— pensé que...
Pensé que al menos los había enterrado, pero ahí estaban sobre la cama, inertes y totalmente en los huesos
— Déjame hacerte mi esposa frente a ellos — dijo levantando mi falda.
— Esto es aberrante — musite apartandolo con ambas manos— No voy a tener sexo con ellos ahí.
— Solo imagina que ellos no están — dijo deslizando mis bragas para guardarlas en su bolsillo.
Si quería huir, debía distraerlo. Pero era difícil cuando el demonio estaba actuando así, cuando quería sexo.
La habitación tenía el aroma impregnado de los cadáveres, el polvo y la humedad hacían casi irrespirable el oxigeno. Mire el suelo y el rastro de sangre o algún líquido derramado en la habitación.
— Lo podemos hacer sobre la cama — dijo Magnus con una expresión seria — hace poco cambie las sábanas, y los huesos de mis padres no están sucios, también me encargo de limpiarlos cada cierto tiempo.
— Estás enfermo— susurré.
— Tienes que aprender lo que pasa cuando rompes los límites de mi paciencia al besar a otro tipo.
— Puedes castigarme de cualquier otra forma — señale los esqueletos — pero no me humilles de esta manera al querer sexo sobre ellos..
— Los hare a un lado — contestó.
Lo observé cambiar los esqueletos al sofá, desabrocharse el pantalón y bajarlo al suelo. Se acostó en la cama con una calma absoluta , después me extendió la mano.
— Ven.
— No— respondí.
— Te prometo que no te lastimare.
— No quiero — respondí.
— Entonces lárgate de mi vista.
Tomé las llaves que estaban sobre una encimera y voltee a verlo. Asustada y a la vez dolida.
— Magnus, te amo más que a mi vida pero si dejo que me hagas esto— mire mi anillo de compromiso — terminaré odiandote.
Salí de esa casa vieja y me fui en mi auto. No podía dejar de llorar.
Ahora entendía por qué Magnus siempre decía que era un demonio, por qué tenia miedo de si mismo por qué decía que yo era la calma en su mundo de tormento.
Conduje por una carretera hasta que la gasolina de mi auto se acabó, apague mi teléfono e incluso desactive la ubicación de el collar que llevaba en el pecho. Necesitaba procesar el hecho de que no me enamore de un hombre normal, era la reencarnación del mismo satanás.