Capitulo 14: El beso con Julián

1376 Palabras
Julieta. Magnus estaba fuera del baño al igual que mi padre, la señora Demeter estaba frente a mi, se quitó el saco y me lo dió. — Tu madre es el diablo — dijo la señora Demeter observando las marcas en mis piernas— Nadie le hace eso a su propia sangre. Sonreí. — Por esa razón nunca le he rebelado que mi padre está vivo — respondí — Es capaz de todo por tenerlo a su lado. Salí del baño, mareada y confundida. Nos fuimos directo al apartamento de mi padre y la señora Demeter. Magnus se negó en un principio pero quería que estuviera rodeada de personas. Julián no tardó en llegar, ni siquiera volteo a verme. Tenía las manos llenas de sangre y una expresión tan fría que parecía jamás haber sonreído en su vida. — Planeaban llevársela a una clínica de fertilización — soltó Magnus mientras me miraba fijamente— y después te sacarían del pais ilegalmente— volteó a verme. — ¿Cómo lo sabes?— pregunté. — Yo escuché todas sus llamadas— contestó fríamente— cuando la señora Demeter y tú estaban en el baño, escuché lo que se les había arruinado. La clínica, el rapto, mi vida para ellos es tan poca cosa, siempre lo fue. — Los voy a acabar a todos — sonreí de lado. Tomé mi teléfono y llamé a mi abogado, el respondio de inmediato y lo hice organizar una reunión de accionistas de emergencia. — Primero me deshare de la rata — dije en voz alta frente a todos. Use un vestido que la señora Demeter me prestó, unos tacones altísimos y un labial intenso en los labios. Intentaron detenerme pero Julián fue el único en apoyarme, aún que se metió en más problemas por mi culpa. — Volveremos pronto — dijo Julián — Magnus quédate aquí, allá arruinaras todo. — Llegas a intentar seducir a mi mujer y no habrá compasión para tí — contestó Magnus. Después de media hora estabamos en la empresa de mi padre, Julián se hizo pasar por mi guardaespaldas; y lo era en ese instante. Al llegar al salón, había diferentes personas, jóvenes y mayores. Ninguno tenia expresión alguna, más bien parecían intranquilos. — La fusion con los Blancarte llega a su fin en este instante — dije sentándome en la silla presidencial.. Apoyé un dedo sobre la mesa y deslicé una carpeta hacia el centro. —Y no es solo la fusión lo que termina hoy —continué, con voz serena—. También les anuncio oficialmente nuestra separación. Levanté la mirada lentamente hasta encontrarlo. Joshua. Estaba sentando fingiendo que su pierna estaba bien. Actuando sorprendido. —Te acuso formalmente de desvío de fondos corporativos —dije—. Fondos que no fueron destinados a donaciones, ni a proyectos sociales, ni a expansión empresarial. Abrí la carpeta. —Fueron usados para servicios sexuales, escorts de lujo, departamentos privados. Joshua se levantó de inmediato y tomó la carpeta para romperla en dos. — ¡Saquen a esa escoria de mi vista! — grite con voz fuerte — ¡No tienes derecho de pisar mi empresa maldita rata! Joshua caminó hacia mi y estuvo a punto de levantarme la mano, pero Julián en un movimiento rápido lo inmovilizo hacia la pared. — No toques a mi hermana con tus manos sucias, maldito animal— dijo lo suficientemente fuerte para que yo lo escuchará— Que su prometido no se las pensara para cortartelas de una buena vez. Joshua fue escoltado hacia la puerta, y me sonrió de lado mientras se marchaba. — Zorra, todo el mundo se debe enterar que te metes con dos hombres — rió en burla. — Blasfema mi nombre y dire un pequeño secretito que te guardas en el pantalón — respondí. — Maldita puta— escupió de inmediato. Cuando el se fue, todos se quedaron en silencio. Mi madrastra no tardo en llegar y al verme en la silla presidencial se quedó inmóvil. — Bienvenida, Madre— espete con una sonrisa en los labios — llegaste tarde. — ¿Quién te dió el derecho de sentarte ahí?— me preguntó molesta. — Mi padre— respondí — El 51% de las acciones son mías. Aún no lo eran. — Para que sean tuyas debes casarte— respondió. Alce la mano frente a todos y les mostré el anillo de compromiso. Me acerque a ella, y le susurré al oído. — Intenta detenerme — susurré — y verás lo que tú querida hija es capaz de hacer...Nunca voy a perdonar lo que querían hacerme, nunca. — Muchacha insolente — respondió mi madrastra con odio. —Aun tienes tiempo de arrodillarte y suplicar por tu vida... después ya no lo aceptaré aún que corra sangre. La reunión con los accionistas terminó, no sin antes lanzar la última advertencia. Me quedé de pie al final de la mesa. No levanté la voz. No hizo falta. —Antes de que se levanten —dije con una calma antinatural— quiero que algo quede perfectamente claro. Caminé despacio alrededor de la mesa, mis tacones marcando el ritmo, uno por uno. Sentía sus miradas clavadas en mi espalda. —Yo no vine a pedir permiso. Vine a advertirles. Me detuve. —Si mi madre es malvada… Yo puedo ser mil veces peor o mejor. Levanté la mirada. — Quienes me traten como ser humano y me respeten... no deberan preocuparse por nada pero.. Apoyé ambas manos sobre la mesa. —A partir de hoy, cualquiera que me traicione perderá algo —continué—. Dinero. Poder. Nombre. Familia. Sonreí apenas. La reunión con los accionistas terminó, nadie se atrevió a contradecirme, por el contrario apoyaron mis decisiones sobre todo con respecto a Joshua. El era el mayor fastidio de todos, pues sabían que el intentaba seducir a sus hijas. Apenas quedó la sala vacía, las piernas me temblaron y estaba a punto de caerme. Julián me sostuvo, y me abrazó. — Suéltame, Magnus se va a enojar — dije separándome de inmediato de él. El me acercó de nuevo a él, y me sostuvo las manos. — Quiero contarte algo muy importante. — Julián, no es el momento — respondí — Si Magnus nos ve así, lo va a malinterpretar. Tu lo conoces, nos irá mal a ambos cuando no hemos hecho nada. —Julieta, es algo importante, no— No terminé de escuchar el resto. Julián apretó mis manos con más fuerza, como si el mundo fuera a caérsele encima si no hablaba en ese instante. . —Julián… —susurré— suéltame, por favor. Él negó con la cabeza. —Si no te lo digo ahora, no voy a volver a tener el valor. Se acercó un poco más. Demasiado. —Eres mi —dijo en voz baja— Levanté el rostro para responderle, para poner distancia, para decir esto no está bien. En ese segundo exacto, una chica de limpieza chocó con Julián por detrás. Un empujón torpe. Un desequilibrio mínimo. Y nuestros labios se rozaron. No fue un beso buscado. No fue profundo. No fue real. Pero lo fue lo suficiente. Me separé de inmediato, horrorizada. —¡Julián, no!— dije con la voz quebrada— Esto no— — ¡Carajo! — Estamos muertos— balbucee. — Sabes que fue un accidente — dijo Julián alejándose de inmediato. —Magnus no lo tomará igual —respondí, con el corazón golpeándome las costillas. No hubo tiempo para nada más. La puerta se abrió. Despacio. El sonido fue suficiente para saber quien entraba por esa puerta. Julián se tensó primero. Yo sentí el frío recorrerme la espalda antes siquiera de girarme. Y es que desde la última vez que se puso como demonio, me di cuenta que no puedo contra el. Magnus estaba ahí. De pie en el umbral. La mirada fija en mis labios. El cuerpo quieto. No habló. Sus ojos bajaron un segundo… a mis labios. Luego subieron a los de Julián. El aire se volvió irrespirable. —Magnus… —empecé— fue un accidente. Te lo juro. No avanzó. Eso fue peor. Sentí terror, más que cuando Joshua me intimidaba e incluso más del que tenía cuando veía a mi madrastra molesta.
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