Prólogo
⟨ NOTA PERSONAL ⟩
Creo que una de las grandes cosas que le da sentido a la vida, es el amor, y a mí parecer, existen tres tipos:
El primero, es el amor de familia, ese amor puro y sincero que le damos incondicionalmente a nuestros seres queridos. Es esa clase de amor que apesar de los momentos amargos y de las diferencias que podamos tener, siempre nos hará volver a casa; porque estamos unidos mediante el lazo consanguíneo familiar.
También existe el amor fraternal o de amistad, aquel que le mostramos a nuestros compañeros y amigos; aquellos con quienes tenemos la confianza de ser nosotros mismos, sin máscaras ni temores. Pues aquí, el amor va de la mano con la lealtad que nos hace inseparables, formando un vínculo inquebrantable que vamos fortaleciendo a través de los años.
Y por último... Esta el amor verdadero, genuino, soñado.
Ese amor que no todos conocen, porque solo lo encontramos una vez en la vida. Ese amor que no se busca, que no se planea, pues llega cuando menos te lo esperas. No eliges el día ni la hora y mucho menos a la persona; simplemente llega cuando tiene que llegar.
Es un huracán que te arrastra, un fuego que te consume, un suspiro que te eleva hasta lo más alto y te hunde a lo más profundo. Es dolor y placer, razón disfrazada de locura, es vida y también muerte. Es esa clase de amor que nos vuelve capaces de todo; pero a su vez, nos hace vulnerables. Porque cala tan profundo como una bala perdida, y nubla todo juicio de nuestros pensamientos, pues seríamos capaces de hacer cualquier cosa con tal de no perderlo.
Hay amores que duran para toda la vida, y otros que se lleva el viento con cada tribulación, pero que apesar de que la vida los aleje, hay algo que nunca cambia: “La intensidad de ese primer día” pues es como una huella que deja en el alma. Y es allí donde nos damos cuenta, que fue amor de verdad.
“Dedicado a A.R.M quien me inspiró”